Cuatro conclusiones y una invitación sobre los Presupuestos Generales

Cristóbal Montoro, el pasado 24 de enero, se prepara para intervenir en la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados.
Cristóbal Montoro, el pasado 24 de enero, se prepara para intervenir en la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados. / Grupo Parlamentario Popular (Flickr)

Hasta hace un par de años, siendo funcionario de la Junta de Andalucía, veía desde el lado de la barrera de quienes ejecutan cómo cada año llegaban los presupuestos desde una estratosfera ajena por completo a las necesidades de la gestión cotidiana de la administración y los administrados: recortes en partidas esenciales, extras en partidas superfluas, prisas para ejecutar absurdos superávits y cierres de caja para gastos imprescindibles… Ya por entonces podía presuponer tiras y aflojas entre altos cargos que, como la gresca en el Olimpo que nos llega a los mortales en forma de rayos y truenos, estarían dando lugar en el mejor de los casos a componendas desinformadas, o en el peor de los casos, a arreglos entre trileros.

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Y heme aquí ahora, miembro adscrito a la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados tratando de al menos asomarme a otra arista del galimatías. Lo cierto es que las conclusiones que os comparto no son especialmente alentadoras.

La primera y fundamental es que los presupuestos no “pasan” por el Congreso, se “tramitan” allí. En general casi todas las intervenciones parlamentarias son el acto final de un teatrillo cuyo guión se escribe en las sedes de los partidos y en las discusiones de pasillo entre portavoces. No obstante, en el caso de los Presupuestos Generales del Estado esto sucede en grado superlativo. Se tratan miles de enmiendas parciales que nadie atiende y que serán “convenientemente” desestimadas por las mayorías fabricadas en la Comisión de Presupuestos, luego en el Pleno, luego en el Senado, en Comisión y Pleno, y de nuevo en el Congreso. Tres meses de idas y venidas para certificar lo que todo el mundo sabe, que lo importante son los cambalaches entre las minorías nacionalistas sobrerrepresentadas de turno y los partidos que sostienen al Gobierno, si es que les hace falta, porque con mayorías absolutas ni eso.

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Y es que, en España, a pesar de que cada diputado es teóricamente elegido por su provincia, el sistema de partidos es quien, como en aquel cuento de Eduardo Galeano, dispone la salsa con que seremos cocinados. Probablemente otro gallo cantaría para partidos y ciudadanos con un sistema de primarias abiertas en circunscripciones de elección con sentido propio, como las Comunidades Autónomas. Pero no es así y estando las cosas como están y sin ningún ánimo de abrir la caja de Pandora por parte de las direcciones de los partidos, no se darán en España alineaciones transversales en lo territorial o sectorial que faciliten modificaciones presupuestarias en favor de los ciudadanos y las ciudadanas. Tengan por seguro que en los presupuestos -y en el resto de asuntos, añadiría yo- se mantendrán las componendas de mesa camilla que someten en la práctica al poder legislativo al Ejecutivo y a sus expresiones partidistas.

No acaba ahí la cosa. Mi segunda y demoledora conclusión es que los Presupuestos Generales del Estado, la ley más importante que cada año se debate en el Congreso, se incumplen sistemáticamente. Por sólo poner algunos ejemplos, el nudo de los tres caminos de Cádiz, con un presupuesto de 1,2 millones de euros en el PGE2017 había ejecutado 0€ a finales de 2017; la A32, una autovía esencial para la provincia de Jaén, a la que se comprometían más de 25 millones de euros en 2017 había ejecutado un 4,32% a finales de año; la reordenación del nudo de la Pañoleta de Sevilla, un punto central para eliminar congestiones que cuestan millones de horas al año a los sevillanos en atascos y para el que se comprometían 1,17 millones de euros, había visto 0€ reales en 2017, siempre según la propia Oficina Presupuestaria del Congreso. Los compromisos son puro humo y sencillamente no pasa nada porque lo sean. Y es que no existe ningún mecanismo, más que el derecho al pataleo, para que el Congreso haga cumplir una Ley -en este caso, la de Presupuestos- que aprobó sin lograr modificar un ápice y que ni por esas se cumple.

Todo esto sin entrar a valorar el filibusterismo que rodea a esta Ley sometida a los vaivenes de pasillos y trileros, la tercera de mis conclusiones sobre los Presupuestos. Es el filibusterismo el que hace que, por ejemplo, las obras de los túneles de la SE-40 aparezcan en varias partidas separadas, las del propio Ministerio de Fomento, pero también las de SEITTSA, y no sólo para la anualidad 2018, sino para varias anualidades. De este modo se dificulta su seguimiento -los presupuestos de SEITTSA no se reportan a requerimiento en la Oficina del Congreso- y se puede prometer con mayor desparpajo. Por cierto, no sé si saben que esos túneles se decidieron hacer simple y llanamente porque en el estudio informativo del proyecto alguien ordenó que se consignara, sin justificación económica o técnica alguna, que la solución del puente -mucho más barato- no era viable porque “estorbaba el paisaje”. No comments.

Pues bien, en un ejemplo de este “promete que algo queda” del PP, este año en el caso de los “túneles” el PP se han asegurado de poner 4 millones de euros para la anualidad mocha de 2018 (presupuesto que como ya hemos dicho no cumplirá) para a continuación prometer sin rubor otros 140 millones para el periodo 2019-2020. En castizo esto sería el equivalente a el que venga detrás que arree. Ejemplos hay muchos, lo mismo sucede con la línea Almería-Granada de ferrocarril. El Ministro prometió el 25 de julio pasado la friolera de 365 millones de euros para esta línea y en los PGE2018 aparecen efectivamente aproximadamente 300 millones de euros …. Lástima que para 2018 sólo vayan 625 mil (si, mil, no millones) de euros, un 0,5% del total. Pero claro, quizá soy yo que peco de incrédulo, por qué dudar de que en el periodo 2019-2022 no se multiplicará por 40 el nivel de compromiso de este año.

La última de mis conclusiones está alineada con el tiempo político en España. Y es que en todo este desmán -que sería increíble de no ser cierto- ni siquiera hemos hablado de asunción de responsabilidades. Porque, ¿díganme ustedes dónde quedó la responsabilidad de los ministros y consejeros que han dejado nuestra tierra desconectada por ferrocarril del Levante -cerrando el antiguo Baza-Almendricos (Murcia)- y del poniente -desmantelando la conexión Gibraleón-Ayamonte con Portugal-, la responsabilidad de los que mantienen el puerto más importante del Mediterráneo en tránsito de contenedores -Algeciras- desconectado virtualmente de la red ferroviaria europea y que a pesar del inmenso potencial de Málaga como hub aeroportuario ni siquiera se avienen a mantener una plantilla de bomberos suficiente para estabilizar su categoría de nivel 9 para competir con el de Madrid en tránsito internacional?

Son los mismos ministros y consejeros de Fomento que hicieron el doble túnel ferroviario más largo de Andalucía en el desierto de Almería y que ahora lo mantienen tapiado; los que diseñaron la línea Antequera-Sevilla y tuvieron que devolver 180 millones de euros al Banco Europeo de Inversiones (BEI) con una explanación de 77km terminada y hoy inútil.

Pues no se equivocan. Efectivamente nadie dimitió, nadie puso su cargo a disposición, nadie ni siquiera evaluó los proyectos deficitarios para sincerarlos. Y es que en España asumir responsabilidades no es realismo, sino pura y llanamente literatura fantástica, del mismo género que los Presupuestos Generales.

Y si quienes nos Gobiernan ni siquiera respetan la más importante de las leyes, la que condiciona la planificación de empresas y ciudadanos; si ni siquiera el plan maestro del gasto de los recursos comunes, de la inversión que con esfuerzo hacemos como sociedad se escapa de la arbitrariedad y la dislocación del diseño del trámite que escogió la voluntad popular; si el Gobierno del PP del “uno de los nuestros” de Cospedal se parece más al guión homónimo de Scorsese…. ¿qué nos toca a los demás? Permítanme que aquí, les deje invitándoles a sacar sus propias conclusiones.

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