Una ola para la libertad

  • Alrededor de un millón de personas asiste a la manifestación convocada por la Asamblea Nacional Catalana

La Diada es uno de esos días donde las dulzainas son la banda sonora de las calles y los castellers el paisaje más habitual en Barcelona, pero este año los gritos a favor de la libertad de los diputados catalanes presos y los líderes sociales se confundían con el folklore.

Ha sido la primera Diada después del 1 de octubre y se ha notado. Desde ese día la historia de Cataluña, y aunque a algunos les pese, la de España cambió. Miles de personas fueron apaleadas, cientos de personas tienen abiertas causas penales, Oriol Junqueras, Raul Romeva y Dolors Bassa y Carme Forcadell, diputados, fueron encarcelados junto a Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, líderes sociales.

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Ayer la mayoría de carteles, pancartas y camisetas pedían su liberación. También había muchas dedicadas a los cantantes como Valtonyc o a los políticos exiliados, como a Anna Gabriel, omnipresente en el Fossar de les Moreres, donde amigos y amigas, de una librería llamada la Ciutat Invisible, la añoraban.

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Y, ayer, 11 de septiembre, más de un millón de personas pasearon sus camisetas color coral por La Diagonal e hicieron una ola por la libertad. Por la liberación nacional, por la liberación de los presos, por la liberación de las urnas o por la libertad de expresión. “¡Que nos dejen votar!”, decía una señora en la calle Bruc con Diagonal.

En Portal del Ángel, calle comercial de Barcelona, durante los actos del Procés Constituent, Alternativa y las Marchas de la Dignidad, paseaba Sonia Farrè, diputada en el Congreso, y miembro de En Comú Podem, que clamaba con su camiseta “Adri et volem a casa”, en referencia al joven del CDR de Esplugues en busca y captura acusado por rebelión y terrorismo: “Estoy viviendo esta fiesta en clave social y por la tarde iré a la manifestación por la represión que ha habido, por la libertad de los presos”. A pocos metros, se encuentran miembros de la Tancada Migrant reclamando sus derechos: “Para nosotros será más fácil acceder a nuestros derechos en una Cataluña independiente”, decía Almas Wahed.

En Torrent de l’Olla, los vecinos y vecinas de Piera vivían una jornada muy alegre, “nosotros somos de pueblo y lo hacemos así, todos juntos, somos del CDR y de la Asamblea y esta es la estelada anarquista”, decía Joan Vera. Joan Vera también pedía libertad, “mi prioridad es la libertad, la libertad para todos los presos políticos, para los exiliados, para todas las personas perseguidas y también respeto, quiero respeto por la libertad de expresión porque este año ha sido una vergüenza. Aquí cabemos todos, simplemente la independencia es una vía”.

 

La libertad siguió inundando y las bocas de los participantes de una Diada Masiva, donde hubo aproximadamente 440.000 inscritos y 1.500 autobuses movilizados de Cataluña y otras partes del Estado.

La banda sonora también se interpretó con acentos y lenguas de otros territorios. El euskera y el inglés fueron los idiomas que se solidarizaron con la sociedad catalana y también pidieron la libertad de los presos y el retorno de los exiliados. Desde el 1 de octubre algo cambió en Cataluña, y en el resto del Estado y no ha sido el exacerbamiento de la patria o de la bandera, sino el de la palabra libertad. El lema “Fem la república catalana” estaba más en pancartas que en las prioridades de las personas entrevistadas, porque Cataluña se encuentra en un estado de excepción en materia de derechos civiles y políticos, y, una cosa irrefutable, a pesar de que les pese también a muchos, es que el independentismo, de momento, tiene una hoja de ruta un poco extraviada.

Es preciso que se abran las orejas, y no solo se oiga, sino que se escuche. Porque la palabra libertad persistió en las demandas de la sociedad catalana mayoritaria durante la Diada 2018.