La investidura de Sànchez vs ‘la vía Puigdemont’

Puigdemont alemania
Carles Puigdemont, a su salida de prisión en Alemania, ante los medios de comunicación. / EFE

La ANC se reafirma en la idea que adelantó a cuartopoder.es su presidenta, Elisenda Paluzie, en una entrevista la semana pasada. Hay que investir a Puigdemont porque a nivel simbólico es la mayor pieza del procés ahora mismo, la que más proyección internacional tiene. La ANC no renuncia a su objetivo político, la independencia de Catalunya, aunque en este momento no pone plazos ni fechas para su consecución. Y, para ello, la estrategia que sigue es clara: Puigdemont es el candidato más votado en las elecciones del 21-D, un president cesado por la intervención mediante el 155 y debe volver a ser president.

El independentismo es consciente de que, en un proceso judicializado hasta los topes, será la justicia internacional a medio y largo plazo la que dirimirá los errores y aciertos del Estado en su intento de parar el proceso independentista. En otras palabras, la Justicia española será examinada por la europea. Primero, por la alemana, belga, escocesa y, además, la suiza; después, por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, si los dirigentes políticos y sociales independentistas han sido duramente castigados tal y como, hasta el momento, parece que sucederá leyendo los documentos que vierte el Supremo. Por ello, determinados sectores del independentismo quieren apretar al máximo las contradicciones judiciales españolas. Si llega el momento de llevar el conflicto a Estrasburgo, estas contradicciones pueden resultarles útiles.

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Se pretende aprovechar la dura bofetada que el Estado se ha llevado por la decisión alemana de dejar en libertad bajo fianza a Puigdemont y no extraditarle por el delito de rebelión. Del mismo modo, la comunicación que el Comité de Derechos Humanos de la ONU hizo la semana pasada sobre la recomendación de garantizar los derechos políticos de Jordi Sánchez es el motivo principal de que sea él, y no otra persona, el candidato a un nuevo debate de investidura. La apuesta, como decíamos, reforzar argumentos que son contradicciones del Estado ante el panorama internacional.

El problema viene en que no dan los números. La CUP se mantiene firme, hasta el momento, en no investir a otro candidato que no sea Puigdemont. Ya lo advirtió en la sesión de investidura de Jordi Turull, si esto no sucede, la formación anticapitalista da por muerto el procés y pasará a la oposición. La ANC aprieta desde la calle en el mismo sentido: o Puigdemont o Puigdemont. Pero el propio Puigdemont se mostró prudente en su salida a la prisión: llamó a una solución política al conflicto, mediante el diálogo entre las partes, y si este diálogo no resultara, vuelve a llamar a la mediación internacional.

“Yo no he renunciado a nada”, también aseguraba Puigdemont. Por ello, se especula con que si saliera airoso del proceso judicial sobre su extradición en Alemania, todavía podría ser extraditado por malversación, intentara volver al Palau de la Generalitat. Una imagen deseada, Puigdemont saliendo al balcón de la Generalitat, una especie de reedición del “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí” de Tarradellas tras su exilio durante el franquismo.

Suenan varios nombres, si finalmente la investidura de Sànchez no pudiera hacerse efectiva, bien porque no se llegue a celebrar el debate porque el Supremo niegue su salida de prisión para acudir al Parlament, lo que para el independentismo sería una nueva demostración de que el proceso judicial es contradictorio con los mensajes que llegan de fuera de España, tras la comunicación del Comité de Derechos Humanos de la ONU, bien porque no consiguiera los votos suficientes: necesitaría, si la CUP no lo apoya, que el propio Puigdemont y Toni Comín, en Bélgica, pudieran ejercer su voto como diputados.

Entre estos nombres, la alcaldesa de Girona, Marta Madrenas, actual diputada. Puigdemont ya fue alcalde de la capital gironesa. También suena Elsa Artady, mano derecha de Puigdemont durante los últimos meses. Pero ambas propuestas no parecen contar con el beneplácito de la CUP y los números, como decíamos, no cuadran. Puigdemont quiere a alguien cercano a él para que, dado el caso, si superara todas las barreras con la justicia, en un futuro pudiera volver a ser president. Pero, una nueva convocatoria electoral no se puede desestimar en ningún caso. El president del Parlament, Roger Torrent, al ser el representante catalán de rango más alto, también está en algunas quinielas. Un Govern efectivo es la prioridad del acuerdo entre JxCat y ERC. En este caso, como la CUP no estaría por la labor, se podría buscar un apoyo de los comunes en la cámara catalana. Los comunes hablan claro: no votarán a ningún candidato de JxCat, la derecha nacionalista catalana.

El independentismo vive, después de varias derrotas encadenadas desde octubre, un inicio de primavera dulce. Las justicias europeas a las que se les ha pedido la extradición de anteriores miembros del Govern no han respondido favorablemente; el Comité de Derechos Humanos de la ONU ha criticado que no se estén respetando los derechos políticos de Sànchez, diputado electo; la movilización de los CDR ha despertado a las calles después de varios meses de protagonismo institucional y de partidos políticos.

La euforia se deja notar en medios de comunicación afines al independentismo y en las redes sociales, pero, ¿hay motivos para dicha celebración? En la Unión Europea vemos cómo cada vez más gobiernos son criticados por sus políticas en materia de derechos y libertades: Hungría, Polonia, el acuerdo entre la UE y Turquía ya ha cumplido tres años… ¿Pueden afectar a España las advertencias internacionales sobre un proceso judicial, el catalán, de dudosa ejemplaridad? ¿Puede favorecer esto a buscar una solución dialogada y política al conflicto? ¿El nacionalismo español, despertado en los últimos meses, se enrocará dolido y descontento con la decisión alemana? Veremos…