El Senado, una pieza más en la estrategia del PP de desgaste al Gobierno

  • En las últimas semanas, el Senado ha sido campo de batalla entre un PP con una holgada mayoría y un PSOE en clara inferioridad numérica

Son pocas las ocasiones en las que el Senado logra eclipsar las actividades del Congreso. Pero durante esta convulsa legislatura, los focos han apuntado a la Cámara Alta más de una vez, ya sea por la trascendencia de tener que aprobar la aplicación del artículo 155, por su capacidad para tumbar el techo de gasto o por algunas broncas que protagonizan los dos principales partidos. La última provocó que PSOE, ERC y PDeCat abandonasen el pleno cuando el PP quiso forzar al presidente del Gobierno a comparecer mientras Pedro Sánchez estaba en Davos. 

Un vistazo a los portavoces de los grupos mayoritarios sirve para dar cuenta de lo convulso de la legislatura. Ramón Espinar dejó sus cargos de Unidos Podemos hace unos días, incluida la portavocía que recayó en Pilar Garrido, el PSOE ascendió a Ánder Gil cuando Pedro Sánchez ganó las primarias del partido en 2017 y el PP hizo lo mismo con Ignacio Cosidó cuando Pablo Casado conquistó la dirección del PP. El Senado será también la primera de las dos cámaras estatales en recibir a un senador de la formación ultraderechista Vox. En este caso, será Francisco José Alcaraz, expresidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el que ocupará un asiento por Andalucía.

Si en el Senado el PP goza de comodidad aritmética, las elecciones de 2016 dejaron un Congreso fragmentado en el que la ausencia de mayorías absolutas ha permitido giros de guion inesperados a mitad de mandato, como fue el triunfo de la moción de censura que hizo presidente a Pedro Sánchez. Pero algunos socialistas creen que al PP le ha costado aceptar esta nueva aritmética y sobre todo, el cambio de Ejecutivo que posibilitó. Si durante el Gobierno de Rajoy PP y Ciudadanos bloqueaban algunas de las iniciativas de las oposición en la Mesa del Congreso, ahora también utilizan la Cámara Alta para torpedear al Ejecutivo. De hecho, el portavoz del PSOE en el Senado afirma que Cosidó "confunde sus intereses partidistas con la institución del Senado".

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En las últimas semanas, el Senado ha sido campo de batalla entre un PP con una holgada mayoría (144 senadores de 256) y un PSOE en clara inferioridad numérica (61 representantes), pero dispuesto a  aprovechar cualquier oportunidad para poner en evidencia al rival. El pasado día 24 de enero, esta enemistad se materializó en la imagen de los senadores de PSOE, ERC y PDeCat abandonando el pleno extraordinario convocado por el PP para obligar al presidente del Gobierno a comparecer... mientras estaba en Davos. "Querían la imagen de la silla vacía", recuerdan desde las filas del PSOE.

Pero para los socialistas, las imposiciones del PP en el Senado significan algo más: la "ruptura de los consensos" tejidos desde el 78 en la práctica parlamentaria.

Una oposición más dura con Casado

Los socialistas creen que Pablo Casado se lo ha puesto 'fácil' sustituyendo en julio al anterior portavoz, José Manuel Barreiro, por alguien con tanta mochila política como Cosidó, exdirector de la Policía y cuyo nombre se ha visto vinculado en la 'Operación Kitchen'. De hecho, creen que muchas de sus acciones obedecen a una estrategia "torpe", pero también a un interés personal del portavoz por crear una cortina de humo.

Lo que preocupa a los socialistas es la degradación institucional a la que los populares someten a la Cámara, por ejemplo, creando comisiones de investigación por intereses partidistas, como la encargada de investigar la tesis de Sánchez, que aún no ha echado a andar, o la de financiación de los partidos, en la que están prácticamente solos.

Una lealtad sin reciprocidad

Si en la aplicación del 155, el PSOE apoyó al Gobierno de Rajoy asumiendo el coste de la medida, los socialistas creen que los de Casado no han prestado la misma lealtad para los temas de Estado al gobierno de Sánchez, una estrategia que el PP extiende a todas las plazas políticas, desde el Congreso al Senado, pasando también por la política internacional.

Como ejemplo, la posición sobre Venezuela. Apenas unas horas después de la autoproclamación del presidente de la Asamblea, Juan Guaidó, tanto el 'popular' Pablo Casado como el 'ciudadano' Albert Rivera exigieron al presidente su reconocimiento. "En España, la derecha no dudó en utilizar este conflicto para intentar desgastar al Gobierno", explican los parlamentarios socialistas.