Las cuatro claves que maneja Bruselas para pintar Europa de verde en 100 días

  • Frans Timmermans, candidato a la vicepresidencia de la Comisión Europea para el Nuevo Pacto Verde, se comprometió a lanzar una nueva ley climática en sus primeros cien días de mandato  
 

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BRUSELAS.-Hay que despertar al maquinista del tren europeo antes de que descarrile por la crisis climática. Con esa imagen —en referencia de uno de los poemas favoritos de Winston Churchill— Frans Timmermans quiso reflejar la situación climática que vive Europa durante el examen al que se enfrentó este martes en el Parlamento Europeo previo a ser nombrado vicepresidente de la Comisión para el Nuevo Pacto Verde. Su objetivo principal será liderar la creación de un paquete de medidas para la transición ecológica del continente. 

Tras despertar los aplausos de la comisión de eurodiputados que lo evaluaba, el último escollo que tendrá que afrontar Timmermans antes de acceder oficialmente al cargo será el voto de confirmación del pleno del Parlamento Europeo, que tendrá que dar luz verde al nuevo equipo de 27 comisarios al completo el próximo 23 de octubre. Todos en Bruselas esperan que el voto sea un puro trámite. 

El Pacto Verde es una de las medidas estrella de ese nuevo Ejecutivo comunitario, que liderará la alemana Ursula von der Leyen y que, si todo va según lo previsto, tomará el relevo del equipo de Jean-Claude Juncker el próximo 1 de noviembre. 

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Los primeros meses de esta Comisión pueden marcar el ritmo de la transición verde europea para las próximas décadas. Von der Leyen y Timmermans se han dado cien días desde que tomen posesión para crear una propuesta para la primera ley europea para el clima. En Bruselas son conscientes de que no pueden pintar el continente de verde en tan poco tiempo, pero quieren tener las primeras pinceladas listas para la primera cumbre europea de 2020, que se celebrará en marzo. 

Con esa ley Bruselas pretende definir los primeros pasos concretos a tomar para conseguir que Europa sea el primer continente neutral en términos de emisiones para 2050 y que para 2030 se hayan reducido estas “al menos” en un 50%. Aunque Timmermans no quiso dar aún detalles de en qué contendrá esa propuesta legislativa, sí apuntó varias claves durante su examen de este martes.  

Conseguir un equilibrio entre los que aceleran y los que frenan

Lo primero que quiso demostrar Timmermans es que es realista: “La transición no va a ser sencilla”, dijo. Uno de los mayores retos a los que se enfrenta es precisamente poner de acuerdo a los que quieren que el cambio sea más radical y los que creen que ir demasiado deprisa haría descarrilar a ese tren y dejaría a miles de personas sin empleo, provocando una crisis social. 

En el lado de los que aprietan el acelerador están los partidos verdes y las asociaciones ecologistas, que piden que se reduzcan las emisiones en un 65% para 2030 y que el continente sea neutral en términos de para 2040, diez años antes de las ambiciones de Bruselas. 

Aunque el discurso de Timmermans estuvo plagado de guiños a las manifestaciones contra la crisis climática, el holandés se cuidó de prometer más de lo debido. Ante la petición del diputado verde Bas Eickhout para que sea más ambicioso, Timmermans dijo que lo estudiaría, pero se mostró escéptico de poder aumentar sus objetivos. 

Por otro lado, los diputados conservadores expresaron su miedo de que una transición demasiado rápida dañe la competitividad del continente, a lo que el holandés respondió que hay que animar a la industria a que “se libere de la dependencia de la vieja energía” y subrayó que la transición puede ser una oportunidad y no solo una amenaza. 

Pero no todos compran su discurso aún. Sin ir más lejos, Polonia, Hungría y República Checa aún no se han comprometido al objetivo de la neutralidad climática para 2050: convencerles antes de fin de año es uno de los deberes principales de Bruselas. 

A pesar de que querrían que los objetivos fueran aún más ambiciosos, tanto Greenpeace como el European Environment Bureau (EEB) -organización de la que forman parte ECODES o Ecologistas en Acción, entre otros- se muestran muy optimistas con el plan. La cuestión ahora es conocer los detalles para ver si de verdad tendrá el efecto que desean los ecologistas. 

Tara Connolly, directora de políticas medioambientales y energéticas de la UE en la oficina de Greenpeace en Bruselas, aplaude especialmente algunos de los objetivos que se ha fijado von der Leyen como conseguir una contaminación cero. “Si lo consiguen, es increíble”, dice entusiasmada. Sin embargo, otros puntos como el transporte, para el que la carta de von der Leyen pide una “reducción de la huella de carbono” le parecen decepcionantes. “Esa línea no refleja la magnitud del reto, no ataca la magnitud del problema”. 

Aunque se mantiene escéptico, Anton Lazarus, de EEB, comparte el optimismo de Connelly: “Este Pacto Verde es una oportunidad muy seria para que la que la UE marque la diferencia. Obviamente tenemos que esperar y ver los detalles”.

Una transformación industrial

Lo que parece quedar claro es que para conseguir la transición verde no será suficiente con aprobar medidas que las asociaciones ecologistas califican de positivas pero no suficientes, como acabar con los plásticos de un solo uso o mejorar el reciclaje. En esto todos, incluidas instituciones y políticos, parecen estar de acuerdo: hace falta un plan de reconversión industrial verde. 

“Necesitamos que todos los sectores de nuestra sociedad estén a bordo. No es cuestión solo de producir energía con renovables, es una cuestión de cambiar completamente la estructura de nuestro sector de transporte, la manera que organizamos la industria… y también la manera en que vivimos”, explicaba Simone Tagliapietra, economista del reconocido instituto Bruegel en un podcast reciente. 

La creación de un fondo de transición justa es una de las medidas que prevé la Comisión. La idea es que el fondo apoye a los países ‘perdedores’ de la transición verde: que compense, por ejemplo, por los despidos de mineros y el aumento de precios. El fondo es una de las reivindicaciones de Polonia, dependiente de la producción de carbón. 

En esto, Timmermans reconoció que será necesario poner dinero público europeo sobre la mesa porque las empresas no estarán dispuestas a invertir en algunos de los cambios necesarios: “Si hay que formar mineros para desempeñar otro trabajo en la Cuarta Revolución Industrial, va a llevar algo de tiempo y no estoy seguro de que haya mucho dinero privado que quiera invertir en eso”.

La resistencia al cambio de algunos agricultores y empresas energéticas

Otros de los frenos a los que se enfrenta la transición verde es la fuerza y el tamaño de algunos de los sectores estratégicos que sufrirían una reconversión en la transición verde. Sobre todo tres: el energético, el transporte y la agricultura. 

Y en esto la Comisión Europea de momento no es consecuente ya que ofrece subsidios millonarios para inversiones que reman en contra de la transición verde. Por ejemplo, ha financiado la construcción de gasoductos y ofrece ayudas para que los productores de carne promuevan sus productos en terceros países. 

En esto Timmermans también se mostró cauto. Defendió que el gas debe ser parte de la transición “si queremos conseguir un sistema energético sostenible” y apostó por reconvertir las tuberías que se están construyendo de canales para transportar otras fuentes más sostenibles más adelante, como el hidrógeno. 

Para Greenpeace, este es uno de los principales puntos negros. “Es bastante preocupante escuchar que el gas podría ser parte de la transición climática para Europa”, lamenta Connelly. 

Por otro lado, Timmermans también se mostró reacio a cortar los subsidios a los productores de carne y al resto de productores agrícolas para promocionar sus ventas en terceros países. “Hay mucho margen para cambiar la manera en que otorgamos los subsidios, y creo que reformar la agricultura es algo que necesitamos pensar, pero terminar con todos los subsidios… imagínese el nivel de pobreza y destrucción que supondría”. 

Conseguir que el resto del mundo siga el ejemplo europeo

Otro de los objetivos de la nueva Comisión es liderar con el ejemplo: conseguir que otras zonas del mundo sigan el ejemplo de Europa si esta consigue realizar una transición verde exitosa. “Si hacemos las cosas bien en Europa obtendremos también repercusiones en el resto del mundo”, dijo Timmermans. “Podemos ser el continente que lleve al mundo a un futuro mejor”. 

Y por si dar ejemplo solo no es suficiente, una de las ideas que tendrá la nueva propuesta de ley de Bruselas es un arancel a las importaciones más contaminantes —el llamado impuesto al carbono en frontera— para compensar los estándares medioambientales más rígidos que tienen que seguir las empresas europeas. 

Aunque es una de las medidas que las asociaciones ecologistas apoyan, “por sí sola no va a conseguir los objetivos”, denuncia Connolly. “¿Vamos a dejar de financiar aeropuertos regionales como el de Vigo?”

Para el economista Tagliapietra, esta puede ser además una oportunidad para llevar a cabo una política industrial y diplomática acorde con la transición verde. “Por ejemplo, en África: si usamos el Banco Europeo de Inversiones para apoyar inversiones poco contaminantes ahí, sería bueno para las políticas medioambientales porque ayudará a la UE a cumplir con sus compromisos. Además, sería una herramienta sensata de política industrial porque permitirá fomentar exportaciones europeas en mercados emergentes [… y] acompañas a 600 millones de personas sin acceso a la electricidad hacia un futuro de desarrollo”. 

A finales de febrero acabará el plazo que el nuevo Ejecutivo de Bruselas se ha dado para sentar las bases para la transición verde de los próximos 30 años. Entonces, cuando conozcamos los detalles, se verá si ganan los que aprietan el acelerador o los que pisan el freno de la transición verde. 

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