La izquierda encalla en Cataluña

izquierda Cataluña
Miquel Iceta, primer secretario del PSC, aplaudido por Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, en una imagen de archivo. / Efe

A un minuto de saltar por los aires ese extraño conglomerado político de independentistas, ya sabemos quién pierde: la izquierda, una vez más, por supuesto. Cuando el letrado mayor del Parlament intenta salvar su honor profesional con un artículo académico en defensa de la legalidad, cuando los menos torpes del barco secesionista saltan por la borda para evitar que les asocien con la delincuencia, las izquierdas españolas que dirigen Sánchez e Iglesias encallan y se embarran cada día un poco más en la cuestión catalana.

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Tiene interés que ahora el letrado mayor del parlamento catalán describa que una declaración unilateral de independencia es un caso claro de golpismo, aunque no emplee la palabra, pero hace años que los más destacados juristas lo expusieron negro sobre blanco. Especialmente Santiago Muñoz Machado en Cataluña y las demás Españas y, más recientemente, de nuevo, en Vieja y nueva Constitución. Lo que llama la atención es que, existiendo tantos antecedentes históricos, las izquierdas españolas hayan vuelto a picar y tragar el mismo veneno. Se han vuelto a liar con la gramática que no toca, con la del catalanismo de otros, a la vez que el apoyo a la independencia sigue cayendo.

Si tenía alguna duda, desapareció el día en el que vi aquel abrazo en el Congreso de los diputados de Iglesias, entre vítores de los suyos, y Rufián. Este showman del independentismo venía de la tribuna de los diputados de recitar sus chistes habituales.  “Saben aquel que diu… va un franquista y un independentista…” No falla, siempre logra derretirle el corazón a la izquierda más sentimental con apelaciones a la República, a la represión o a los herederos de Franco que se esconden en el PP. Un truco brillante, pero un truco.

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La fórmula es infantil, pero eficaz: pones a un independentista, por ejemplo el propio Rufián, bien entrenado en agilidad tuitera, y al otro lado a un facha, mejor muy lelo, tipo padre Apeles, o mejor aún, al exministro más franquista, tipo Jorge Fernández Díaz, et voilá, todos con Rufián, todos con los independentistas. No es más hábil que un vendedor de lavadoras que se deshace en elogios empalagosos al bebé de la pareja de compradores. Pican, incluso dirigentes políticos tan importantes, pero un golpe de estado contra la España constitucional es eso, lo protagonice Tejero o Puigdemont, y aunque la música la ponga el admirado Lluís Llach.

Enfoca bien la cuestión Íñigo Errejón en su respuesta a Juan Cruz en El País: “Ya es hora de reivindicar desde posiciones progresistas y democráticas una España fuerte y un patriotismo desacomplejado”. Cierto, desde un Estado en almoneda mal se podrá gestionar la viabilidad de un Estado del bienestar solvente, una sociedad basada en la equidad. Pero Errejón, del que tanto esperábamos, debería, además de apuntar, disparar en la dirección que apunta. Para esto sirven de poco las brillantes metáforas de Antonio Gramsci o de Ernesto Laclau. En esto, la izquierda sale trasquilada con esos zigzagueos que van del absurdo invento del derecho a decidir (¿una parte de España por toda España?) a ese engendro de la elecciones plebiscitarias, de un referéndum independentista entendido como una movilización, según Ada Colau, al intento de cambiarnos la Constitución, que es de todos, en un Parlamento autonómico.

O a ese tráfico de naciones como calmante para secesionistas. Un vibrante “Jo també em sento catalanista” soltó Pedro Sánchez junto a Iceta. ¿Pero tú, Pedro, sabes qué es el catalanismo? Si no se lo inventa Iceta y se va a los que lo tienen mejor estudiado, como, por ejemplo, Enric Ucelay-Da Cal en su denso El imperialismo catalán, se podrá entender de qué forma el catalanismo se organiza en el siglo XIX como un salto desde el republicanismo federalista a una ideología nacionalista basada en la desigualdad, el particularismo de un territorio.

Valentí Almirall, uno de los padres de la criatura, es el artífice de la idea genial: para tener éxito había que incorporar al invento una pata de izquierda, nacionalista, catalanista. Desde entonces la izquierda no ha hecho otra cosa que comerse el anzuelo, una y otra vez, y operar como muleta del catalanismo. Ahora, cuando la pandilla del hijo de Jordi Pujol, el que estaba destinado a la política, Oriol, liderada por un tal Turull, se ata al mástil para ganarse la medalla del martirio, ahí está estás tú, Pedro, reivindicándote como el primer catalanista, y ahí están las izquierdas, encalladas.

¿Y Rajoy? Como siempre, sin hacer nada, esperando los errores de los otros. Mientras la Generalitat de Cataluña se ha destinado cantidades ingentes de recursos públicos a poner en marcha acciones políticas y a financiar informes, apoyados en la alucinante teoría del independentismo democrático, para diseñar el camino a la secesión, a la declaración unilateral de independencia, al golpe de Estado, Rajoy se ha limitado a que todo se pudriera lo suficiente para emerger él como el salvador de la España constitucional. Y, gracias otra vez a la torpeza de sus adversarios, puede tener éxito. Para llorar.

La izquierda encallada y desnortada. Si se leen con atención los estudios de opinión del CEO (primera oleada 2017), el CIS catalán, se podrá comprobar que, en la autodefinición política de los electores, de los que votan Podemos (CatsíqueesPot) se declaran independentistas un escaso 7,5% y de los del PSC, un 4,3%; la gran mayoría se confiesa progresista, socialista o ecologista. ¿A quiénes se dirigen cuando hablan  a los electores catalanes? Tienen tan desconcertados a los seguidores de la izquierda en Cataluña, una mayoría contrastada, que los fieles votantes del cinturón rojo han llegado a preferir a Ciudadanos antes que a unos partidos que ya no se sabe, en relación a la independencia, si van o vienen. Sí, Inés Arrimadas les robó la cartera a las izquierdas en las ciudades del cinturón. Para comprobarlo se pueden leer los resultados de las autonómicas últimas de 2015 o cómo el CEO muestra que el mayor movimiento de votos es entre Ciudadanos y PSC, no entre Podemos y PSC. Enredados con el derecho a decidir. ¡Desnortados!

Para las izquierdas, los daños colaterales de la aventura secesionista, ahora en sus horas finales, pueden resultar letales. Y no será con juegos de palabras sobre el Estado federal como saldrán del atasco. Como señala Santiago Muñoz Machado, o se trata de “transformaciones meramente nominales, que conduciría a llamar a las mismas realidades de un modo diferente” o se trata de cambios sustantivos que “requerirían desmontar el Estado unitario”. Mejor, sal de ese jardín, Pedro, sobre todo cuando llega la hora de pagar por la leche derramada.

En fin, malos tiempos para las izquierdas cuando más necesarias son. Me temo que el día después lo va administrar la derecha. Pero, ya se verá.

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