El juego de la silla divide al independentismo

TENSIÓN FRENTE AL PARLAMENT AL INTENTAR MANIFESTANTES DERRIBAR LAS VALLAS DE SEGURIDAD
Tensión en las inmediaciones del Parlament donde manifestantes protestaban por el aplazamiento de la investidura en un día tenso para el independentismo. / Quique García (EFE)

Actualización a las 14:20 horas del 31/1, con los mensajes de Puigdemont a Comín

BARCELONA.- Como en el juego de la silla. Ya saben, hay una silla menos que participantes y, cuando deja de sonar la música, la última persona en sentarse queda sin silla y eliminada. Así van los distintos sectores del independentismo, apurando hasta el último instante. A ver quién aguanta hasta el final, a ver quién tiene más capacidad de resistencia frente a los embistes judiciales, policiales y mediáticos del Estado para evitar ser tildado de traición por el resto. A ver quién evita quedarse sin silla en la que sentarse y quedar eliminado en el último momento.

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Ayer, Roger Torrent aplazaba el pleno de la investidura de Carles Puigdemont. El president del Parlament, de ERC, evitaba así un nuevo choque institucional frente al Tribunal Constitucional que ya había advertido que no permitiría una investidura no presencial. Los letrados del Parlament presentarán un recurso ante el Constitucional que hará posicionarse al tribunal sobre su dictamen del sábado. Tendrá que posicionarse, también, sobre si era pertinente o no la reclamación del Gobierno de Mariano Rajoy sobre una suspensión preventiva del Pleno. Una apuesta que contaba, nada más y nada menos, con un informe en contra del Consejo de Estado.

A los pocos días de un desfile en la Audiencia Nacional de declaraciones por el caso Gürtel, el Gobierno optaba por involucrar al Constitucional en su pelea por evitar ver a Puigdemont investido president del Govern. La búsqueda de una solución política a un conflicto político no llega nunca. Los casos de corrupción pasaron a segundo plano. Y este pronunciamiento del Constitucional sentaba como un jarro de agua fría en el independentismo. El Gobierno presionó al Constitucional para que dictaminara a su favor, la separación de poderes del Estado...

Las dos almas del independentismo, que ya contábamos la semana pasada en cuartopoder.es, se enfrentaban con motivo de la investidura. Por un lado, aquellos que optan por dar apoyo a Puigdemont, al que consideran el legítimo president de la Generalitat, apostaban por un enfrentamiento y desobediencia al Constitucional y proseguir con la investidura del que está en Bruselas. En este sector nos encontramos con los círculos más próximos a Puigdemont, coyunturalmente también a la CUP, así como a los Comités de Defensa de la República (CDR).

Por otro lado, los que piensan que la prioridad debe ser formar Govern y, una vez conseguido esto, llevar a cabo políticas para aumentar la base social del independentismo. En este grupo encontraríamos a ERC y a la dirección del PDeCat. Hay que tener en cuenta la situación de los cuatro presos, Jordi Sánchez, Jordi Cuixart, Oriol Junqueras y Joaquim Forn, así como los que están investigados en la causa general contra el independentismo por desobediencia, malversación de fondos públicos, rebelión y sedición. Algunas de estas personas son diputadas en el actual Parlament y, haber votado en contra de lo expuesto por el Constitución, podría haber supuesto su regreso a prisión o dificultar su situación judicial en un futuro. También la inhabilitación de los miembros de la Mesa del Parlament que hubieran permitido el debate de investidura.

La presión de las calles ahora mira a ERC, algunos gritos en la concentración que tuvo lugar ayer en las puertas del Parlament señalaban a Torrent como traidor. Miles de personas se concentraron a las 15 horas en las inmediaciones del parque de la Ciutadella, donde se encuentra el legislativo catalán, para seguir en una pantalla gigante la sesión de investidura que nunca tuvo lugar. También los CDR se concentraron en distintos puntos de Barcelona, desde donde donde se dirigieron hasta las puertas del parque. Los manifestantes rompieron el cordón policial de los Mossos d'Esquadra y consiguieron entrar hasta las mismas puertas del Parlament, donde otro cordón policial les cortó definitivamente el paso. Tuvieron lugar algunas cargas policiales contra algunos manifestantes.

La tensión entre los distintos sectores independentistas venía desde lejos. JxSí, que aglutinaba tanto al PDeCat como a ERC, tenía como objetivo el llegar hasta la celebración del referéndum del 1-O. Una vez celebrada la consulta, las diferencias se hicieron cada vez más patentes, hasta el punto de que no se consiguió llegar a una lista de consenso para las elecciones el 21-D. Elecciones en las que todas las encuestas daban como fuerza ganadora a ERC, pero la candidatura de Puigdemont, JxCat, quedó 12.000 votos por encima. La pelea partidista por la hegemonía independentista era un secreto a voces, ahora ya es una obvia realidad.

De esta manera, al quedar por detrás de JxCat, los planes de los republicanos, que tienen a su líder, Junqueras, en la prisión, se fueron al traste. ERC pretendía llegar a acuerdos tanto con el resto del independentismo como con la izquierda soberanista, los comunes. Desarrollar políticas sociales como las que el Constitucional había paralizado la pasada legislatura. Confrontar así con el Estado, dejando de lado el procesismo. Bajar el debate a la tierra, a lo social. Proceso constituyente, para algunos; hacer república, para otros.

Esto podría haber ido acompañado de una moción de censura a Rajoy en el Estado que hubiera facilitado un Gobierno de Pedro Sánchez. De todo esto hablaron Pablo Iglesias y Junqueras en una cena compartida durante el mes de agosto. Han cambiado mucho las cosas, pero era la estrategia de los republicanos y de las izquierdas españolas. Los socialistas, ahora mismo, no quieren tener nada que ver con el independentismo, ni en pintura. No quieren gobernar en este contexto.

La victoria de Puigdemont en el ámbito independentista cambia la hoja de ruta. Y si sigue imponiendo su estrategia de restituirle como president, las tensiones seguirán. Sabe que no podrá ser president, pero también sabe que es su única opción para continuara en la primera línea política, para no caer en una suerte de olvido belga, además, si regresa, le espera la prisión. Momentos duros. Cada vez parece más cerca una nueva convocatoria de elecciones en Catalunya.

ERC quiere desmarcarse ya de ser socia del PDeCat, de la derecha nacionalista. Las municipales, por otro lado, están a la vuelta de la esquina, se celebrarán el próximo 2019. Desde ERC, y también desde parte del PDeCat, ven con malos ojos jugarse los municipios por seguir con la estrategia de Puigdemont, por mantener la polarización social durante tanto tiempo. Los comunes ven con peores ojos seguir con esta dinámica, necesitan romperla, en el último barómetro del Ayuntamiento de Barcelona, Barcelona en Comú dejaba de ser la fuerza más votada. Miedo a que Ada Colau pierda la Alcaldía.

Esta estrategia, sin embargo, está beneficiando a Ciudadanos, partido al que el proceso independentista le está haciendo subir como la espuma, no sólo en Catalunya, también en el resto del Estado. La polarización entre la derechas nacionalistas, la catalana y la española, JxCat y Ciudadanos, ya se vio el pasado 21-D, fueron las dos fuerzas más votadas. Las izquierdas quieren romper con esta dinámica y llegar a acuerdos de carácter social. No lo consiguen.

Ayer Puigdemont envió un mensaje audiovisual desde Bruselas. Llamaba a mantener la unidad independentista, todos los sectores se cuidan mucho de no ser tildados de traición por el resto del independentismo; pero al mismo tiempo dijo que respetaba, pero que no compartía, la decisión de Torrent. También aseguró, implícitamente, que él era el único candidato posible. Algo que, según advierte el Gobierno y corrobora el Constitucional, es imposible.

Huele a elecciones. Inés Arrimadas salía escoltada por los Mossos del Parlament, anoche, ante decenas de cámaras de televisión que le grababan consternada. Puede ser que ya estemos, de nuevo en campaña electoral, puede ser que nunca hayamos dejado de estarlo. La unidad del independentismo está muy tocada, las diferentes estrategias divergen. El camino conjunto parece estar llegando a su fin. Nunca se sabe, en la política catalana un cambio de guion inesperado puede llegar en cualquier momento. Pero los independentistas lo tienen claro, hay que aguantar hasta el último momento, hasta que la música deje de sonar. Y hay que ser veloz, para sentarse, para no quedarse sin silla, de pie, señalado por el resto de los participantes en el juego.

"Esto se ha terminado. Nos han sacrificado los nuestros".

Esta mañana, el programa de Ana Rosa Quintana en Telecinco ha hecho públicos una serie de mensajes privados enviados por Carles Puigdemont al que fuera conseller del cesado Govern de la Generalitat, Toni Comín, quien también se encuentra en Bruselas. "El plan de Moncloa triunfa. Sólo espero que sea verdad y que gracias a esto puedan salir todos de la cárcel porque, si no, el ridículo histórico, es histórico... Supongo que tienes claro que esto se ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado. Al menos a mí. Vosotros seréis consellers (espero y deseo), pero yo ya estoy sacrificado tal y como sugería Tardà", escribía el que fuera president de Catalunya.

"No sé cuánto me queda de vida (¡espero que mucha!). Pero la dedicaré a poner en orden estos dos años y a proteger mi reputación. Me han hecho mucho daño con calumnias, rumores, mentiras, que he aguantado por un objetivo común. Esto ahora ha caducado y me tocará dedicar mi vida a mi propia defensa", añadía.

Ante esta situación, Comín ha asegurado que presentará una querella contra Telecinco por haber difundido unos mensajes privados y vulnerado su derecho a la intimidad. Algunos medios hablan de una posible filtración del propio Comín. El reportero del programa que grabó los mensajes del móvil del exconseller ha explicado cómo lo hizo.

Puigdemont ha respondido a algunas opiniones de periodistas sobre si esto significa su final político: "Soy periodista y siempre he entendido que hay límites, como la privacidad, que nunca se han de violar. Soy humano y hay momentos en los que también dudo. También soy el president y no me echaré atrás por respeto, agradecimiento y compromiso con los ciudadanos y el país. ¡Seguimos!".