El Gobierno teme un golpe de efecto de Puigdemont al final de la campaña

Arranca la campaña catalana más atípica que se recuerda: unos comicios convocados por el presidente del gobierno de España y no el de Cataluña, la aplicación del artículo 155, candidatos en la cárcel –que son políticos presos, que no presos políticos–, un ex presidente que ha eludido la Justicia española y que se refugia en Bruselas, y se vale de artimañas legales para retrasar su retorno y puesta a disposición judicial… con un número de tragasables y otro de escupefuegos tenemos un espectáculo circense completito.

Sin embargo, pese a la gran variedad de peculiaridades y extravagancias, esta campaña puede traer muchas más sorpresas. Una de las que más preocupa al gobierno de Mariano Rajoy, de hecho, tiene nombre y apellido: Carles Puigdemont. El Ejecutivo teme que, horas antes de los comicios y con esa teatralidad que viene caracterizando cada una de las actuaciones del ex presidente de la Generalitat, Puigdemont desembarque en Cataluña, sea detenido, como corresponde, y puesto a disposición judicial, y que su imagen pueda desestabilizar aún más una campaña tan compleja como trascendental, para unos y otros.

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Fuentes del Ejecutivo se inclinan por pensar que Puigdemont volverá a España en el momento que más alboroto mediático pueda provocar. Dentro del gobierno hay quienes creen que ese “momento Puigdemont” se producirá, probablemente, la jornada de reflexión, el 20 de diciembre, o el propio 21-D, mientras que otros apuestan por una llegada triunfal a España a recoger su acta de diputado, con los resultados ya sobre la mesa. En todo caso, el efecto buscado es el mismo: distorsión. Si lo consigue o no es algo que se verá, como también está por ver si los diputados electos que estén en prisión podrán tomar posesión de su acta, si lo podría hacer Puigdemont desde Bruselas y tantas otras cuestiones que, cuando menos, tienen diferentes interpretaciones jurídicas. Y qué decir de las cuestiones políticas y, en especial, de las alianzas poselectorales. La campaña más difícil y más atípica no va de bloques independentistas-no independentistas. Y quien se quede en esa dicotomía se equivocará.

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