¿Gobierno de izquierda o qué?

  • El autor se pregunta qué le pasa a una izquierda que muestra síntomas de no saber qué representa
  • "El PSOE, tal y como se le conocía, con sus corrientes de opinión incluidas, ha dejado de existir"

Después de las dos jornadas electorales, se podría resumir la confusión del momento político en España con las palabras del viejo dicho inglés: “Las cosas han cambiado tanto que ni siquiera el futuro es como solía ser”. Me interesa especialmente la confusión que se ha instalado en la izquierda, y el desconcierto no parece que lleve camino de desaparecer. Me pregunto qué le pasa a una izquierda que muestra síntomas de no saber qué representa. 

Con Navarra como laboratorio electoral, los resultados del pasado 26-M no pudieron ser peores. Si por izquierda se entiende PSOE, Podemos e IU, ésta pasó de 16 diputados a 14. Quienes realmente salieron peor parados fueron IU y Podemos, que perdieron seis de los nueve que tenían. Interesa preguntarse si esa pérdida de confianza de los electores tiene que ver con la participación de la izquierda navarra en un gobierno soberanista, con una política de euskaldunización forzada. Mi opinión es que sí, sin duda.

De hecho, el cuatripartito, con Bildu y Geroa Bai, el PNV navarro, Podemos e IU ha perdido la mayoría de gobierno. Creo que hay pocas dudas sobre el castigo electoral a una izquierda que se diluye en políticas soberanistas que nada tienen que ver con los intereses de sus votantes. En ese gobierno, los nacionalistas que hacen políticas soberanistas no pierden clientes, pero IU y Podemos ¿qué pintan en esa guerra? Aunque me temo que se seguirá pensando que en Navarra ser de izquierdas es ser nacionalista. Cosas de los modelos mentales que, aunque los motivos que los generaron hayan desaparecido, se mantienen como si el tiempo no pasara.

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Me imagino a muchos navarros de izquierdas viendo cómo los partidos a los que votaron aprueban medidas de política lingüística que les marginan para acceder a un empleo público, por ejemplo, a ellos, en su inmensa mayoría con el castellano como lengua materna. Hace mucho tiempo que la izquierda española se perdió en los vericuetos de soberanismos con los que nada tiene que ver. Y lo seguirá pagando.

Por ejemplo, erre que erre, ahora el PSOE navarro va a intentar un gobierno que necesariamente tendrá la marca soberanista de Geroa Bai y Bildu. ¿Es a favor de los intereses de sus votantes? Votos de la izquierda para hacer políticas soberanistas: la cruz de la buena gente, en Navarra y en toda España. 

Y ha vuelto a pasar en Cataluña. En las últimas elecciones autonómicas allí, los cinturones rojos de Barcelona y Tarragona reorientaron su voto hacia Ciudadanos. Era imposible no ver cómo estos electores de la izquierda castigaban sobre todo al PSC por su deriva soberanista. Ahí está Ernest Maragall dirigiendo el proceso independentista para demostrarlo: está donde siempre estuvo, ahora en ERC y antes en el PSC. Y sí, los votantes socialistas se cansaron de votar izquierda para que con su voto se hiciera soberanismo.

Ahora han vuelto en su mayoría al PSC y estarán viendo cómo, con sus votos, el PSC no para de pactar con los independentistas, y no solo en Badalona. Están negociando a todo trapo con los del “procés” las diputaciones de Barcelona, Tarragona y Gerona. Y los que pudieran dudar habrán oído estos días las declaraciones de Zapatero sobre cómo debe ser la sentencia del 1-O y sobre indultos. En las próximas elecciones autonómicas en Cataluña comprobaremos si los electores de la izquierda se han vuelto a hartar de este cambalache.

Una y otra vez los electores de la izquierda comprueban cómo les piden el voto con mensajes de la vieja mítica de “los nuestros” para terminar comprobando cómo sirven para hacer el soberanismo de “los otros”, y no solo lingüístico.  En Navarra, en Cataluña, en la Comunidad Valenciana, en Baleares, de izquierda en la campaña, soberanistas en el gobierno. Y así, pasito a pasito, los soberanistas de verdad, los que siguen la “vía Urkullu”, la pragmática, van imponiendo su agenda al conjunto de España. Avanzan hacia eso que Adriana Lastra llama con candor “la España vacía y la España plurinacional". 

La base de este proceso de desorientación tiene que ver con un mal más general de la izquierda.  Sin un proyecto para el conjunto de la ciudadanía se ha convertido en un atrapalotodo, sea el soberanismo o lo que esté más a mano. Ningún ejemplo más expresivo que el sanchismo. Hace tiempo escribí en cuartopoder.es un artículo titulado Si un gurú guía al PSOE. Me quedé corto. Iván Redondo, el jefe de gabinete de Pedro Sánchez, fabrica todos los mensajes políticos del sanchismo, para Moncloa y para Ferraz. Todos llevan su marca, la de un publicista por encargo. 

El PSOE, tal y como se le conocía, con sus corrientes de opinión incluidas, ha dejado de existir. Lo ha sustituido el sanchismo, que, con palabras del autor de La explosión populista, Jonh Judis, “no es una ideología, es una lógica política”. Una simple cuestión de poder, sea para ejercer de extractivos en Correos, Paradores, la agencia EFE o el Instituto Cervantes, o para negociar con el PP el Consejo General del Poder Judicial. La trayectoria “política” del gurú lo refleja bien: puede montar una campaña xenófoba en Badalona u otra solidaria con el Aquarius con el mismo entusiasmo. 

El sanchismo nada tiene que ver con la obligación de la izquierda de presentar alternativas contra la desigualdad en una sociedad en la que las viejas recetas ya no sirven. Han convertido la política en marketing, en la siembra de metáforas huecas, eufemismos para entretener a la gente. En el proceso de la investidura asistimos a una borrachera retórica que sirve para un roto o un descosido. Un día dicen que Podemos es socio preferente y otro filtran que no se fían de ellos en el gobierno, ahora se exige la abstención de Cs y mañana les llamarán “trifachas”. ¿Quieren que se abstengan los independentistas o no? A saber.

Del seguimiento de las conversaciones para formar un gobierno de izquierda, algo va quedando claro: interesa poco a qué iniciativas políticas quieren que se les asocie. Sí sabemos que hay un conflicto sobre si Podemos entra en el gobierno o no. Mala cosa, sobre todo porque, a pesar de los cambios sociales, se mantienen y perseveran las diferencias entre izquierda y derecha en la opinión pública. Pero en España, tópicos aparte, averiguar qué ofrece la izquierda empieza a parecerse a un enigma.

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