Los vuelos oficiales de Sánchez revelan las limitaciones de la ley de transparencia española

  • La negativa a aportar información detallada sobre vuelos oficiales surgió en el mandato de Mariano Rajoy, tras una petición de información al Ministerio de Defensa
  • Desde la llegada de Sánchez al Gobierno, la oposición ha realizado numerosas peticiones de información pública, hasta del coste de las gafas de sol del presidente

282,92 euros es la cifra dada por el gabinete del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, del gasto que supuso su viaje a Castellón para acudir al Festival Internacional de Benicàssim. Un viaje que saltó a primeras líneas informativas, puesto que el presidente sacó a volar el Falcon, el avión presidencial. Para excusar su utilización, realizó una visita de una hora al presidente valenciano, Ximo Puig, y a la alcaldesa de la localidad de Benicàssim.

Los 283 euros, cifra facilitada por el equipo del presidente del Gobierno, excluyen los gastos de fletar el avión presidencial, permisos de despegue y aterrizaje, desplazamientos internos y otros gastos. Estos 283 euros tan solo incluyen gastos de protocolo y representación, algo que deja muy lejos una aproximación al importe total del viaje.

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¿Por qué no es posible conocer el gasto total del viaje? Desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno, la oposición ha sido constante en la denuncia -en algunos casos incluso exagerada- de los gastos públicos del presidente.

Y Sánchez decidió declarar como secreto oficial los gastos derivados del Falcon presidencial. El Ministerio de la Presidencia certificó el pasado mes de agosto que el viaje de Pedro Sánchez a Castellón del pasado mes de julio, cuando asistió al Festival Internacional de Benicássim (FIB), es un secreto oficial sobre el que no puede revelarse información por ser “clasificada”.

Así constaba en una respuesta otorgada a través del Portal de la Transparencia. Dentro del secreto oficial se encuentran el gasto de fletar el avión, los de aterrizaje y despegue en el -infrautilizado- aeropuerto de Castellón y quiénes acompañaban al presidente en este viaje al festival.

Similar fue el movimiento de Sánchez para evitar dar información sobre el coste, acompañantes y otros datos de los viajes del presidente en su gira latinoamericana, en el mes de agosto. En octubre volvió a nombrar esos viajes como “vuelos secretos”. Algo que no ha contentado al Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, entidad que llamó la atención al presidente del Gobierno en plenas vacaciones de Navidad por abusar del secreto oficial para ocultar los viajes oficiales que realiza.

Vuelos secretos, una artimaña de antaño

Las estrategias para evitar dar nombres e incluso cifrar los gastos de viajes oficiales vienen de antaño. En 2015, Civio inició una investigación sobre las personas que viajaban en esos vuelos oficiales, y que eran ajenas a altos cargos.

En esa investigación surge la negativa del gobierno a aportar la lista de acompañantes en un vuelo oficial. Algo que se consiguió en el mandato de Rajoy, desde la cartera de Defensa, cuando en octubre de 2017 la Audiencia Nacional instó al gobierno del expresidente a responder a la solicitud realizada por Civio y dar información sobre viajes oficiales de altos cargos y Casa Real. Sin embargo, amparó el derecho a no revelar los nombres de los acompañantes de los cargos oficiales que viajen en esos vuelos.

Un amparo al secretismo que se vio reflejado en la discordancia de datos entre la realidad y los aportados meses después por el gabinete de Rajoy a raíz de la ley de transparencia. Defensa otorgó una lista de nombres a la redacción de El País tras una petición de información pública, que semanas después se comprobó que era incompleta e insuficiente, puesto que en algunos de esos vuelos oficiales requeridos por la redacción de El País parejas de asesoreshabían volado, incluso, del gobierno de Rajoy.

Las peticiones de transparencia al presidente

El último ‘fuego’ creado por la oposición contra el presidente del Gobierno en materia de gastos públicos ha sido su utilización de la casa ‘La Mareta’, una residencia oficial situada en Lanzarote, y que fue un presente al rey Juan Carlos por el monarca Hussein I de Jordania.. Una visita y una utilización de la residencia oficial que desató las críticas de la oposición, por el gasto público que ello conllevaba.

Unas críticas por parte de la oposición que olvidaban que La Mareta también ha sido cobijo vacacional para el expresidente del Gobierno José María Aznar y su mujer, Ana Botella, quien ha saltado a las líneas informativas estas vacaciones de Navidad, tras ser condenada por la venta de vivienda pública a fondos buitre.

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El mandato de Sánchez comenzó con la primera petición de transparencia al presidente por parte de la oposición. Fue el Partido Popular, quien preguntó al recién llegado a La Moncloa sobre las gafas de sol que lucía en una fotografía que el gabinete de comunicación del presidente distribuyó días después de su llegada a al presidencia. ¿Son gafas graduadas?“, preguntaron los populares al presidente del Gobierno, tras la distribución en la cuenta de Twitter de La Moncloa de unas fotografías subido a bordo del Puma oficial.