Vuelve el fantasma de 2016 a la política española

  • La atmósfera de bloqueo y las dificultades para negociar han hecho que las referencias a 2016 se multipliquen
  • Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero la desconfianza permanece

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Si ningún acuerdo lo remienda, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se encamina hacia una sesión de investidura complicada. Si logra el apoyo del Congreso de los Diputados, revalidará Moncloa, si no, firmará su segunda investidura fallida, la tercera de la democracia española. Durante los últimos días, la atmósfera de bloqueo ha traído reminiscencias de 2016, cuando por primera vez la cámara baja dijo 'no' a Sánchez. Estos convulsos tres años han hecho que los principales actores, PSOE y Unidas Podemos, ya no sean los mismos. Lo que sí ha permanecido es la desconfianza mutua y la dificultad de gobernar la pluralidad política.

Durante la última semana, las referencias a 2016 se han multiplicado. En las últimas elecciones, el sistema de multipartidismo se ha afianzado y tener que negociar con varios partidos ya no es una novedad para ninguna fuerza política. Si 2019 parecía el año en el que los partidos habían aprendido a compartir el poder (ya fuera por la derecha o por la izquierda), la investidura del gobierno del Estado ha demostrado que aún no hay cultura de coalición en España. Reaparecen en las crónicas políticas los mismos términos que hace tres años: "bloqueo", "incapacidad", "parálisis".

Si en 2016 muchas situaciones eran desconocidas, 2019 ya tiene referencias. Algunos de los más interesados en resituar allí la cronología han sido los diputados del PSOE, que el pasado miércoles mandaron una carta a los representantes del PP para pedirles que rememoraran una fecha: el 29 de octubre de 2016, el día en el que los diputados socialistas, excepto 15, se abstuvieron para posibilitar que Mariano Rajoy fuera presidente, después de una repetición electoral. Entre los firmantes, el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, o la vicesecretaria del PSOE, Adriana Lastra, pero no Pedro Sánchez, que prefirió dimitir antes que asumir lo que hoy pide a los de Pablo Casado. 

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"Pensamos que han cambiado mucho las cosas desde 2016 y todos tendríamos que cambiar también", expresaba en Cadena Ser la vicepresidencia del Gobierno, Carmen Calvo, sobre ese lapso temporal que se ha convertido en una referencia improvisada. Ese año fue el de las situaciones inéditas: un partido saltaba de la calle al Congreso con 69 diputados, como hizo Podemos, el ganador de las elecciones (el PP) renunciaba a solicitar la confianza de la cámara y un segundo líder (Pedro Sánchez) asumía el encargo del rey y se presentaba a una investidura fallida. Desde entonces la política, ha dejado un reguero de días históricos y situaciones nunca vistas que sigue coleando hoy.

La diferencia más evidente entre 2016 y 2019 es la correlación de fuerzas. En 2014, Podemos entró en las instituciones por el Parlamento Europeo y en las elecciones generales de diciembre de 2015 siguió acrecentando su espacio en las instituciones con 69 escaños, que sumaban también a sus confluencias. El PSOE, sin embargo, seguía a la baja cayendo hasta los 90 diputados. Ahora, el grupo socialista tienen 122 escaños y Unidas Podemos 42. También han cambiado los líderes: Pablo Iglesias acusa las fracturas internas, mientras Sánchez se ha hecho con el liderazgo indiscutible del PSOE. Sin embargo, ninguno de los dos puede escudarse ya en la inexperiencia.

2016, el pecado original

2016 fue también el año en el que, a ojos de los socialistas, Pablo Iglesias cometió su primer 'pecado original', votar 'no' a un gobierno con Sánchez a la cabeza y con un pacto con Ciudadanos, que entonces se vendía a los electores como un partido de centro. De esa experiencia, Iglesias ha aprendido a llevar sus propósitos con mayor discreción, ya que en la anterior ocasión anunció que reclamaría la vicepresidencia y varios ministerios de Estado sin negociarlo con Sánchez.

Sánchez siempre ha pensado que fue uno de los errores de Iglesias, junto a su posición en el conflicto catalán. Esa exigencia fue aprovechada por el PSOE para dibujar un líder obsesionado por los sillones, un relato que han recuperado para las actuales negociaciones. De hecho, el PSOE filtró hace unos días que Iglesias había pedido en esta ocasión también la vicepresidencia, un extremo que los morados no han confirmado.

Y es que si algo tienen en común 2016 y 2019 es la cantidad de filtraciones que no se llegan a confirmar por las fuentes precisas. Si en 2019, los socialistas juegan a recuperar esa idea de un Iglesias obsesionado con el poder, en 2016, fue Ciudadanos el que filtró que en el acuerdo con el PSOE figuraba una vicepresidencia para Albert Rivera, un punto que también ha llegado hasta hoy y que Lastra desmintió este miércoles en una entrevista en Cadena Ser.

Este lunes comienza una semana clave para saber si, tras este juego de espejos, hay intención de sacar adelante un programa conjunto. El 22 y 23 se despejará la incógnita.

 

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