HACIA EL 10-N

Ciudadanos intenta resistir la amenaza de Vox al verse arrinconado en la derecha

  • Preocupado por las bajas de afiliados y las tendencias demoscópicas, a Rivera solo le ha quedado resistir e intentar gritar con más fuerza que el partido de Abascal

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El partido de Albert Rivera se encuentra atrapado y con falta de oxígeno en la derecha. De momento, Ciudadanos no puede acercarse al centro del espectro político a coger aire, por lo que ha decidido resignarse y, al menos, hacer ruido desde la lejanía para que sus votantes escuchen sus llamadas de socorro, ya sea a través de un estridente eco alarmista o mediante un call center.

Parece que el espacio de centro-derecha que le otorgó 57 escaños el 28 abril ya está perdido, Casado lo ha recuperado y ha desplazado a Rivera a la derecha. Al verse arrinconado en un puesto que, por un lado, sabe que no le acerca a sus expectativas y, por el otro, ya está ocupado por Abascal, ha invertido casi todo su tiempo de precampaña en intentar volver a esa posición, pero las encuestas dicen que no lo ha conseguido y, de hecho, le ha alejado aún más.

El oxígeno del que se nutría Ciudadanos prevenía del voto de los indecisos y descontentos del PSOE y del PP, pero ahora que está sitiado a la derecha de los populares no se ha visto con suficiente fuerza como para emprender una batalla electoral ni contra los socialistas ni contra los de Casado. De hecho, preocupado por las bajas de afiliados y las tendencias demoscópicas, a Rivera solo le ha quedado resistir e intentar gritar con más fuerza que Vox, una formación que ya se frota las manos ante un posible sorpasso.

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Ciudadanos vuelve, una vez más, a radicalizar su discurso

Tras la sentencia del procés por la que se condenó a penas de entre 9 y 13 años de cárcel a los líderes independentistas por sedición y malversación, Rivera se puso manos a la obra. Era consciente de que podía llegar a liderar una de las opiniones sobre la sentencia y la posterior respuesta a la misma debido a su vinculación con Cataluña, pero no lo logró. Las otras dos derechas le volvieron a dejar sin argumentos diferenciadores. Casado recogió el discurso más generalizado e institucional y Vox el más radicalizado, a Rivera le quedó el 155. Por lo que comenzó con la técnica del alarmismo.

Calificar como “sabotaje general” una huelga, señalar como un “tsunami de violencia” los altercados que se produjeron en las protestas, o tildar al president de la Generalitat de “totalitario”, “pirómano” y “peligro público”, son solo tres ejemplos del tono utilizado por los dirigentes de la formación naranja durante los días de las manifestaciones.

También se le ocurrió a Rivera comparar Barcelona con dos zonas que sufren cruentos conflictos: la comparó con Siria, donde se contabilizan más de medio millón de muertos desde que empezó la guerra civil o donde Turquía ha protagonizado una masacre contra la minoría kurda; y con Irak, que si nos remitimos a los últimos acontecimientos -no sé si se referiría a ellos Rivera o simplemente le vino a la cabeza la invasión del país en el 2003- la represión a los manifestantes han dejado casi un centenar de víctimas mortales. No es de extrañar que tras estas comparaciones Rivera pidiese que se enviasen a Cataluña “miles y miles” de agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Tras los días de máxima tensión en las manifestaciones Rivera tampoco ha bajado el tono: “Basta de estar acojonados con lo que hacen los separatistas”, enfatizó en una rueda de prensa en Madrid. Y en este tono envalentonado ha llegado a prometer “meter en la cárcel” a quienes intenten “romper España”, porque para el candidato de Cs a la presidencia del Gobierno “no hay nada más español que ser un español en Cataluña”.

¿Cómo meterá en la cárcel a quienes intenten “romper” el país?, nadie lo sabe, principalmente porque eso le corresponde a otro poder del Estado, y aunque no hubiese separación de poderes en este país, tampoco parece que Rivera tenga facilidades para llegar a La Moncloa. Pero ese tipo de ‘promesas’ tienen otro objetivo más realista que el intrínseco, que es llegar a los titulares en una guerra con Vox por los mismos.

Y en esas están en Ciudadanos, en recuperar un poco de oxígeno -aunque sea mediático- mientras luchan por no ser desterrados por Vox de su posición en las encuestas; de hecho del rechazo que expresaban hacia el partido ultraderechista poco queda, ya que ahora lo incluyen en sus planes de una posible suma de derechas para gobernar el país. Pero parece ser que lo que podía ser un desafortunado descalabro electoral ya ha hecho mella en las bases y electores de Ciudadanos.

El desconcierto entre los votantes y las bases de Ciudadanos

Según las encuestas internas del partido, alrededor de un 45 % de sus electores están situados en estos momentos en la abstención, según adelantó El Independiente. Es decir, no se han pasado a otra formación pero no saben qué hacer con su voto, se encuentran desconcertados. Algo lógico teniendo en cuenta las continuas idas y venidas de su líder, los cambios de estrategia, de tono, de posición y las sorpresas de última hora. Los que fueron simpatizantes de Ciudadanos ahora ya no saben qué esperar de este partido, por lo que simplemente esperan.

La encuesta de Sigma Dos para el diario El Mundo arroja que la mayoría de los votantes de Ciudadanos quieren que el partido facilite una investidura, es decir, que se levante el veto a Pedro Sánchez, algo que ya ha decidido hacer su líder, aunque con la poca trascendencia que le otorga haber cambiado de parecer tantas veces en tan poco tiempo. De hecho, esta posición le correspondía al sector crítico del partido, ahora prácticamente despoblado, donde apenas quedan visibles las figuras de Luis Garicano y Francisco Igea.

Respecto a las bases, cansadas del sistema jerárquico de un partido en el que todo pasa por la cúpula mientras ellos tienen que adaptarse a sus giros, empiezan a desequilibrar la estructura interna con un goteo de dimisiones y críticas menos llamativo que el anterior, pero peligroso de cara a unas elecciones generales.

La falta de democracia interna manifestada mediante las decisiones unilaterales de Rivera socava la motivación y la lealtad de sus bases en un momento de crisis. El presidente de los naranjas pide más esfuerzo en estos momentos, pero sin haber ofrecido ni ofrecer nada a cambio.

A finales de septiembre el secretario de Organización de Euskadi, Javier Gómez Calvo, fue destituido al ser acusado de intentar cerrar la coalición ‘Euskadi Suma’ con el PP a espaldas de la dirección nacional. Posteriormente tres miembros de la Junta Directiva de Ciudadanos en Victoria dimitieron -uno de ellos en la lista del Congreso para los comicios de abril- censurando que el partido está “capitaneado” por personas “que han perdido el rumbo”.

En Castilla y León, los candidatos 2 y 3 al Senado por Valladolid también renunciaron a aparecer en las listas del 10N y se dieron de baja del partido. También dimitió recientemente el concejal de los naranjas en el Ayuntamiento de Soria, y esto sumado a la situación en Salamanca, donde el partido ha explosionado al dimitir en bloque la agrupación local.

También ha habido dimisiones en bloque en Huelva al sentir un ninguneo por parte de la cúpula, y en Galicia, concretamente en Vigo, ha renunciado al cargo más de la mitad de la Junta Directiva del partido.

La formación de Albert Rivera está atrapada en la derecha, en algún momento quiso estarlo, pero ese momento no es este. Su desplome está favoreciendo a Vox, que ahora sí que supone una amenaza para los naranjas. Casado no piensa dejar mucho espacio en el centro-derecha para Ciudadanos, quien ya asumió su derrota e incluso se ha abierto a pactar sin ninguna vergüenza y con publicidad con los de Abascal, lo que antes era impensable. A Ciudadanos en estos momentos solo le queda intentar convencer a los abstencionistas y ganarle la guerra mediática a Vox. Su premisa ahora es guardar oxígeno y resistir para no pasar a ser simplemente un ejemplo de cómo se extingue una fuerza política en España en menos de siete meses.

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