Joan Subirats: “Hay que evitar el conflicto entre los hipsters verdes y el pueblo tradicional”

  • Entrevista al candidato número 2 de Barcelona En Comú

Comienza la campaña electoral para las elecciones municipales. Barcelona será uno de los grandes tableros de juego. Las encuestas vaticinan que Barcelona En Comú, con Ada Colau como cabeza de lista, y ERC, con Ernest Maragall, ocupan las primeras posiciones muy igualados. Jaume Collboni, del PSC, Manuel Valls, apoyado por Ciudadanos, y Elsa Artady, de JxCat, completan la cartera de los principales candidatos.

Tras cuatro años de gobierno, habiendo convertido a esta ciudad en la que más invierte en materia social del Estado, Colau busca revalidar el mandato. Para ello, incorpora a sus listas a Joan Subirats (Barcelona, 1951), quien ocupa la segunda plaza en la candidatura. Hablamos con este doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona y catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona sobre los últimos años de la capital catalana y el proyecto que aspira a materializar en los siguientes.

— Hubieron dos cuestiones ajenas al ayuntamiento que marcaron la pasada legislatura. El atentado terrorista fue una de ellas. Llamó la atención la rápida respuesta del ayuntamiento evitando una reacción xenófoba.

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— Lo primero que se hizo fue evitar una lógica de que se relacionara atentado con islamofobia. Fue muy importante el trabajo con las comunidades musulmanas de la ciudad para implicarlas en el proceso de denuncia del atentado y de duelo. Enseguida colaboraron, también las entidades magrebíes o paquistaníes, toda la gente que forma de ese gran conglomerado de nuestra ciudad.

Esto tuvo otras derivadas. El plan de radicalización que se había comenzado en las escuelas. Entendíamos que hablar de radicalización islámica podría provocar una deriva de estigmatización y conseguimos que el Consorci d'Educació, que compartimos con la Generalitat, hable de radicalización violenta, en un sentido mucho más amplio. Este conjunto de temas fueron decisivos para que se evitara relacionar el terrorismo con una religión determinada.

— El otro tema transversal durante toda la legislatura fue el Procés. Parece que, en cierta medida, se ha adoptado el discurso del ayuntamiento, que fue tildado de equidistante, como una posible solución.

"Los hechos de 2017 siguen pesando como una losa"

— Hemos pasado por situaciones de un gran dramatismo y conflictividad. Los hechos del último trimestre del 2017 siguen pesando como una losa porque han tenido derivadas detenciones, la declaración unilateral de independencia, exilio... Evidentemente, tanto el ayuntamiento como Barcelona En Comú pretendió que quedara muy clara la condena ante cualquier atentado a los derechos políticos e individuales de las personas, que no estábamos de acuerdo en la judicialización de un conflicto que tiene una base de no reconocimiento de una realidad nacional que es innegable.

A partir de ahí, nos adentramos en el terreno al que han ido entrando una parte del resto de fuerzas políticas que es que es necesario encontrar un marco de reconocimiento mutuo, de diálogo, una solución consensuada que será larga, pero que acabe en dos elementos: el reconocimiento de la realidad nacional de Catalunya, desde nuestro punto de vista en un estado plurinacional y no en un proceso de independencia, pero también en un reconocimiento de la necesidad de que esto se avale a través de una consulta. Una consulta que abarque a Catalunya o, si implica algún cambio constitucional, un referéndum que abarque también al resto del Estado español.

— ¿Qué valoración hace del anuncio de Miquel Iceta como presidente del Senado? ¿Su figura puede favorecer el diálogo?

"Iceta conoce muy bien Catalunya"

— Se ha hecho mal el proceso, se ha anunciado cuando Iceta ni siquiera es Senador. Hay un proceso intermedio que se ha pretendido salvar y que es necesario proceder a ello. Es una persona que tiene que formar parte de las listas que el Parlament decida para enviar como senadores autonómicos. Si dejamos los aspectos formales, en los aspectos sustantivos, desde mi punto de vista es positivo.

Iceta es una persona que conoce muy bien la realidad de Catalunya, no creo que comparta la hipótesis de que una nueva aplicación del 155 pueda resolver algo. Que buena parte de la población catalana siga situada en posiciones independentistas necesita una solución política y no judicial o represiva. El nombramiento de Iceta podría ayudar a ello, con sus vaivenes, ha tendido a reconocer la realidad nacional de Catalunya, ha hablado, también con vaivenes, de la necesidad de hacer consulta. Desde mi punto de vista, es un anuncio positivo.

— Se habla mucho del voto dual, incluso a tres bandas, en Catalunya. ¿Cree que la pérdida de votos de En Comú Podem en las generales puede arrastrar a una pérdida de votos en las municipales?

— Para no irnos a épocas pasadas, como cuando en Sabadell y en muchos municipios ganaba el PSUC en las municipales, Convergència en las autonómicas y el PSC en las generales, nos vamos a las generales del pasado 28 de abril en València ciudad. Compomís sacó un 7% en las generales y un 21% en las autonómicas y ganó. En el mismo momento, un 14% votó cosas distintas. Tenemos constancia de que esto sigue siendo así.

En el caso de las elecciones del 26 de mayo, la última encuesta que hemos visto, la de El Periódico, demostraban algo de esto. ERC podría ganar las elecciones locales por un 2% más de voto. En cambio, cuando se preguntaba a qué persona prefieren en la Alcaldía, el 24% prefieren a Ada Colau y el 18%, a Ernest Maragall. Había 6 puntos de diferencia en preferencias para la Alcaldía. Es obvio que, al situarse en la opción de partido y al ser pocos días después de las generales, ERC seguía siendo la preferencia, pero al hablar de la ciudad, se prefería a Colau. Ahí hay una línea que nos permite ser optimistas e imaginar que la traslación mecánica de los resultados de abril a mayo no tiene por qué funcionar.

— Han propuesto llevar a cabo un New Green Deal en Barcelona. ¿Qué es?

"Más de 200 muertes al año se atribuyen a la contaminación"

— Tenemos la constatación de que ya no hay que hablar de cambio climático, sino de emergencia climática. Tenemos datos de la Agencia de Salud de Barcelona y de muchos investigadores que demuestran que más de 200 muertes al año se pueden atribuir directamente a la contaminación atmosférica provocada por el tráfico y la movilidad en vehículos privados en Barcelona. Barcelona es la ciudad más densa de Europa, tiene una extensión de 100 kilómetros cuadrados, de los cuales 18 son de sierra, en el Tibidabo y 1.600.000 habitantes. Madrid tiene 600 kilómetros cuadrados y el doble de población. Este nivel de densidad es muy alto y aumenta los niveles de contaminación.

Por otro lado, sabemos que los vehículos privados ocupan el 60% del espacio público de la ciudad y solo representan el 20% de los desplazamientos. Esto indica una línea directa para trabajar: reducir la presencia de automóviles y otros vehículos contaminantes en la ciudad. Esto se consigue con actuaciones muy concretas, como la reducción de tráfico en zonas importantes de la ciudad usando las superilles que hemos implantado en distintas zonas, la reducción de velocidad, ahora hay un 50% de calles de velocidad 30 y la idea es pasar a un 75% de calles, y promover formas de disuasión de acceso a la zona central.

Lo que hemos de evitar es lo que ha pasado en distintas partes del mundo, donde esto se ha visto como un tipo de actuación que al final acaba perjudicando más a los que menos tienen, porque son los más necesitados de seguir manteniendo sus pautas de movilidad y transporte, con coches antiguos... Tenemos que evitar que se dé este tipo de conflicto, de contraponer a los hipsters verdes con el pueblo tradicional en el uso de sus medios tradicionales de transporte, que es lo que está haciendo Donald Trump. No podemos desconectar la lucha contra la emergencia climática y por una mejora de la salud pública de la lucha contra la desigualdad. Si no conectamos estos dos extremos, nos equivocaríamos.

— El ecologismo y el feminismo son los movimientos sociales más potentes de hoy. ¿Qué aportará Barcelona En Comú en materia feminista?

— El planteamiento de Barcelona En Comú ha sido muy potente. No solo en relación a los feminismos, también a los temas de género en general. Hemos abierto un centro LGTBI pionero en España con un nivel de aceptación y uso altísimo. Hemos abierto un centro de atención a las personas cuidadoras, pues tiene un sesgo de género muy importante. Hemos trabajado para evitar la segregación de género en temas culturales, por ejemplo, se ha hecho una auditoría potente en materia cultural en relación a los festivales que el ayuntamiento organiza y los equipamientos culturales. En la bienales de pensamiento y de ciencia que hemos impulsado, en ambos casos ha habido una gran presencia femenina. En muchos ámbitos se ha trabajado esta línea de reforzamiento de los temas de igualdad y reconocimiento a la diversidad.

— Una de las banderas que levanta Barcelona En Comú es las políticas de vivienda, pero, al mismo tiempo es una de las más criticadas por la oposición...

— Es evidente que hay una fijación en atender un tema concreto que ha tenido realmente problemas de implementación, la construcción de un número de viviendas en estos cuatro años, sin atender lo que implica todo el proceso anterior. Algunos partidos hablan de que construyeron más vivienda pública de la que ha construido Barcelona En Comú durante este tiempo sin recordar que esas viviendas, que en su inicio eran públicas, han acabado todas en el mercado privado porque no fueron protegidas.

El problema de falta de política pública vivienda en España es evidente, se ha optado por la desgravación fiscal como elemento central, no se ha protegido el régimen de tenencia de la propiedad privada, no se ha pensado en lo que implicaría un cambio de orientación en el mercado de alquiler... Ahora estamos en ese momento en el que Barcelona tiene un 1% de vivienda pública disponible cuando el promedio en Europa es del 17%. Atribuir ese problema a los últimos cuatro años de Colau es mezquino desde mi punto de vista.

Hemos hecho un conjunto de actuaciones que ya han tenido resultados. Se han entregado 700 viviendas en este periodo, están en marcha 32 promociones más, se han sacado 5.000 viviendas que estaban ilegalmente en proceso de oferta como pisos turísticos, se ha hecho un plan de adecuación de los apartamentos turísticos y plazas de hotel para evitar la gentrificación en la zona central, hay determinadas zonas de la ciudad donde se prevé que los efectos del mercado sean mayores en los que el ayuntamiento podrá comprar edificios antes que los fondos inmobiliarios...

Hay una línea de actuación muy amplia y esto se ha hecho sin apoyo del Govern, de JxCat y ERC, ni del Gobierno del Estado, que no ha querido entrar a regular los precios de alquiler. La última medida es que el 30% de las nuevas promociones tengan que destinarse a vivienda asequible. Colau, en la campaña, ha puesto de relieve que ese 30% lo vamos a elevar al 50% en los barrios donde la presión gentrificadora ha sido más alta.

— Determinados medios de comunicación hacen hincapié en que en Barcelona ha aumentado la inseguridad. ¿Es asi?

"Me gusta más hablar de inseguridades que de inseguridad"

— Barcelona sigue siendo una de las ciudades más seguras del mundo. Cualquier persona que haya viajado y venga a Barcelona lo puede comprobar. Han aumentado en el último periodo los hurtos. Este delito está muy conectado con la situación de inseguridades. A mí me gusta más hablar de inseguridades que de inseguridad. Muchas inseguridades están relacionadas entre sí. Si hay una inseguridad enorme en el mundo del trabajo, un 20% de las personas que van a nuestros servicios sociales están trabajando, si hay una situación de falta de papeles de personas en la ciudad que no pueden encontrar trabajo... No podemos estigmatizar a estos colectivos, pero hay que entender que este conjunto de inseguridades creen inseguridades en otros campos.

Otro factor importante es que desde hace siete años no se convocan plazas de Mossos d'Esquadra. Se ha cerrado la comisaría de los Mossos de Plaça Catalunya, el terrorismo ha obligado a destinar más efectivos a lugares estratégicos de la ciudad, las presiones del poder judicial ha hecho que hubiera un auto que obliga a los mossos a vigilar permanentemente la Audiencia, Fiscalía, Juzgados... Si no han llegado más efectivos, se nota. La Guardia Urbana, que ha aumentado efectivos, hace el 60% de detenciones en la ciudad y esa no es su razón de ser. Este elemento también hay que considerarlo.

— Para finalizar. En la campaña de las generales hemos visto cómo Unidas Podemos o En Comú reivindicaban logros de la gestión de Barcelona En Comú, como Barcelona Energia o el dentista municipal. ¿Hasta qué punto las ciudades pueden paliar los déficits sociales del Estado?

— Estamos acostumbrados desde 1945, al menos en Europa, de que las políticas redistributivas estén en manos de los estados o de las administraciones subestatales, como las autonomías. Las ciudades tenían un papel primario en este tema. Estamos viendo que la situación de dejadez y de retirada de los estados y autonomías en algunas políticas ha hecho que los ayuntamientos, además de sus competencias, tengan que ocuparse de las incumbencias. Las incumbencias en las calles de la ciudad a las que el gobierno local no puede dejar de atender.

Las ciudades están yendo más allá de lo que sus presupuestos y competencias les permiten. Es una realidad en la que vamos a ir entrando cada vez más. Barcelona tiene la ventaja de que, por la ley de grandes ciudades, tenemos consorcios de salud o de educación compartidos por la Generalitat en un 60% y en el Ayuntamiento en un 40%. Estamos dispuestos a ir más allá y aumentar nuestra implicación, entendemos que somos el gobierno de la proximidad y estamos obligados a proteger a la población. A lo largo de los próximos años veremos una exigencia mayor de las ciudades para obtener más competencias. Los gobiernos locales no pueden dejar de atender lo que ocurre en primera línea ni refugiarse en déficits competenciales.