Seis usos políticos de la moción de censura más allá de intentar derribar al Gobierno

El caso del ‘máster de Cifuentes’, que desveló Eldiario.es,  ha hecho que durante los últimos días haya tres palabras que se repiten en los círculos políticos madrileños y en los titulares de periódicos: “moción de censura”. Este instrumento constitucional sirve para “exigir responsabilidades” al Gobierno, tal y como recuerda el reglamento de la Asamblea de Madrid y la propia Constitución española. Esta herramienta tiene una particularidad: si se aprueba por mayoría absoluta puede provocar la dimisión de la presidenta del Ejecutivo. En este caso, ha sido el PSOE el que pretende desalojar al PP en la Comunidad de Madrid. Aunque este es su uso oficial, este recurso tiene otros efectos colaterales políticos que pueden ser interesantes para algunos partidos.

El primer objetivo de la moción sería, por tanto, desplazar a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, del Gobierno y sustituirla por el socialista Ángel Gabilondo. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ya ha garantizado el ‘sí’ de su formación, pero no es suficiente. Necesitarán también el apoyo de Ciudadanos, que deberá decidir entre sostener al cuestionado PP en el Gobierno o entregárselo al PSOE.

Aprovechando la coyuntura, este fin de semana, el secretario general de Podemos animó a su homólogo socialista, Pedro Sánchez, a presentar también una moción de censura en el Congreso de los Diputados para echar a Rajoy de Moncloa. Sin embargo, el líder socialista prefiere guardarse, por el momento, ese as bajo la manga. En Ferraz no se han cansado de repetir durante los últimos meses que no dan los números. En la democracia se han presentado tres mociones de censura contra el Gobierno de España. La primera, contra Adolfo Suárez en 1980, la segunda, contra Felipe González en 1987 y la última, en 2017, contra Rajoy con Podemos como alternativa. Las tres se perdieron. Sin embargo, éstas son las consecuencias políticas que justifican su uso, aunque no salga adelante.

Visibilizar la debilidad del Gobierno

Es la primera consecuencia lógica de este recurso político, aunque no se apruebe. En este caso, en los discursos de defensa de la moción no se ahorran (des)calificativos hacia un Gobierno que presuponen agotado. Para el PSOE, la situación de Cifuentes resulta insostenible y la presentación de una moción responde a una urgente necesidad de higiene democrática, una opinión que comparte con Podemos. Con las elecciones autonómicas a la vista, también se desgasta a la que podría ser la futura candidata a revalidar el Gobierno. La llegada de Cifuentes a la Comunidad de Madrid intentó venderse como un nuevo tiempo, subrayando la diferencia con el antiguo PP de Madrid, al que le perseguía la alargada sombra de la corrupción.

Sin embargo, ganar una moción de censura en la Asamblea no significa convencer ante la opinión pública. Los perdedores pueden encontrar consuelo en los titulares de prensa del día posterior. “Leguina continúa al frente de la Comunidad de Madrid en una situación muy precaria para gobernar”, titulaba El País el 22 de junio de 1989. Entonces, era el socialista Joaquín Leguina el que presidía la Comunidad de Madrid y el ‘popular’ Alberto Ruiz-Gallardón, el candidato a sustituirle. El joven político tuvo que esperar hasta 1995 para ganar las elecciones con mayoría absoluta y convertirse en el presidente de la Comunidad de Madrid.

En el ámbito estatal también se ha utilizado esta técnica. Así fue en la moción de censura que González presentó contra el primer presidente de la democracia en 1980. “La moción de censura no pretende únicamente sustituir al Gobierno», agregó Gómez Llorente, «sino clarificar el panorama político y forzar a Suárez, si sigue gobernando, a optar por una política más seria y eficaz»”, explicaba en 1980 el diputado Luis Gómez Llorente a El País, sobre el mensaje político que quedaría tras el debate.

Obligar a posicionarse a un rival de la oposición

Tras el enrocamiento de Cifuentes, los socialistas han girado la mirada hacia Ciudadanos. Es el partido que sostiene a la ‘popular’ en el Gobierno y el que puede derrocarla con el apoyo de sus diputados a la moción.Los naranjas han hecho gala de haber llegado a la política para regenerarla, por tanto, los socialistas les forzarán a que se retraten y, si deciden sostener al PP en el Gobierno, a caer en contradicciones ante su electorado.

El PSOE también se ha adelantado a una posible ‘vía Murcia’, después de que Ciudadanos pidiese la dimisión de Cifuentes y una alternativa al PP: “Esta moción de censura es un sumatorio de casos de corrupción del Partido Popular en Madrid, no es sólo por el máster de Cifuentes, y por ello, hacemos un llamamiento a Ciudadanos para que se sume”, declaraba este lunes el secretario general de los socialistas madrileños, José Manuel Franco.

Escenificar una alternativa

Moción de censura de González a Suárez en 1980
La moción de censura de 1980 sirvió para poner en evidencia la debilidad del Ejecutivo de Suárez y para que González explicara su posible programa de Gobierno. / Foto: portada del diario El País.

Las mociones de censura en España son constructivas. No solo sirve para obligar a dimitir a un presidente, también se tiene que proponer una alternativa. En este argumento se escudaron los socialistas para no apoyar la moción de censura de Podemos el año pasado, al percibir a Rajoy como “censurable”, pero sin que Iglesias alcanzase la categoría de “presidenciable”. En el año 1980, Felipe González pretendió brillar frente a un Suárez que daba síntomas de agotamiento y que Alfonso Guerra, encargado de la defensa de la moción, se encargó de destrozar: “Suárez tiene miedo al Parlamento y considera la democracia como un mal a soportar”, llegó a decir . González tuvo entonces un inmejorable escenario para explicar su posible programa de gobierno.

El ‘caso Cifuentes’ también ha servido para destacar una ausencia en la oposición: la de Íñigo Errejón, el candidato oficioso a la presidencia a la Comunidad de Madrid por Podemos. Mientras él valoraba el caso desde Bolivia, ha sido la  portavoz en la Asamblea de Madrid, Lorena Ruiz-Huerta, la que ha hecho valer públicamente la posición de los morados en la capital. Mientras, el PSOE ha aprovechado al máximo este caso para darse visibilidad.

Dar a conocer un candidato

En 1987, fue Antonio Hernández Mancha, presidente de Alianza Popular, el que retó al Gobierno de González con una moción de censura que también resultó fallida. En su caso, se interpretó como una manera de dar a conocer a este candidato, que había sucedido a una figura de tanto relieve como Manuel Fraga. “Guerra apuntó como posibles causas la proximidad de las elecciones municipales y el deseo de dar a conocer a la opinión pública a Hernández Mancha”, escribía El País sobre la ironía del vicepresidente, Alfonso Guerra, sobre esa moción de censura destinada a fracasar.

En junio del año pasado, el propio Antonio Hernández esclareció algunos detalles de esa época en un artículo publicado en el diario ABC: “La puse y la defendí sin tiempo de prepararla y, aunque perdí contra Felipe, la gané contra Adolfo que, aunque amigo, me quitaba los votos. Desde mi moción de censura, él no volvió a levantar cabeza con el CDS y no hubo el sorpasso que anunciaba la prensa”, detalló sobre quién era su verdadero rival con las elecciones de fondo.

Remarcar un perfil político

Volviendo al 2018 y a la Comunidad de Madrid, no se puede decir que Ángel Gabilondo sea un candidato desconocido. El exministro de Educación tiene buen nombre dentro y fuera del partido y esta moción de censura sirve, simplemente, para relanzarle también de cara a las próximas elecciones, en el caso de que no triunfase. A la espera de saber si finalmente dan o no los números, quien sí está sacando buenos réditos, en cuanto a imagen se refiere, es Pedro Sánchez, que durante los últimos días ha protagonizado varios eventos junto al PSOE madrileño. Este lunes, trasladaron la habitual rueda de prensa desde Ferraz a Coslada tras una reunión conjunta de las ejecutivas regional y federal. El sábado, también aprovecharon un evento en Madrid para que Sánchez apareciera junto a José Manuel Franco y Ángel Gabilondo.

Aunque Podemos no venciera en su intentona de desalojar a Rajoy en 2017, hubo una de sus dirigentes que salió reforzada. La portavoz, Irene Montero, abrió la sesión defendiendo la moción y fue capaz de eclipsar, incluso, al propio candidato alternativo. Hoy, muchos la señalan como el hipotético relevo de un secretario general que no da signos de querer irse. Montero no convenció a la bancada socialista de que diera su ‘sí’ al citado mecanismo constitucional, pero sí logró visibilidad. Iglesias recuerda, de vez en cuando, que Montero fue la primera mujer de la democracia española en defender una moción de censura.

Tomar la iniciativa frente a un Gobierno colapsado

El debate derivado de la moción de censura obliga al líder del Ejecutivo a escuchar los reproches de la oposición. A hablar de corrupción, ineficiencia o de todos aquellos temas que le resulten incómodos. En el caso del Congreso de los Diputados, también serviría para que la oposición le ‘robase’ la iniciativa a un Gobierno que no ha sido capaz de aprobar aún los Presupuestos Generales del Estado. Por el momento, Sánchez apelado a Rajoy a que se someta a una cuestión de confianza, pero no ha dado el paso de registrar una moción de censura.

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