Las dos almas del independentismo ante la realidad política y judicial

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Llegada de Puigdemont al aeropuerto de Copenhague procedente de Bruselas. / EFE

BARCELONA.- La anormalidad política se normaliza en Catalunya. Los picos de tensión que se vivieron en el otoño no parece que se vayan a volver a repetir en este invierno. La sociedad parece hastiada de sobresaltos, pero, por otro lado, una calma tensa permanece en el ambiente. Cuatro dirigentes políticos y sociales permanecen en prisión, otros cinco en Bruselas. Muchos lazos amarillos sobre las solapas de los abrigos por las calles catalanas. Los debates sobre cómo será la investidura del candidato a president de la Generalitat, Carles Puigdemont, el día 30 en el Parlament, copan la agenda mediática. Las opciones que se barajan desde el independentismo son varias, aunque todas ellas parecen de difícil consecución.

Mientras la política va buscando subterfugios para salir airosa, las investigaciones judiciales siguen su curso. Ayer, que se cumplían los cien días en prisión preventiva de los presidentes de Òmnium Cultural y la ANC, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, la Guardia Civil registraba las sedes de estas organizaciones independentistas y se llevaba información sobre los emails compartidos entre estos y el anterior Govern. Los Comités de Defensa de la República (CDR) llamaban a la movilización frente a la Delegación del Gobierno.

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En medio de este contexto, el independentismo se divide en dos almas, en dos formas sobre cómo encarar la realidad. Y la pieza clave que separa estas dos posturas es, precisamente, la de Puigdemont. El expresident ha vuelto a ser protagonista esta semana con su viaje a Dinamarca para participar en un acto universitario y reunirse con parlamentarios daneses. El juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, se negaba a activar la orden europea de detención. Una interpretación política del magistrado venía a decir que el viaje de Puigdemont buscaba, con este viaje, precisamente su propia detención. Puigdemont hacía mofa de ello desde Copenhague: "Los criminales con orden de arresto internacional dirán que quieren ser detenidos".

El director adjunto de 'La Vanguardia', Enric Juliana, describía a la perfección estas dos almas del independentismo en este artículo en el rotativo catalán. Por un lado, nos encontramos con aquellos que de una manera más pura se mantienen del lado de Puigdemont, los que piden la restitución de los elementos políticos anteriores a la aplicación del 155 y que se cumplan, al pie de la letra, los programas electorales con los que tanto JxCat, como ERC y la CUP, se presentaron a las elecciones.

En estos programas apostaban por la libertad de los presos, Sánchez y Cuixart, también Oriol Junqueras y Joaquim Forn. También aseguraban la restitución del anterior Govern en caso de que ganaran las opciones independentistas las elecciones del 21-D, comicios en los que obtuvieron mayoría absoluta, 70 diputados. Estas medidas prometidas en programas electorales no son realizables por parte del Parlament, dependen de lo que dicte el Tribunal Supremo. Entre estos partidarios de las acciones de Puigdemont se encuentran Elsa Artady o Jordi Turull, diputados por JxCat. También algunos sectores de la CUP, que buscan la ruptura con el estadio constitucional y autonómico y profundizar en la vía unilateral.

Pero hay otra alma independentista que prioriza llegar a una cierta normalidad, investir un nuevo president, conformar un nuevo Govern e iniciar una nueva legislatura: evitar a toda consta una repetición de elecciones y terminar con el bloqueo político. Entre estos sectores se encuentra la dirección del PDeCat, encabezada por Marta Pascal, quienes apuestan por la investidura de Puigdemont pero, si no es posible, por la investidura de otra persona para la Presidencia de la Generalitat.

También piensan así desde ERC, que creen que el independentismo debe centrarse en gobernar, plantear soluciones a los problemas de la sociedad catalana en su conjunto y, de esta manera, intentar aumentar el apoyo al independentismo entre la ciudadanía, tal y como explica en este artículo en 'El Crític' el que fuera vicepresident de la Generalitat por los republicanos, Josep Lluis Carod Rovira. El propio president del Parlament, Roger Torrent, ha apostado en varias declaraciones, por priorizar la gobernabilidad de Catalunya. Desde la CUP, aseguran que una vuelta al marco autonómico les haría replantearse su papel en el Parlament, al que pretendían volver para materializar la República Catalana. Pero también son conscientes, tal y como explica el que fue su cabeza de lista el 21-D, Carles Riera, que unas nuevas elecciones no beneficia a sus objetivos, que deben ser la movilización social y popular en favor de la república para aumentar la masa de partidarios por la independencia.

En cuanto a la investidura de Puigdemont, primera opción de todo el independentismo, si no fuera posible se verían con más ahínco estas diferencias. Hay varias opciones. Se plantea la posibilidad de una investidura a distancia, bien a través de videoconferencia u otra posibilidad tecnológica, bien a través de la delegación del discurso en otra persona. Esta opción ha sido descartada tajantemente por el Gobierno de Mariano Rajoy, quien asegura que acudiría al Tribunal Constitucional para evitar su ejecución. Otra opción que cada vez parece más real es que Puigdemont se presente en el Parlament para la investidura. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, aseguraba que está en marcha un dispositivo por tierra, mar y aire para detener al expresident en cuanto pise suelo español.

Por último, hay una tercera opción. Que otra persona sea finalmente la candidata a la Presidencia en el debate de investidura y que esta comparta el cargo simbólicamente con Puigdemont. Esto entroncaría con la idea que se ha barajado en diferentes ocasiones de un Govern "ejecutivo" en Catalunya y otro "legítimo" desde Bruselas. La política catalana nos tiene acostumbrados a los cambios de guion inesperados. También a la improvisación. Estas dudas se despejarán en los próximos días.