La estrategia que marcó Iglesias y no ha cambiado: gobierno de coalición en septiembre

  • Los dos retos de Unidas Podemos: asegurar la unidad interna y bajar el ritmo

Resaca. El ritmo mediático y político de la semana pasada ha dejado un vacío tras el fin de semana, síntoma de agotamiento. Agotamiento en la ciudadanía, agotamiento en los partidos, que han pasado a un silencioso segundo plano este lunes tras los balbuceos de la semana pasada, agotamiento en los medios de comunicación, que bajan la marcha y reformulan cómo rellenar sus espacios hasta que el tema investidura vuelva a estar en el candelero. Dos perdedores del debate: PSOE y Unidas Podemos. Aquellas fuerzas que habían ilusionado a un electorado progresista y que no fueron capaces de ponerse de acuerdo. Desde entonces, reparto de culpas.

El PSOE demostró durante la semana pasada su habilidad en la artimaña política. Filtraciones, modificación de documentos de las negociaciones de cara al público y, lo más importante, Sánchez no fue capaz de conseguir más de un voto extra a su proyecto como presidenciable. La ciudadanía puede castigarle por esto, en Moncloa y en Ferraz estudian el desgaste sufrido en las últimas semanas expectantes ante las encuestas que estén por llegar.

En Unidas Podemos, las tensiones y discrepancias internas se evidencian desde antes de la sesión del jueves, cuando la Colegiada de IU marcaba la abstención de sus diputados con una evidente división interna. Esta decisión ayudó a que, en un momento en el que las posiciones estaban muy enconadas con el PSOE en el seno de Podemos, el sentido del voto del grupo confederal fuera la abstención. Había voces moradas que llamaban a un ‘no’.

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El viernes, IU emitía un comunicado en el que llamaba a Podemos a reconsiderar la posibilidad de facilitar una investidura de Sánchez, aunque el acuerdo no se plasmara en un gobierno de coalición, si el PSOE se comprometía a un acuerdo programático con el grupo confederal. Desde el PSOE, tal y como informó cuartopoder.es, ven “con buenos ojos” esta opción y posiblemente utilicen las discrepancias internas de cara a futuras negociaciones. El grupo confederal tiene el reto de superar estas disonancias en los próximos días. En la misma línea que IU, se mostraba Anticapitalistas ayer, en un comunicado de la organización. Anticapitalistas, organización que controla la federación andaluza de Podemos, apuesta por un “gobierno a la portuguesa”, una fórmula que también ven bien otros diputados del grupo confederal, como algunos de En Comú Podem.

Tanto desde la confluencia catalana como desde IU, aspiran a tener mayor presencia en unas futuras negociaciones con el PSOE. Unas negociaciones que, por parte de Unidas Podemos, se han centralizado en un núcleo muy próximo a Pablo Iglesias, capitaneado por Pablo Echenique e Ione Belarra en el último momento, una vez que el propio Iglesias se echó a un lado para facilitar el acuerdo, tras ser vetado por Sánchez para formar parte del gobierno que, hasta ahora, nunca fue.

La estrategia de Unidas Podemos, sin embargo, la expresó Iglesias en una reunión con trabajadores de los servicios públicos en el Congreso el pasado 26 de junio, antes del maremágnum de los últimos días. Y sigue siendo la misma: gobierno de coalición en septiembre. En aquel momento, dijo, poniendo de plazo dos meses y medio, es decir septiembre, que “ese acuerdo de gobierno está mucho más cerca de lo que pudiera parecer”. “La política está dominada por correlaciones y porque no tenemos ninguna duda de cuál es la función de los 3,7 millones de ciudadanos que nos votaron y la función de sus 42 representantes en el Congreso”, analizaba el líder morado.

“Hay un elemento que es muy revelador sobre lo cerca que estamos de que ese gobierno se produzca aunque haya que esperar dos meses y medio para que eso se produzca y es la preocupación que tienen algunos: no habría la campaña mediática actual si no vieran como una posibilidad real y efectiva que nos vayamos a poner de acuerdo”, proseguía Iglesias.

Desde su entorno siguen creyendo que conforme pase el tiempo y se aproxime la posibilidad de una repetición electoral, la presión aumentará sobre Sánchez por varios motivos: la imagen internacional de un país de dudosa gobernabilidad en un momento clave para la Unión Europea, como es el Brexit, y la inestabilidad política aumentada por la situación en Catalunya que en otoño puede calentarse con la Diada, el segundo aniversario del 1-O y la sentencia del Tribunal Supremo, que se espera que salga a finales de septiembre o principios de octubre.

Con Catalunya caliente, una repetición electoral podría situar la campaña en un marco en clave nacional que no beneficiaría al PSOE, que busca beneficiarse del marco situado en el eje izquierda-derecha. Además, valoran que el PSOE tendría más que perder en esos comicios, el gobierno, frente a Unidas Podemos, la pérdida de algunos diputados. Iglesias también ha hecho referencia a la necesidad de "paciencia" para que en el PSOE se asimile la posibilidad de una coalición, algo ajeno a su cultura política. Se van formando distintos gobiernos de coalición autonómicos, con barones que siempre se han mostrado alejados de Podemos, como el aragonés Javier Lambán, lo que podría suponer una presión añadida a Sánchez. Un Sánchez, además, que ve cómo las derechas rechazan públicamente cualquier posibilidad de facilitar su investidura.

Sin embargo, la situación interna ha cambiado. Las voces críticas con la táctica negociadora han aflorado como setas y las posiciones a favor de un “gobierno a la portuguesa” se hacen escuchar. Iglesias cuenta con un grupo parlamentario muy afín, pero el “cierre de filas” parece que ya no está tan asegurado en septiembre. El PSOE podría apostar por ofrecer un programa de gobierno de carácter social y unas garantías de su cumplimiento a Unidas Podemos sin que estos entraran en el gobierno. Eso sería una oferta que sería difícil de rechazar para el grupo confederal, las presiones aumentarían.

Echenique afea a Sánchez que se vaya de vacaciones, aprieta diciendo que debería haber un gobierno antes de septiembre, también le afea que quiera pactar "con los aliados de Vox". Reparto de culpas, pero la estrategia de Iglesias sigue sin moverse: gobierno de coalición en septiembre. Ahora el grupo confederal tiene dos retos por delante: fortalecer la unidad interna de cara a las próximas semanas por lo que pueda llegar y bajar el ritmo, pues la sociedad parece cansada de tanta algarabía política.