Las primeras alarmas económicas aplacan los ánimos de los promotores de la DUI

El presidente de la Generalitat de Catalunya Carles Puigdemont en un momento de su discurso
El presidente de la Generalitat de Catalunya Carles Puigdemont en un momento de su discurso de respuesta a la alocución que Felipe VI efectuó la víspera. / @KLRS (Twitter)

Cuando todo el mundo da por hecho la inminente aprobación de la declaración unilateral de independencia (DUI) por parte del Parlament de Catalunya, a más tardar el próximo lunes, el Govern y sus asociados de la Assemblea Nacional Catalana y de Òmnium Cultural arrastran los pies y se muestran reacios a dar este paso de efectos tan potencialmente catastróficos como se ha visto estos días: caída ayer de un 2,85% de la bolsa, que pierde el índice de los 10.000, y subida de la prima de riesgo, que se sitúa en 130,9 puntos. Sólo la CUP apuesta decididamente por seguir adelante. 

A estos datos económicos  hay que sumar el descalabro de los principales bancos catalanes, Banco Sabadell (-5,69%) y Caixabank (-4,95%), que no descarta trasladar su sede social a Baleares. Esto contrasta con la fuerte subida de la firma de biotecnología Oryzon, cuya cotización ha subido un 12,85% en el parque por el simple hecho del anuncio del traslado de su sede social de Barcelona a Madrid. Tampoco ha debido de pasar desapercibida para los responsables catalanes la noticia de que Citroën exportará a través del puerto de Valencia sus coches producidos en la planta zaragozana de Figueruelas, en lugar de hacerlo por el más próximo puerto de Barcelona.

Esto es posible gracias a la optimización del trazado ferroviario entre Zaragoza y Valencia. De esta forma se refuerza la constitución de Zaragoza en un gran centro (hub) industrial, especialmente para la industria del automóvil. Un deterioro de la situación en Cataluña podría animar a Seat y a Nissan a trasladar allí sus plantas.

Esto constituiría un drama para Cataluña, que no solo perdería los más de 11.4000 puestos de trabajo de la planta de Martorell y las instalaciones de la Zona Franca, sino los más de 100.000 indirectos de la industria auxiliar y de servicios. El puerto de Barcelona vería sus instalaciones infrautilizadas y su plantilla subempleada. El resultado de este efecto dominó sobre el PIB catalán sería devastador.

A la vista de estos hechos y de los insistentes rumores de que grandes firmas afincadas en Cataluña ya están buscando nuevos lugares de asentamiento en otras zonas de España e incluso en Portugal, no es raro que Carles Puigdemont, que ha comparecido ante las cámaras, 24 horas después de la alocución de Felipe VI, haya aprovechado su respuesta al monarca para asegurar que “decepcionó a mucha gente en Cataluña”, al alinearse tan abiertamente con las tesis del Gobierno, cuando la Constitución “le otorga un papel moderador que en ningún caso ha tenido y que ayer declinó”, en una situación como la presente que “es un momento de mediación”.

La respuesta d Puigdemont ha recibido, a su vez, la réplica de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que recriminó al mandatario catalán que mantenga una “deriva” que “le aleja cada vez más de la rectificación que le está pidiendo todo el mundo”. Y esta rectificación no es otra que la renuncia a la declaración unilateral de independencia, según indicó ayer mismo el presidente del Gobierno Mariano Rajoy a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, a quien recibió ayer en La Moncloa

Según ha podido saber cuartopoder.es, esta sorprendente morosidad de los impulsores de la DUI a la hora de dar el último paso podría tener diferentes causas.

  1. Falta de reconocimiento internacional. Ningún país de la Unión Europea va a salirse del guión de la no intervención, máxime cuando varios de entre ellos (por ejemplo Francia, Italia y Bélgica) albergan movimientos nacionalistas centrífugos. Otro tanto puede decirse del Reino Unido. Tampoco China se prestará al juego y menos Estados Unidos. El único respaldo seguro es el de la Venezuela de Nicolas Maduro.
  2. Falta de fondos. Los responsables de la Generalitat que tienen 30.000 millones de euros “apalabrados” para iniciar su andadura en solitario. No parece una aseveración muy creíble, los estados ‘patrocinados’ no son algo común y, además, Cataluña tiene vedado el acceso a los mercados internacionales de crédito. Y sin dinero un estado no puede funcionar.
  3. Salida de la Unión Europea. Bruselas ya ha advertido por activa y por pasiva que la conversión de Cataluña en un territorio independiente comportará automáticamente la pérdida de su condición de socio comunitario. Ello, a su vez, significa la pérdida de las sustanciosas ayudas europeas y pasar a situarse entre la miriada de pequeños países europeos. También deberá soportar las barreras arancelarias que harán menos competitivos sus productos.
  4. Previsible declive de la actividad económica. Como ya se ha señalado, ya se han producido las primeras deserciones empresariales y otras mucho mayores podrían seguir, alguna de ellas de firmas muy señeras dentro del panorama industrial catalán. Por el momento existe mucha reticencia a dar el paso, pero si alguna de las grandes decide dar el paso se podría producir lo que en economía se llama ‘efecto manada’: cuando uno corre, todos le siguen.
  5. Desempleo y tensiones sociales. Consecuencia de los anterior, es más que previsible un descenso del empleo y un aumento del número de parados. Menos recursos económicos y un entorno urbano con la más elevada densidad de población de España, promete un cóctel altamente explosivo. Una situación que podría forzar a los Mossos a presentar una cara menos complaciente y amable que la exhibida durante esta crisis.
  6. Fractura social. Si algo caracteriza al 1-O es la fractura social que se ha producido en la sociedad catalana. Pasado el efecto del bálsamo de la “violencia policial española”, cada bando volverá a su trinchera.
  7. La dureza de la Ley. Se rumorea que todos los tenores de la promoción del independentismo están poniendo su patrimonio a buen recaudo en el extranjero o a nombre de terceras personas, para evitar que les suceda lo que a Artur Mas y que tengan que dedicarse a lolaflorear por toda Cataluña. No menos temible es el panorama de condenas e inhabilitaciones que se atisban en el horizonte. De hecho, se da por seguro que una generación de políticos nacionalistas van a ser víctimas de la inhabilitación y en algunas formaciones ya se ha empezado a mover banquillo.

El resultado es que la DUi sólo servirá para que Puigdemont y, sobre todo, Oriol Junqueras figuren en los libros de historia nacionalistas como los émulos poco afortunados de Companys, ya que parece bastante improbable que la República Catalana vaya a tener más que unos pocos días de vida… no así el corolario de problemas que previsiblemente quedarán en su estela.

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