Josep Borrell, mano dura contra el independentismo y fiel apoyo de Sánchez

  • El catalán ha estado del lado de Sánchez en las situaciones más adversas, quizás porque él también sabe lo que es enfrentarse a los viejos pesos pesados del PSOE
  • Tuvo un papel protagonista en la manifestación organizada por Societat Civil Catalana, que pretendía demostrar que la mayoría de los catalanes no quieren la independencia

Pedro Sánchez ha decidido fichar a Josep Borrell para liderar el Ministerio de Exteriores, veterano socialista que acumula años de experiencia como ministro al frente del Gobierno de Felipe González y como representante exterior en Europa, donde se desempeñó como presidente del Parlamento Europeo. El catalán (Pobla de Segur, Lleida, 1947) ha sido apoyo de Sánchez en las situaciones más adversas, quizás porque él también sabe lo que es enfrentarse a los viejos pesos pesados del PSOE en unas primarias. Su nuevo cargo le ofrecerá la capacidad de confrontar el discurso del independentismo, que considera falso en muchos casos y trata de desmontar desde una de las posiciones más duras dentro del partido. Hace unos días indicó que el nuevo president, Quim Torra, «ni siquiera podría estar en la lista electoral de Le Pen en Francia».

Borrell es ingeniero aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense, catedrático en excedencia de Matemáticas Empresariales. Ha estudiado en universidades extranjeras dos máster –Investigación Operativa en la Universidad de Stanford (California, EEUU) y Economía de la Energía en el Instituto Francés del Petróleo en París–.

Tras pasar siete años por la empresa petrolífera CEPSA, fue nombrado secretario general del presupuesto del Ejecutivo del PSOE. En el año1984 se situó al frente de la Secretaría de Estado de Hacienda: durante siete años lideró la modernización del fisco. En su lucha contra el fraude fiscal se atrevió a perseguir incluso a famosos como Lola Flores o Pedro Ruiz. También ocupó el cargo de ministro de Obras Públicas, Transporte y Medio Ambiente en las dos últimas legislaturas del Gobierno de Felipe González desde 1991 hasta 1996.

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El ‘outsider’ que se enfrentó al aparato pesado del PSOE

Borrell lleva las marcas de guerra de haber luchado contra el aparato pesado del PSOE. En 1988 se desempeñaba como diputado por Barcelona en el Congreso y se había distanciado de Felipe González. Sin embargo, logró vencer al candidato respaldado por éste, Joaquín Almunia, con un 55% de los votos, en unas primarias que no volverían a celebrarse hasta 2014, cuando Sánchez se impuso por este método a Eduardo Madina. Contra todo pronóstico y contra los más poderosos del partido, el exministro catalán logró alcanzar una victoria cuyo buen sabor duraría bastante poco, tan solo un año.

Un escándalo salpicó su carrera al año de asumir la Secretaría General del PSOE. Se vio obligado a renunciar a ser candidato para las elecciones del 2000 por un fraude fiscal que implicó a sus excolaboradores cuando era secretario de Hacienda, aunque él no estuvo directamente implicado en los hechos. Almunia finalmente lograría alcanzar el cargo, al heredar el puesto de Borrell, aunque protagonizó una histórica derrota en las elecciones frente a José María Aznar, quien alcanzó entonces la mayoría absoluta.

Borrell decidió entonces consagrarse a la política europea. Fue uno de los coautores de la fallida Constitución Europea y entre 2004 y 2009 se desempeñó como diputado del Parlamento Europeo, institución que incluso presidió. Tomaría la decisión de retirarse de la primera línea política en 2009. Sánchez siempre le ha tenido en mente y ha tratado de tentarle para que tuviera un papel protagónico. Ya le había incluido en el equipo de expertos o ‘Gobierno en la sombra’ en su primera etapa y el exministro le había correspondido con apoyo, aunque estuviera fuera de los órganos del partido. En plenas primarias publicó un libro denominado ‘Los idus de octubre’, donde narró los entresijos de la conjura que se gestó para derribar a Sánchez en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016.

La mano dura contra el independentismo

Con el estallido de la crisis catalana, Borrell se erigió como una de voces más duras contra el independentismo. Ya había publicado en 2015 junto a Joan Llorach el libro ‘Las cuentas y los cuentos de la independencia’, donde trataba de desmontar algunas de las falsedades en las que considera que se ha escudado los dirigentes soberanistas para llevar a cabo sus propósitos. Tras el referéndum del 1 de octubre tuvo un papel protagonista en la manifestación organizada por Societat Civil Catalana, que pretendía demostrar que la mayoría de los catalanes no quieren la independencia. En Catalunya fue polémica su participación en esta marcha que también contaba con la presencia de la extrema derecha. En un discurso contundente, Borrell avisó a Miquel Iceta (PSC): “Antes de cerrar las heridas hay que desinfectarlas o se pudren”. Aunque considera que la sociedad catalana está al borde del enfrentamiento, entiende que el encarcelamiento preventivo de los dirigentes soberanistas no contribuye a solucionar el problema.

Hay otras dos anécdotas que dan color a su personaje. Fue llamado a declarar como testigo por la Audiencia Nacional que investigó las indemnizaciones millonarias adjudicadas a Abengoa –empresa de la que fue presidente del consejo asesor internacional– poco antes de que la compañía presentara el preconcurso de acreedores. Sin embargo, no llegó a ser imputado. Por otro lado, ha defendido con ahínco los derechos de los homosexuales: denunció que se le había intentado desacreditar en su vida política diciendo que era homosexual y que tuvo que desmentirlo resaltando que tenía “todo el respeto” por quienes tuviesen “esa preferencia sexual”.

El que ha sido el primer nombre conocido de este primer Gobierno sanchista deberá ahora demostrar si sabe aprovechar su reconocimiento internacional y el cerebro privilegiado que le otorgan algunos en una política exterior favorable para España. Hasta ahora se había confesado feliz en la reflexión intelectual que le confería su papel en el banquillo: «ni estoy ni se me espera» en la política española, indicó a finales del año pasado a la revista Vanity Fair. Quizás algún día se sepa con exactitud por qué, a sus 71 años, cree que este es el momento adecuado para recular, dejarse convencer por Sánchez y salir con todas, una vez más, a la palestra.