Resacón en Cataluña

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Pancarta colgada en la fachada del Ayuntamiento de Barcelona, frente al Palau de la Generalitat de Catalunya. / EFE

BARCELONA.- Insolente ondea, como si nada, la bandera española en lo alto del Palau de la Generalitat. Desde abajo, en contrapicado, desde el Ajuntament de Barcelona, en el lado opuesto de la Plaça de Sant Jaume, una pancarta que exige 'Llibertat presos polítics' le reta a diario. La realidad de una resaca después de semanas intensos: una autonomía intervenida, unas instituciones catalanas dolidas por el encarcelamiento de algunos responsables políticos, un proceso independentista obligado a echar el freno después de haber llegado muy lejos, unas elecciones convocadas por Mariano Rajoy para el 21-D, unos partidos que vuelven a encerrarse en sus laboratorios políticos para afrontar unos comicios, función primordial de los partidos.

Las cifras y sus interpretaciones aseguran que el turismo ha bajado como respuesta al proceso independentista y a las imágenes de la brutalidad policial del 1-O, pero el centro de la capital catalana continúa repleto de turistas que contemplan los googlemaps de sus teléfonos móviles, no perderse por el Gòtic es una tarea casi imposible. Turistas que llegan cansados a la noche y se cobijan en el Bar Marsella del Raval a beber absenta. Los escaparates navideños generan ríos de gente que hacen imposible el paseo reflexivo, contemplativo. Las luces de navidad ya iluminan Las Ramblas, donde hace algo más de tres meses reinaba el terror, el pánico, la muerte. Esta ciudad ha sufrido una catarsis desde mediados de agosto hasta hoy, es otra ciudad, sentimientos enfrentados merodeando por las esquinas. Este año, las luces homenajearán a las víctimas de los atentados de agosto con simbólicas palomas de la paz. Pretendida vuelta a la normalidad, resaca después de una agitada temporada catalana. Black Friday.

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Como un caballo desbocado, la pasión, el deseo. Federico García Lorca lo simbolizaba así en El Público, Bodas de Sangre, La casa de Bernarda Alba... Un caballo desbocado, Catalunya estas últimas semanas, sin jinete capaz de asiar las riendas con fuerza, sin capacidad de marcar una dirección definida, un consenso. El deseo, la ilusión, la pulsión que han llenado las calles en grandes manifestaciones, esteladas, españolas: "Els carrers seran sempre nostres"; "Puigdemont a prisión". El 1-O, cuando un pueblo organizado burló a los miles de agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil hacinados en hoteles y barcos en los principales puertos de Catalunya, Piolín. Y después, los golpes y una herida que tardará en cicatrizar en la sociedad catalana: muchos hablan todos los días de aquella "humillación", otros siguen coreando el "a por ellos", se alegran: división social.

Y, más allá, España, que se cuestiona. El poder de la FAES de José María Aznar que ha encontrado el momento propicio para adelantar al PP por la derecha a través de Ciudadanos. La aplicación del artículo 155 de la Constitución en Catalunya ya se deja notar en la política del Gobierno y en las exigencias de la derecha mediática, social y política en el resto del Estado. Los ayuntamientos, con especial atención al Madrid de Manuela Carmena, padecen unas políticas recentralizadoras en las que la ley les obliga a rendir cuentas ante el Ministerio de Hacienda aún cuando las cuentas parecen estar más saneadas que nunca. La puesta en duda del cupo vasco por parte de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados no es más que otra consecuencia de la crisis de Estado territorial que ha tenido lugar con la pulsión independentista catalana. La manifestación de extremeños en Madrid pidiendo un tren digno, las revueltas murcianas por el soterramiento de las vías del AVE, el próximo 4-D habrá una multitudinaria manifestación en Sevilla reclamando derechos históricos... Los territorios hablan, Madrid calla.

Muchos otros elementos han tenido lugar estos meses que han hecho temblar los cimientos del Estado con el epicentro en Catalunya. Un discurso del Rey que para muchos dejó de ser rey desde aquella noche, para otros muchos desde entonces es más rey que nunca. El monarca subrayó su "compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España", y no abrió ninguna puerta al diálogo con aquellos españoles que piensan España de otra manera o que incluso quieren dejar de formar parte de ella.

También tuvo lugar en el Parlament una aprobación de las leyes del Referéndum y Transitoriedad Jurídica, las cuales prometían llevar a Catalunya a ser una república independiente, que se saltó el propio reglamento interno del Parlament, las advertencias del Consell de Garanties Estatutàries. Plenos tensos, también, el 11-O y el 27-O donde se flirteó con la proclamación de la independencia. Y la fiesta, las calles de Barcelona y de los municipios catalanes se llenaron de fiesta, celebraron la proclamación de una república que todavía está por llegar. "La república no se proclama, también se construye", aseguran los que más celebran la república. "Fora la bandera espanyola", coreaba una abarrotada Plaça de Sant Jaume.

Hoy, 25 de noviembre, ahí sigue la bandera española, frente a la pancarta de 'Llibertat presos polítics', medio Govern en el exilio belga, el otro medio en prisión. Desde el 2 de noviembre, los consellers del cesado Govern, Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Raül Romeva, Jordi Turull, Josep Rull, Carles Mundó, Dolors Bassa y Meritxell Borràs están en la cárcel preventivamente. Por su parte, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, líderes de la ANC y Òmnium Cultural, permanecen en prisión preventiva desde el 16 de octubre. Y las políticas públicas impulsadas desde la Generalitat se deciden en despachos en Madrid, por un Gobierno de un partido, el PP, que no obtiene ni el 9% de los apoyos en Catalunya.

Resaca.

Y después del jaleo, la resaca.La ciudad de Barcelona y el resto de localidades catalanas habitan en una aparente falsa normalidad, como una mueca que pretende ser sonrisa. Calma tensa, cualquier chispa podría volver a encender las calles, a cortar carreteras, algo poco probable antes de las elecciones del 21-D. Los partidos, ante unos comicios cercanos, prefieren mantener controlada la expresión social, una vez que en los últimos meses, principalmente el 1-O y la huelga general y paro de país del 3-O, se pudo llegar a vislumbrar algún conato de desborde social ante la compleja situación política. Los Comités de Defensa del Referéndum o de la República siguen celebrando asambleas por barrios y municipios. La movilización social, desde abajo, tendrá que esperar a que pase el 21-D para poder obtener, de nuevo, algo de protagonismo.

Rueda de prensa de Carles Puigdemont
Carles Puigdemont, ayer en Brujas (Bélgica), durante la rueda de prensa en la que presentó junto a 90 miembros de la lista JxCat su candidatura al 21-D. / Horst Wagner (EFE)

Algunas gentes se apresuran en comprar los primeros regalos navideños. Las banderas esteladas de las ventanas envejecen y menguan en número, a algunas se las ha llevado el viento. Igual pasa con las españolas, numerosas principalmente en los barrios de las afueras de las ciudades. Aunque la movilización social independentista ha bajado el ritmo, habrá que prestar atención, en los próximos días, a dos movilizaciones importantes convocadas por el independentismo. En primer lugar, al macroconcierto organizado por la ANC para recaudar fondos para la caja de resistencia que ayuda a pagar las fianzas de sus presos políticos. Este tendrá lugar el día 2 de diciembre, y pretenden llenar las 60.000 localidades del Estadi Olímpic Lluis Companys de Montjuïc. La siguiente es el día 7, en Bruselas. Miles de ciudadanos se desplazarán al corazón de Europa para manifesarse bajo el lema '¡Despierta Europa!' Ayuda a Catalunya'. Por parte del españolismo, Societat Civil Catalana prepara alguna movilización contundente para principios de diciembre.

Y se han encerrado en sus casas los partidos políticos. Estamos en precampaña y los laboratorios de las diferentes candidaturas analizan objetivos, realidades, estrategias y el tacticismo que deberán desarrollar en las próximas semanas. Siete candidaturas tendrán, salvo sorpresa de última hora, obtendrán presencia en el Parlament para la próxima legislatura. JxCat liderada por Puigdemont desde Bruselas, desde donde hará la campaña, aunque su presencia, en forma de holograma, en actos en Catalunya, al más puro estilo Mélenchon en Francia, podrá suponer un hito original de cara a la carrera hacia el 21-D. Ayer se presentaba esta candidatura en Bélgica. "El 21-D responderemos a la represión con más democracia", aseguraba Puigdemont. "Estas elecciones marcarán el próximo siglo de nuestra historia, debemos ser conscientes de ello", proseguía el president depuesto, dando por hecho que el voto a su candidatura es el voto que más daño le hará al PP.

ERC, por su parte, presenta una lista encabezada por Junqueras desde la prisión y a la que le dan como favorita los sondeos ve cómo, desde que Puigdemont dio el paso al frente para liderar la candidatura JxCat, pierde apoyos virtuales en las encuestas. La número dos de ERC, Marta Rovira, se perfila como una potencial presidenta de la Generalitat salvo cambio inesperado, sus polémicas palabras sobre que el Gobierno español estaba dispuesto a que hubieran muertos en las calles si seguía adelante el proyecto independentista tendrán presencia en campaña. Y la CUP, con el exdiputado Carles Riera como cabeza de lista, presionará para que las fuerzas independentistas se comprometan a defender y seguir peleando por la autoproclamada República Catalana.

Distintos nombres recibe el tridente que apoyó la aplicación del artículo 155 y la congelación del autogobierno catalán e intervención de las instituciones de este territorio. "Frente monárquico", "Bloque constitucionalista", "españolistas", "unionistas". Cada calificativo conlleva unas connotaciones diferentes. Pero está claro quiénes lo conforman: Ciudadanos, PSC y PP. Inés Arrimadas lidera la opción de Ciudadanos. Será curioso el enfrentamiento con el PSC de Miquel Iceta en la campaña en la pugna por ser el partido más votado del bloque "constitucionalita". El tercero en discordia de este bloque es el PP de Xavier García Albiol. Un candidato ultra que no dudará en atacar consensos catalanes de los últimos 40 años, igual que Ciudadanos, para intentar polarizar y rascar votos de los sectores más contrarios al proceso independentista: la escuela, la lengua y los medios de comunicación públicos catalanes.

Por parte de los comunes, en coalición con Podem Catalunya, Xavier Domènech espera emular una remontada como la de Podemos en las elecciones de diciembre de 2015. Tres lemas plantean con fuerza como pilares de esta campaña: no a la declaración unilateral de independencia, no al artículo 155 y la necesidad de protagonismo de los derechos y luchas sociales en lo programático y en los debates de campaña. JxCat y ERC firmaban hace unos días nueve puntos comunes que introducir en sus programas. En ellos renuncian a la unilateralidad lo que, de alguna manera, da la razón a los comunes en la enmienda que han hecho durante los últimos meses a la hoja de ruta unilateral independentista que, 'de facto', parece haber fracasado. Hay esperanza e ilusión en las filas comunes para lograr una remontada, pues los sondeos hasta ahora no son muy halagüeños.

Y es que de las encuestas publicadas hasta ahora pocas sirven. Hay que tener en cuenta que la presentación de la candidatura amplia JxCat, en vez de que se presente el PDeCat en solitario, ha hecho tambalear los sondeos. Todo cambia, hasta el punto que los publicados con anterioridad a esta noticia podrían tirarse a la basura. Mientras que ERC parecía que sería la primera fuerza política con comodidad, Puigdemont les está restando votos en los últimos días. Será clave para conocer las previsiones demoscópicas el CIS preelectoral sobre Catalunya que saldrá a principios de diciembre, parece ser que el lunes 4 de diciembre. Llegan las elecciones, se aproxima el 21-D, se prepara una atípica campaña electoral. Cuesta pasar las páginas tan intensas de los últimos meses. Barcelona, y Catalunya, está de resaca, de resacón. Porque vaya meses. Resacón en Catalunya, aunque se acerca la nueva fiesta: la campaña del 21-D.