El PSC coge oxígeno y ve avalada su estrategia “por la convivencia”

  • Tras conocer los resultados de mayo, proclamaron “el fin de la travesía del desierto del PSC” y ahora ven aumentada su influencia
  • “El PSOE ha vuelto a ser un actor muy relevante de la política catalana y española”, explica el secretario de Organización, Salvador Illa

“Complejo y extraordinario”, con estas dos palabras define el secretario de Organización del PSC, Salvador Illa, el ciclo político que se cerró con las pasadas elecciones de mayo. 2019 parece ser el año en el que el partido hermano del PSOE comienza a coger oxígeno. El impulso del gobierno central socialista, la confianza en los líderes y la distensión en Catalunya conforman un cóctel que ha permitido que el partido mejore influencia, se erija como la alternativa al independentismo y llegue con mejores perspectivas a las próximas elecciones catalanas. Sean cuando sean.

El pasado 26 de mayo, con los resultados de las elecciones europeas avanzados, el candidato del PSC a las elecciones europeas, Javier López, anunció “el fin de la travesía del desierto del PSC”. Las elecciones generales celebradas en abril ya los habían situado como segunda fuerza en Catalunya, aportando 12 diputados a la bancada socialista en el Congreso. En mayo, la tendencia se afianzó en las urnas para el Parlamento europeo y en las municipales. Los socialistas catalanes no obtienen la primera plaza, que está ocupada por ERC, pero sí logran espantar el miedo a quedar en la irrelevancia que se despertó en las elecciones catalanas de 2017, que se disputaron en un escenario muy crispado. Entonces, Miquel Iceta solo subió un diputado, quedándose en 17 y en la cuarta fuerza, mientras Inés Arrimadas (Ciudadanos) consiguió concentrar los votos no independentistas, ganar los comicios y teñir el cinturón rojo de naranja. “El PSOE ha vuelto a ser un actor muy relevante de la política catalana y española”, explica satisfecho Illa en conversación con Cuartopoder.es.

Desde la organización, reconocen que la llegada de Sánchez a Moncloa ha impulsado a los socialistas catalanes al igual que lo ha hecho con las candidaturas del resto del Estado. Pero el "efecto Sánchez", en esa latitud, va mucho más allá de los resultados electorales. Un escenario menos crispado, con el procés en un impasse y el debate social compartiendo espacio mediático con el identitario también han favorecido que el PSC no sufra una pinza entre las opciones independentistas (ERC y Junts) y las españolistas (como Ciudadanos).

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En este contexto, Illa interpreta esta mejora electoral como el “reconocimiento” de los ciudadanos al “trabajo de la convivencia” hecho por el PSC, que ha preferido apostar por los “puentes”, una de las palabras usadas por Iceta, que por sacar “réditos políticos de la confrontación”. El clima actual favorece también esta estrategia. Aún no hay una situación de completa normalidad, pero la tensión ha bajado notablemente si se compara con la del otoño de 2017.

El secretario de organización lo resume en una frase hecha: “Poner las luces largas” en un campo en el que todo el mundo apostaba por la jugada rápida. Tanto el PSC como el PSOE han defendido dos pilares durante las etapas más crudas del procés: diálogo y legalidad, de manera más o menos modulada en los discursos fuera y dentro de Catalunya. Illa considera que su estrategia ha sido coherente: “No pedimos a los independentistas que renuncien a sus ideas, pero sí a aplicarlas de forma unilateral”.

La importancia de los liderazgos

Tras las elecciones municipales, los socialistas gobernarán varios municipios importantes, como Mataró y Sabadell, firmando mayorías absolutas en L'Hospitalet de Llobregat y Santa Coloma de Gramanet. Pero Barcelona era la gran joya de la corona y un caso paradigmático de la legislatura. Si en noviembre de 2017, la alcaldesa Ada Colau rompía su acuerdo de gobierno con el PSC después de que estos apoyasen la aplicación del artículo 155 en Catalunya, en 2019 ha vuelto a pedir su apoyo para mantener el consistorio, algo que también ha sido posible gracias a los ediles que capitanea Manuel Valls. La otra opción era un pacto con ERC.

Algunos socialistas catalanes siempre pensaron que Colau se equivocó rompiendo el acuerdo con Collboni y las urnas han arrojado ahora resultados que les hacen estar más compensados en la nueva legislatura: Barcelona en comú aporta 10 actas mientras el PSC atesora ocho. El PSC vuelve a perfilarse como la alternativa al independentismo frente a un Ciudadanos que mengua en Catalunya. 

“Hemos confiado mucho en nuestras posibilidades como partido y en nuestros candidatos”, explica Illa sobre los momentos más complicados de los últimos años. El Collboni que en 2019 duplica resultados pasando de los cuatro a ocho ediles es el mismo que en 2015 llevó al partido que había gobernado la capital catalana durante más de 30 años a las cuatro actas y la quinta posición, con la pujante Ada Colau irrumpiendo en escena. Sin embargo, el partido le dio cuatro años más para superar la coyuntura, hacerse un nombre y rentabilizar la gestión del PSC en Barcelona. 

Además de compartir un mismo diagnóstico y una misma hoja de ruta, la sintonía personal entre Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, y Miquel Iceta, líder del PSC, también ha contribuido a que ambos partidos navegasen por aguas políticas muy revueltas sin tensionar demasiado las relaciones de ambas organizaciones. De hecho, pasan por un buen momento, a pesar de que ha habido algún episodio excepcional como la dimisión de la alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet, Núria Parlon, de la Ejecutiva del PSOE tras el apoyo a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Catalunya.  

Iceta ha sido una pieza clave para Sánchez en Catalunya, no solo por su evidente peso orgánico, sino también por su habilidad negociadora. Mientras, el presidente del gobierno encaja sin dramatismo las polémicas más mediáticas que vienen de Catalunya, como las declaraciones del líder en la que se mostraba partidario del indulto para los dirigentes catalanes procesados.

Aún así, el escenario catalán es aún demasiado incierto, con el juicio del procés a la espera de sentencia y el fantasma de una nueva convocatoria electoral autonómica a finales de año.