El Gobierno no descarta que el PDeCAT se parta si Puigdemont mantiene su plan con la Crida

  • Los socialistas creen que los independentistas volverán a retrasar el Congreso fundacional previsto para el 6 de diciembre

Las diferencias sobre el apoyo o no a los Presupuestos Generales del 2019 sólo son la punta –enorme, todo hay que decirlo- del iceberg independentista catalán que lidera el ex president Carles Puigdemont. Un iceberg que oculta la batalla interna de la desaparecida Convergencia que fundó Jordi Pujol, ahora denominada PDeCAT para huir de los casos de corrupción y del famoso tres por ciento de las comisiones que financiaron el movimiento nacionalista del expresident, y que el president en el exilio de Waterloo amenaza con dinamitar de tal manera que miembros del Gobierno socialista señalan en privado que “existe la posibilidad de que el PDeCAT se parta”. Y no sólo por la división de sus diputados de Madrid a la hora de apoyar los Presupuestos de Pedro Sánchez pactados con Pablo Iglesias. También por el proceso constituyente del partido que Puigdemont quiere que sea su alternativa definitiva para controlar los hilos del poder que, a sus órdenes, mantiene Quim Torra como president de la Generalitat. Algo que, obviamente, niegan incluso los críticos de Puigdemont asegurando que la sangre no llegará al río porque –y en eso coinciden con los socialistas- la Crida se ha desinflado.

Para Sánchez y el PSOE, hay dos gobiernos dentro del Govern de Torra, el de los consellers de Puigdemont y el de los consellers de ERC, liderados por Oriol Junqueras desde la cárcel y por Pere Areagonés- el vicepresident- desde el Palau de la Generalitat, que son por los que más apuestan –en las negociaciones bilaterales- para encauzar una salida al conflicto catalán en la medida que representan el “independentismo posibilista”, cuya meta es un referéndum de autodeterminación pactado con el Estado a la manera del de Quebec o el de Escocia.

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Pero los hombres de Sánchez no descartan el apoyo a esa vía posibilista de quienes, desde la tradición convergente, se resisten a formar parte del proyecto de Movimiento independentista catalán que inspira y alienta Puigdemont, el otro independentismo, el “echado al monte” como lo llaman en privado, claramente representado por los dirigentes del PDeCAT derrotados y cuya expresión más evidente son la mayoría de los diputados de Madrid, de los que sigue siendo portavoz uno de ellos, Carles Campuzano.

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Todo pasa por lo que cuaje o no, en breve, el proyecto de constitución de la Crida Nacional per la República de Catalunya que anima el ex president exiliado. De momento, sólo se mantiene la decisión de llevar a cabo la Declaración Fundacional del nuevo partido -que se ha registrado en Interior pero está pendiente de presentar alegaciones a los peros que se le han puesto-, coincidiendo con el aniversario de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), el 27 de octubre en Manresa. Lo del Congreso inaugural a primeros de diciembre ha quedado en el aire aunque Gemma Geis, Toni Morral y Ferrán Mascarell, sus promotores, lo anunciaron oficialmente, hace unos días, para el 6 de diciembre (fecha de celebración de la Constitución Española).

La Crida Nacional per la República (Llamamiento Nacional por la República, en castellano) será un partido político de ideología independentista catalana, según se indicó en su presentación del 16 de julio de 2018. Esa presentación oficial se realizó el 16 de julio de 2018. Y el proyecto fue impulsado por Carles Puigdemont, Quim Torra y Jordi Sánchez aunque sus estrategas fueron David Madí, Agustí Colomines y Ferran Mascarell. Entonces, integrantes del PDeCAT, como Josep Rull o Jordi Turull, se sumaron a esta plataforma desde un inicio, pidiendo a su partido que se uniera con este nuevo espacio político del independentismo catalán.

La idea consiste en constituir un partido que recoja el movimiento independentista más allá de las ideologías, una organización que pretende superar los partidos como mediadores entre las instituciones y los ciudadanos. Hay quien lo ha definido como la organización de una especie de peronismo que recoja todo tipo de corrientes ideológicas en su seno y, singularmente, militantes de otros partidos independentistas e incluso algunos socialistas o de En Comú-Podem, desde ERC a la CUP. Aunque otros consideran que Puigdemont se inspira en la idea de movimiento catalanista de la primera Convergencia Democrática de Catalunya fundada por Jordi Pujol de cara a las elecciones generales democráticas que se celebraron en España en el inicio de la Transición, donde aglutinó desde socialcristianos a socialdemócratas y que se alió con la desaparecida Unió Democràtica de Catalunya porque formaba parte de la Internacional Liberal. La Crida empezó fuerte, con 50.000 apoyos. Pero ahora sólo cuenta con algo más de 5.000 seguidores de pago, aunque se acerca a los 10.000 posibles militantes, según considera el Gobierno central.

Es decir, que se ha ido desinflando pese al apoyo de Puigdemont y sus dirigentes fieles tanto en el PDeCAT y los grupos parlamentarios y municipales que le siguen, así como los dirigentes de la Asamblea Nacional de Catalunya. De ahí que el PSOE y el PSC concluyan que podría retrasarse el Congreso fundacional, como sucedió el pasado 1 de octubre, fecha en la que se quiso ya llevar a cabo y acabó postergándose a finales de noviembre o primeros de diciembre, lo ahora recogido en la actual hoja de ruta.Una hoja de ruta, por cierto, que se elaboró pensando que el juicio contra los presos del Procés se celebraría este trimestre y las sentencias se darían en enero o febrero.

El hecho de que el juicio pueda retrasarse, como parece, al primer trimestre del año que viene y que las sentencias se hagan públicas después de las elecciones municipales y europeas de mayo, dicen en Madrid, ha dejado todo en el aire. De ahí, también, que no se descarte el retraso del Congreso fundacional de la Crida que incluso los dirigentes del PDeCAT que no sintonizan con Puigdemont temen más que a un nublado por lo que podría suponer de que el expresident aproveche la nueva organización para “barrer” a los dirigentes que apoyaron a la anterior líder, Marta Pascal.

Unos dirigentes entre los que se encuentran la mayoría de los diputados que ahora deben decidir si apoyan o no los Presupuestos de Sánchez. En el seno de su grupo, dicen algunos, sólo dos de sus ocho miembros son partidarios incondicionales de Puigdemont y que mayoritariamente son favorables a negociarlos para no perder los 2.200 millones de más –respecto a la posible prórroga de los actuales- que se llevaría Catalunya. Entre otras razones. Lo que no excluye que reclamen la puesta en libertad provisional de los presos que encabeza Oriol Junqueras, el ex vicepresident de la Generalitat y líder de ERC. De hecho, señalan, lo ideal, a su juicio, que, mientras esperan el juicio, sean puestos en libertad porque –y en ello coinciden incluso con algunos ministros de Sánchez- es más que improbable que se fuguen como hizo Puigdemont, que es la única razón  presuntamente de peso que mantiene el juez Llarena para mantenerlos en prisión preventiva. En eso, repiten una vieja consigna del movimiento nacionalista vasco: “Para Navidad, todo en casa”. A lo que añaden que eso sí que facilitaría el acuerdo presupuestario, lo que permitiría a Sanchez seguir gobernando hasta 2020 en vez de convocar las elecciones para el otoño de 2019, lo que hará si no saca las nuevas cuentas adelante.

Incluso sin que se consume esa posibilidad –difícil por la actitud del Tribunal Supremo, según todos los partidos interesados-, sumando unas cosas a otras (problemas específicamente catalanes como la elección de altos cargos institucionales de Catalunya que provocan diferencias entre Puigdemont y sus críticos además de con sus socios republicanos del Govern, a los que añaden las tensiones que cuestionan la gobernabilidad puestas de manifiesto en el Parlament), el Gobierno central no descarta la ruptura, cuando menos del voto presupuestario en el Congreso, del propio PEdCAT. Aunque, todo hay que decirlo, precisan que es un tema interno y que, dentro de la lealtad de la reconstrucción del diálogo que resuelva el conflicto en Catalunya, no jugarán de ninguna manera a ahondar la menor herida.