Nace el Madrid exclusivo para millonarios y “gente bien”

  • Las “grandes catedrales de la banca” que vio Trotski son ya el 'triángulo de oro' para ricos
  • La penúltima administración del PP facilitó a Villar Mir la desproporción y el urbanicidio de la 'operación Canalejas' en el corazón de la capital

El joven Leon Trotski se sintió impresionado por los grandes edificios de la banca que jalonaban la calle de Alcalá hasta la Puerta del Sol. En su libreta escribió: “Aquí el capital tiene sus sedes en grandes catedrales”. El agitador ucraniano venía huyendo de Francia y fue recibido en Madrid por el también joven socialista Luis Araquistáin, quien lo acogió en su casa, lo paseó por la villa y lo despidió días después hacia Barcelona, donde embarcó. Al periodista y profesor Araquistáin debemos la traducción y publicación de las notas Sobre España, un monumento a la ingenuidad del que luego fue gran revolucionario soviético y jefe del Ejército Rojo.

De aquellas “catedrales” del capitalismo usurario que tanto llamaron la atención de Trotski en 1909 no queda hoy ni el nombre ni el uso ni la altura. Han crecido. El tiempo todo lo cambia. Y un siglo y una década después, los siete edificios históricos que albergaban viviendas y sedes de bancos (Banesto, Central-Hispano, Santander, Zaragozano) en el eje Canalejas-Sevilla-Sol han pasado a llamarse “el triángulo de oro”.

Esa figura geométrica del ojo de dios en el corazón de Madrid quedó reservada para gente con mucha ciruela, de “alto standing” le dicen, cuando la derecha ganó las elecciones de 2011 por mayoría absoluta. Fue así por obra y gracia de unas autoridades locales y autonómicas con nombres y apellidos: los dúos del PP Gallardón-Botella y Aguirre-Nacho González. En 2013 dieron licencias, cambios de uso y permisos para hocicar hacia abajo y aumentar la copa del sombrero por arriba a los grandes amigos y “donantes” de fondos al partido, el Grupo Villar Mir y su constructora OHL, según las anotaciones y testimonios del que fuera tesorero del partido, Luis Bárcenas.

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El edificio original del Banco Santander en la plaza de Canalejas y el crecimiento añadido por el Grupo Villar Mir. / LD

Ya es sabido que el exministro de Hacienda de Franco y presidente del Grupo, Juan Miguel Villar Mir, dijo hace un año en el Congreso de los Diputados que nunca había entrado en el juego de la corrupción para obtener obras y contratas y que todo era “una invención de Bárcenas”. Su yerno y exconsejero de la constructora OHL, Javier López Madrid, procesado en la trama Gürtel y compi yogui de la reina Letizia, declaró no saber nada de un pago de 530.000 euros al PP nacional, anotado por el famoso novelista Bárcenas. Pero conviene recordar el contexto para observar los cambios urbanos, atisbar la alquimia que convierte las piedras en oro y entender, como decía el gran Manuel Alcántara, que lo curioso no es cómo se escribe la historia, sino cómo se borra.

La del Triángulo de Oro o Complejo Canalejas es la historia de una desproporción, un urbanicidio perfectamente legal (faltaría más) a punto de culminar en un hotel de cinco estrellas Four Seasons con 200 habitaciones y una treintena de apartamentos; una galería comercial de 15.000 metros cuadrados, distribuidos en tres plantas, que albergará joyerías, firmas de moda y espacios gastronómicos con acceso por el subsuelo y desde la plaza de Canalejas y la calle de Alcalá; las 22 viviendas de lujo más caras de Madrid; 400 plazas de garaje, un intercambiador subterráneo de autobuses, acceso a los ferrocarriles subterráneos y otros servicios de subsuelo. Villar Mir se adjudicó también la concesión del aparcamiento público de la calle Sevilla.

Del nuevo complejo catedralicio solo queda la fachada. / LD

Los edificios históricos han sido vaciados, los patios interiores han sido eliminados para ganar unos mil metros cuadrados de construcción, la altura original de varias fincas se ha rebasado escalonadamente en cuatro plantas, dando lugar a magníficas terrazas y un ático de ensueño. Cuentan que estas viviendas, cuyo valor se cifra en 15.000 euros el metro cuadrado, han sido diseñadas por Luis Bustamente, al parecer uno de los interioristas más reputados de España por su capacidad de mezclar el arte clásico y el contemporáneo. No obstante, la elevación de los edificios no puede considerarse tal, pues técnicamente se trata de una “homogeneización de las azoteas”. Y aunque los edificios se han vaciado por dentro y las cornisas se han igualado, lo cual es lógico, las fachada se mantienen “intocables”. Esa era la condición, aunque luego las obras hayan provocado la silenciosa demolición y sustitución de un tramo de fachada en la calle de Alcalá.

La exclusividad para millonarios, turistas de “alto standig” y gente bien del Triángulo de Oro ha ocasionado algún trastorno a los madrileños de a pie, ya definitivamente desalojados del corazón de la villa, pues a fuer za de profundizar en el subsuelo arenoso han interceptado la “línea roja” del Metro, la dos, además de una gran tubería de gas, con riesgo de explosión. La línea del suburbano lleva ya cinco meses fuera de servicio, de modo que la gente se ve obligada a apearse en la estación de Retiro e ir andando, en taxi o en autobús para llegar a la Puerta del Sol, sin que hasta el momento hayan explicado la causa y razón de tan prolongada avería.

Consumada la operación que comenzó en 2012, en plena crisis, con la compra al Banco de Santander del complejo de la plaza de Canalejas –Villar Mir dijo que acometía esa inversión de 500 millones de euros por su “confianza total en la economía española”--, el Grupo comenzó a hacer caja hace un año. En febrero de 2018 vendió el 50% del complejo al empresario israelí del juego Mark Scheinberg, fundador de la firma online Poker Stars, por 225 millones de euros, con lo que se anotó una plusvalía de 82,8 millones de euros. Por su parte, OHL vendió otro 17,5%, recortando su porcentaje desde el 35% hasta el 17,5% del negocio.

Mientras culminan las obras todavía se ven vendedores ambulantes de claveles, juguetes animados y hasta cerezas del valle del Jerte junto a las vallas de la plaza de Canalejas. También resisten los mendigos con sus rudimentarios carteles pidiendo para comer. Son incómodos y andrajosos, afean el paisaje. Pronto desaparecerán. Y el nuevo espacio peatonal será ocupado por terrazas de establecimientos del comercio y el bebercio con nombres impronunciables. Si alguien hubiera propuesto convertir en viviendas sociales las sedes catedralicias de la gran banca (en desuso) le habrían tomado por loco o, cuando menos, más ingenuo que el joven Trotski. Por eso nadie lo hizo, ni siquiera los indignados del 15-M de 2011 que allí acamparon.