El extraño caso del doctor Sánchez y Mr. Hyde en Cataluña

  • En la gestión del tema de Cataluña hay 'dos' Pedro Sánchez diferentes. El más dialogante y cordial reside en Moncloa, el más inclemente se ha quedado en Ferraz.li>
  • El presidente del Gobierno que se ha reunido este lunes en Madrid con Quim Torra en un encuentro "cordial y correcto"

En la gestión del tema de Cataluña hay ‘dos’ Pedro Sánchez diferentes. El más dialogante y cordial reside en Moncloa, el más inclemente se ha quedado en Ferraz y parece que, por el momento, está encerrado bajo llave en alguna habitación de la sede. El presidente del Gobierno que se ha reunido este lunes en Madrid con el presidente de la Generalitat Quim Torra en un encuentro “cordial y correcto”, que ha durado dos horas y media, poco tiene que ver con el líder que hace menos de dos meses calificó al dirigente catalán de “racista”.

La rueda de prensa posterior estuvo a cargo de la vicepresidenta, Carmen Calvo, una de las negociadoras del 155, que la semana pasada en el Congreso ofrecía dialogo “abierto y sin cortapisas“, las palabras mágicas que ERC quería oír y que desbloquearon la negociación sobre RTVE. Las posturas entre Torra y Sánchez siguen siendo alejadas y hay que esperar a ver cómo se concretan las intenciones. Por el momento, hay una agenda y la posibilidad de una segunda reunión.

Ambos líderes se han esforzado por mostrar una escenografía amable ante los medios, que acorte la distancia política que realmente les separa. Han dado un paseo por Moncloa y Torra le ha obsequiado con una botella de licor de ratafía y dos libros. Tampoco han faltado las fotos oficiales de ambos charlando y sonrientes antes de la reunión.

Por el momento, se reactivará la comisión bilateral Estado-Generalitat que lleva sin reunirse desde 2011 y habrá espacios para hablar de “estructuras, transferencias, presupuestos o problemas”. El próximo reto de Moncloa, que permitirá comprobar si Torra camina hacia el autonomismo, será intentar sentar al president en comisiones multilaterales, donde Cataluña sea un actor más, como por ejemplo, en la Conferencia de Presidentes o en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Torra, de todos modos, ha insistido en que “cualquier solución política pasa por el derecho a la autodeterminación”. Sin embargo, y por mucho que digan sus rivales políticos, lo cierto es que Sánchez no está dispuesto a negociar un referéndum. Tampoco hay pacto oculto por mucho que los escaños catalanes y vascos, entre otros muchos otros, llevasen a Sánchez a la Moncloa. Sin otra información que indique lo contrario, lo que hubo fue muchas ganas de desalojar a Rajoy.

En la rueda de prensa posterior de Torra, la prensa preguntó qué había cambiado para que la Generalitat estuviera más dispuesta a dialogar con Sánchez que lo que lo estaba con Rajoy si ambos tienen las mismas líneas rojas. El president alegaba un argumento gubernamental que debería ser rutina. Por el momento, vale con coincidir con Sánchez en que “un problema político puede solucionarse políticamente” y con “ reconocimiento mutuo”. Un aprobado raspado. Puede que las relaciones vuelvan a examinarse en el siguiente curso escolar.

Cuando Torra era un racista

Sánchez tiene un pasado que el independentismo no dudará en resucitar cuando resulte oportuno. El otoño se espera caliente y todo es incertidumbre. Aunque los discursos públicos sean optimistas, hay una necesaria prudencia. Torra y Sánchez han desbloqueado la primera pantalla, pero serán la consellera de Presidència de la Generalitat, Elsa Artadi, y la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet, las que concreten la distensión.

Es un equilibrio frágil que puede quebrarse en cualquier momento. En las filas independentistas no olvidan que Sánchez apoyó sin fisuras la postura del Gobierno de Rajoy en la aplicación del 155 en Cataluña e, incluso, fue más allá en sus calificativos, describiendo a Torra el pasado mayo como un xenófobo: “No es más que un racista al frente de la Generalitat”. En esa escalada ascendente también propuso modificar el delito de rebelión u obligar a los cargos públicos a jurar expresamente la Constitución, dos peticiones que parecen haber quedado muy lejanas desde que llegó a la Moncloa.

El ‘presidente de los gestos’ ha plagado sus primeros días en Moncloa de guiños a la distensión. Primero, lució la camiseta de Barcelona 92 en unas polémicas imágenes de Twitter, después evitó la confrontación tras los desplantes de Torra a la Corona y dio luz verde al acercamiento de presos catalanes. Tras esta primera reunión, se conforman con redirigir las relaciones hacia cierta normalidad institucional.  Sánchez irá a Cataluña. Además, Torra le ha invitado a los actos que se harán en agosto en Barcelona con motivo del aniversario de los atentados yihadistas. Sin embargo, no hará lo mismo con Felipe VI con quien mantiene la afrenta.

En las próximas semanas el reto será que no se produzca “un cortocircuito de comunicación”, en palabras de Carmen Calvo. El escenario sigue abierto. El escenario sigue abierto. Si se complicase hasta una nueva polarización, Sánchez tiene un instrumento que ya sabe cómo utilizar. Pasado el primer trago, será más fácil para Moncloa aplicar el 155, esta vez, con una mayor certeza.

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