Iglesias da los primeros pasos hacia la reparación territorial del partido

  • La ardua tarea de reconstruir Podemos ha recaído en Alberto Rodríguez, nuevo secretario de Organización
  • La reparación orgánica tiene en Madrid, La Rioja, Cantabria y Castilla-La Mancha, lideradas por gestoras, cuatro focos

Los resultados de Podemos en los últimos comicios han provocado que los de Pablo Iglesias hayan comenzado, a la fuerza, un proceso de reflexión. Por el momento, este sábado ha llevado a cabo una profunda renovación de su Ejecutiva, tanto en funciones como en nombres. Una nueva legislatura más estable, con un parón electoral, podría ser una buena oportunidad para reconstruir el partido. Esa primera columna tiene nombre propio: Alberto Rodríguez, nuevo secretario de Organización. Podemos deja atrás una legislatura de gloria y dolor, caracterizada por los estallidos orgánicos y los giros políticos.

El primer paso de la nueva hoja de ruta poselectoral fue la reunión con el grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados esta semana. El  próximo martes, Iglesias se verá con Pedro Sánchez para negociar la investidura del líder socialista y, en medio, el sábado ha celebrado el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos.

Los debates más sonados en los medios, como la posibilidad de un Vistalegre III, no traspasaron la puerta de la Sala Nueva del Círculo de Bellas Artes, donde se reunía el Consejo Ciudadano. No se habló de dimisiones y la propuesta de la nueva ejecutiva se aprobó sin votos en contra. Los resultados generales fueron malos, pero los barones territoriales llegaban también debilitados a la reunión y, por tanto, no hubo contestación interna. En su intervención en abierto, Iglesias les recordó que los resultados de los comicios de abril fueron mejores que la media de mayo.

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Además, una de las federaciones más legitimadas a nivel interno, la andaluza, tampoco levantó el hacha de guerra y prefirió hacer peticiones programáticas, mientras el secretario general de Podemos en Murcia, Óscar Urralburu, anunció ante los medios que había propuesto a Iglesias una conferencia política para finales de año. Por tanto, Iglesias pasó el primer examen sin excesivo conflicto.

Los deberes de Rodríguez

Por el momento, el primer cambio orgánico de peso ha estado en la renovación de la Ejecutiva. El canario Alberto Rodríguez asume las riendas de la secretaría de Organización que suelta Pablo Echenique, tras reconocer que no se han conseguido "los objetivos", entre los que estaba la implantación territorial. El asiento que hereda el canario tiene un importante peso orgánico, pero también es uno de los más complicados. En cinco años de vida, Podemos ha tenido ya tres: Sergio Pascual, al que Iglesias fulminó en 2016, Echenique y ahora Rodríguez.

Después de que se resuelvan las negociaciones de los gobiernos, los morados tendrán que empezar a coser las heridas internas en los territorios. Las regiones más urgentes son Madrid, La Rioja, Cantabria y  Castilla-La Mancha, cuya dirección dimitió en bloque tras los pésimos resultados de mayo. En las cuatro regiones hay nombrada una gestora y, por tanto, la dirección tendrá un papel importante en pilotar esta sucesión con éxito. 

En esta ardua tarea orgánica, Ana Marcello ayudará a Rodríguez como nueva secretaria de Círculos y Participación. Estas agrupaciones fueron una de las propuestas estrella en el nacimiento del partido e, incluso, se convirtieron en un sello de identidad. Algunos pocos círculos siguen funcionando con intensidad, pero muchos otros han ido decayendo cansados por las disputas en los territorios y el desgaste de la marca. Por tanto, Marcello también tendrá que trabajar con los territorios para que la militancia se reenganche al partido y recupere la ilusión.

El tercer puntal de este refuerzo territorial, el líder de Podemos en Castilla y León, Pablo Fernández, se incorpora a la ejecutiva como responsable del área del Ámbito rural y España vaciada, reforzando la apuesta del partido en uno de los debates claves del año a nivel social. Además, es uno de los dirigentes  fieles a Iglesias.

En busca de la estabilidad

Podemos ahora tendrá que resolver las negociaciones de los gobiernos en los que puede tener influencia, tanto a nivel autonómico como estatal. Hasta ese momento, el campo de acción es limitado, pero después tendrán una nueva legislatura para cimentar el proyecto. Una de los argumentos para intentar entrar en un gobierno de coalición con el PSOE en el Estado es, precisamente, la estabilidad. Los 42 miembros del grupo parlamentario confederal podrían dar más tranquilidad a los 123 parlamentarios del grupo socialista si se cierra una alianza dentro del ejecutivo.

El mismo Iglesias ironizaba el sábado con la sopa de siglas con la que afrontaron las elecciones de 2015:  "Yo tenía que preguntar cómo nos llamábamos en cada sitio al que iba". Y es que el nacimiento, auge y declive de Podemos se ha desarrollado en una legislatura convulsa, atípica y agitada en parte por su aparición en 2014. En estos años, la dirección ha actuado muchas veces como un bombero, a veces pirómano, apagando continuos fuegos. Si en 2015 tuvieron que construir candidaturas exprés, en 2019 acabaron la legislatura completando la ruptura orgánica con Íñigo Errejón, a la vez que el partido negociaba con el Gobierno y se preparaba para cuatro citas electorales. La ralentización de los tiempos políticos puede favorecer la reflexión dentro de la formación.

La nueva legislatura será también una nueva oportunidad para perfeccionar la relación con IU, que comenzó en 2015 con la confluencia y que ha continuado en las cortes y con las nuevas citas electorales. La formación de Garzón tiene esa penetración territorial que los morados adolecen. La sintonía entre ambos líderesr es visible y durante los próximos años, ambas organizaciones podrían "establecer canales permanentes de discusión orgánica conjunta” para mejorar la coordinación, tal y como ya explicó cuartopoder.es