Los puntos flacos de la carrera de Cifuentes

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, en una foto de archivo.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, en una foto de archivo. / Emilio Naranjo (EFE)

El viento sopla en contra Cristina Cifuentes, quien este miércoles toma el amargo trago de ser la primera presidenta de la historia de la Comunidad de Madrid que se ve obligada a comparecer por exigencia de la oposición. A las 16.30 comenzará un pleno extraordinario cuya único objetivo es que la dirigente madrileña despeje las múltiples incógnitas alrededor del máster que cursó en la universidad pública Rey Juan Carlos. PSOE-M y Podemos, que han unido fuerzas en la oposición y la controversia para exigir explicaciones a quien gobierna la región, comenzarán interviniendo en un debate que, como máximo, puede alargarse una hora y diez minutos.

Sin avances en la investigación abierta por la universidad, que contará con observadores externos, Cifuentes tiene el reto de desmontar las presuntas irregularidades de su máster. Esta vez, sin la intermediación del plasma, la presidenta se enfrentará a las cuestiones de una oposición –incluido Ciudadanos– que la podrán poner contra las cuerdas vía moción de censura si no son sorprendidos con pruebas irrefutables. De momento, Cifuentes dice no haber encontrado en su domicilio el Trabajo Fin de Máster (TFM), pieza clave para resolver la autenticidad de la titulación, y quiere que la universidad lo publique “si lo encuentra”, según ha indicado el portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido.

Lo cierto es que el máster de Cifuentes es solo un hito más en una carrera ensombrecida por examinadores amigos, inexactitudes en el currículum y hasta exabruptos en la Asamblea de Madrid que no reflejan la alta formación académica supuestamente percibida.

1. Primera invención curricular

La primera falsedad curricular de Cristina Cifuentes Cuencas apareció en su curriculum, quizá por despiste, cuando era delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid y anotó su pertenencia como funcionaria autonómica a un inexistente “Cuerpo Técnico Superior”. En realidad ingresó en la administración madrileña como funcionaria de la Universidad Complutense del grupo B. En 2001 concurrió a unas oposiciones por “promoción interna” y ocupó una de las 14 plazas a concurso de Técnicos de Gestión de la Universidad Complutense, un cuerpo del Grupo A. La diferencia nominal y otros detalles de la cuestión fueron desvelados en junio de 2015 por Francisco Medina en El Plural. Cifuentes era ya la candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid por designación de Mariano Rajoy, a quien públicamente manifestó su agradecimiento.

2. Gran amigo al frente del tribunal

El tribunal de la oposición a la que concurrió Cifuentes, licenciada en Derecho, fue presidido por su amigo personal (íntimo) y gerente de la Universidad, Dionisio Ramos. La amistad personal obligaba a Ramos, según la ley, a abstenerse de presidir el tribunal, un detalle que éste pasó por alto. Cifuentes y él trabaron amistad en la Facultad de Derecho, donde la joven militante de Alianza Popular (antecesora del actual PP) pasó a formar parte del Claustro como miembro de la junta de representantes de los alumnos. Ambos trabajaron a favor de la candidatura de Villapalos, primero como decano de la Facultad y después como rector de la Complutense. Y ganaron. La amistad llegó al punto de que cuando el mencionado Ramos se casó, no sólo la invitó a su boda sino que, como recuerda Medina, la eligió entre los testigos que firmaron el enlace.

3. Premio al complementario

Aunque en sí mismo ya era Ramos un buen asidero para convertirse en funcionaria del Grupo A, con el reconocimiento del mérito superior y la consiguiente elevación de la retribución, Cifuentes contó con otro punto favorable en el tribunal: el primer vocal, José Francisco Otero Ferrero, también amigo del grupo y también firmante, como testigo, en la boda de Ramos. Curiosamente este hombre aprobó en 1990 con ella la primera oposición para entrar a trabajar en la administración de la Complutense. En 2016, ya Cristina investida presidenta de la Comunidad de Madrid, nombró a este Otero director del Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM) con categoría de director general.

4. Cinismo quejumbroso y falsario

Pese al privilegiado estatus en el cuerpo de funcionarios, Cifuentes no ha dudado en apelar al enorme sacrificio que el Gobierno socialista de Zapatero impuso a los funcionarios para defenderse de las críticas sobre los bajos sueldos y el escaso reconocimiento de los empleados de la Comunidad de Madrid. En el último pleno de febrero espetó al portavoz socialista Ángel Gabilondo: “Los empleados públicos hemos –y digo hemos, porque yo también soy empleada pública, soy funcionaria- tenido que asumir muchos sacrificios. Le voy a decir una cosa: parte de esos sacrificios han sido precisamente porque el Gobierno socialista -al cual usted, por cierto, pertenecía- causó la mayor recesión de la historia, ¡la mayor! Señorías socialistas, ¡ustedes han protagonizado el mayor recorte de derechos sufrido por los trabajadores públicos en la historia de España!”. Como delegada del Gobierno desde comienzos de 2012 cobraba un sueldo bruto de 84.713 euros al año.

5. Sus insultos favoritos

La evidencia de sus estudios (licenciatura y máster en la Universidad Rey Juan Carlos) salta a la vista con solo repasar sus expresiones recogidas en el Diario de Sesiones de la Asamablea de Madrid. Por cierto que el del último pleno no se ha publicado y lleva ya tres semanas de retraso. A los portavoces de Ciudadanos, el partido que la invistió presidenta, les llama “alfombra naranja” de la presidenta andaluza Susana Díaz por no apretarle las clavijas sobre la corrupción de los ERE. Esa expresión, “alfombra naranja”, le ha parecido tan feliz que ya la repite en cada pleno cuando los portavoces de C’s Ignacio Aguado y César Zafra le preguntan por los papeles de la corrupción que su administración traspapela. “¡Ustedes tapan sus vergüenzas (las del PSOE de Andalucía) y su corrupción!”, les gritó hace un mes en el pleno de la Asamblea de Madrid. Además, sus epítetos favoritos contra el partido de Albert Rivera son: “demagogos, oportunistas y enredadores”. “¡Dejen de enredar! ¡Dejen de malmeter! ¡Dejen de confundir! Le gritó a Zafra en el penúltimo pleno. La dialéctica frontal de buenos y malos es la base y la altura de los laureles de su curriculum. A Lorena Ruiz-Huerta, la portavoz de Podemos, suele acusarla de “doctrinaria, totalitaria y absurda”.

Hija de un artillero gallego destinado en el archivo del Alcazar de Segovia, ofrece Cifuentes la impresión de que le gusta más tronar que razonar. Luego ya, si la presidenta madrileña optó por la trampa y la falsedad para medrar, acaso con la tribu de ese dibujo que, según El Confidencial, lleva tatuado en la rabadilla, es algo que deberá explicar a los electores.

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