Novedad en 2019: la Tarjeta Social frente al desguace del Estado del Bienestar

  • El Gobierno pone en marcha una herramienta para incrementar la conciencia de las prestaciones sociales
  • La iniciativa de la ministra Valerio abarca a más de 12 millones de personas con derecho a pagas y servicios de 110 entidades

Los españoles estrenarán una Tarjeta Social. Será una novedad del año 2019. La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, la ha bautizado con un nombre pretencioso –Tarjeta Social Universal-- como si sirviera para todos los planetas, pero quitando esa tendencia a la hueca sonoridad los ciudadanos de un Estado del medioestar dispondrán de un distintivo del que carecen quienes desviven al albur de capitalismo rampante y el estado mínimo.

Según las explicaciones de la ministra Valerio a las diputadas de Unidos Podemos Ana Marcello y Ana Belén Terrón, la TSU se ha ideado como un sistema de información y servicios en el ámbito de la protección social en España. Su base más inmediata es el Registro de Prestaciones Sociales Públicas (RPSP), que contiene la información correspondiente a más de 12,2 millones de personas con derechos reconocidos a recibir pagas y servicios de un total de 110 entidades públicas y algunas privadas conectadas al presupuesto público.

Sostiene el Gobierno de Pedro Sánchez que después de 20 años de servicio, el RPSP deja paso a la TSU como sistema de información y servicios en el ámbito de la protección social en nuestro país, con una proyección mucho más ambiciosa en tanto que la información a integrar se extiende a todas las prestaciones sociales económicas que reciben los ciudadanos por parte de todas las administraciones y entidades que gestionan protección social.

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Esto significa que la Administración General del Estado, las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales tendrán una base común de datos con el perfil subjetivo de los titulares de los derechos reconocidos según el nivel de renta, la pertenencia a familia numerosa, el grado de discapacidad, dependencia, ayuda a la juventud, desempleo, demanda de empleo y otras informaciones que resulten de interés para construir, analizar y mejorar el mapa de la protección social.

Añade el Gobierno que la Tarjeta Social Universal se va a desarrollar con un soporte tecnológico mucho más avanzado que la simple base de datos del actual Registro de Prestaciones. Así, la TSU va a integrar todas las prestaciones económicas públicas, ya sean pensiones básicas o complementarias; contributivas, no contributivas y asistenciales; prestaciones temporales como los subsidios por incapacidad temporal, maternidad, paternidad, riesgo durante el embarazo y la lactancia; prestaciones y ayudas de pago único. En definitiva, toda prestación social o ayuda de contenido económico destinada a personas o familias.

Si en teoría parece que se trata de una "tarjeta para pobres" con la que acreditar el estado de necesidad, en la práctica cualquier ciudadano es susceptible de quedar integrado en la TSU, con independencia de su nivel social. Así lo dice la ministra Valerio antes de contar a las diputadas de Podemos las tres funciones básicas de la novedosa tarjeta en la primera fase de implantación.

La primera consiste en ofrecer al ciudadano un acceso sencillo y seguro a través de un portal web ubicado en las sedes electrónicas de las Administraciones Públicas implicadas, con una aplicación (APP) para descargar en soportes móviles (teléfonos móviles y tabletas) toda la información que obre en el sistema sobre su persona, ya sea en formato informe, ya en formato certificado, con todas las garantías de seguridad, confidencialidad y autenticación.

La TSU se convertirá también en “el principal bastón de apoyo” para la toma de decisiones en el diseño de las políticas sociales por parte del gobierno de turno. El actual sostiene que la implantación del nuevo sistema no supondrá coste añadido y se financiará con los recursos propios del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social.

La tercera función básica del invento podría considerarse ideológica, pues en tanto cada ciudadano disponga de información permanente sobre las prestaciones y ayudas que percibe o ha recibido adquirirá una mayor conciencia sobre el Estado del Bienestar y los beneficios que derivan de la solidaridad social para todos.

Lo demás, la voracidad privatizadora deja al que nace sin nada y solo puede vender su fuerza de trabajo en las condiciones que describía hace un siglo el periodista maldito Rafael Barrett, natural de Torrelavega (Cantabria) y expulsado de varios países: “Por cada homo sapiens bien alimentado, arropado y alojado, nueve padecen el hambre y el frío. Es un caso único, porque no conocemos ninguna especie en que haya nueve animales desollados por uno con pellejo”. Eso decía y a esa situación pretende arrastrar a los humanes el neoliberalismo salvaje, la más necia forma de gobierno capitalista.