PSOE y UP transitan entre la confrontación de campaña y la negociación de una investidura

  • El candidato y favorito a la Presidencia de Argentina, Alberto Fernández, lanzó un mensaje en el Congreso en favor de la unidad de las izquierdas

El fantasma que merodea por el Congreso de los Diputados este septiembre es el de las cada vez más posibles elecciones en noviembre. Los diputados, las comisiones y la institución inician un curso que puede verse truncado en apenas unos días, si el 23 de septiembre se disuelven las Cortes y se convocan, de nuevo, elecciones generales si no hay acuerdo previo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Serían las cuartas elecciones generales en España en los últimos cuatro años. La evidencia del fracaso de la política, de los políticos y los partidos.

El Congreso reinicia un curso en el que todos los focos están puestos en las negociaciones entre PSOE y Unidas Podemos para sacar adelante una investidura de Pedro Sánchez e intenta compaginarlas con la actividad propia de una cámara legislativa. Ayer, el aspirante y favorito a la Presidencia de Argentina en los comicios del mes que viene, Alberto Fernández, visitaba la Cámara Baja y pronunciaba una conferencia en la que se dieron cita un gran número de diputados de Unidas Podemos. El argentino, por el que pasan buena parte de las esperanzas de la izquierda internacional a corto plazo, lanzó una sugerencia al público asistente en la Sala Constitucional: la necesidad de unión entre las fuerzas progresistas para vencer a las derechas en un contexto internacional adverso.

Pero, en España, las izquierdas llevan su ritmo y batalla propia, como aisladas del contexto internacional, de los movimientos italianos o de los designios británicos. Y el diálogo político, desde 2015, está enmarcado en el permanente contexto de la contienda electoral, de la constante campaña. Casi cinco horas de reunión ayer entre los equipos negociadores de PSOE (Carmen Calvo, María Jesús Montero y Adriana Lastra) y de Unidas Podemos (Pablo Echenique, Ione Belarra, Enrique Santiago, Juantxo López de Uralde, Jaume Asens y Yolanda Díaz) sirvieron, únicamente, "para limar malentendidos", en palabras de Santiago, de IU.

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Tras el encuentro, intervino primero Belarra, por parte de Unidas Podemos, ante los medios de comunicación. Con un tono derrotista, aseguró ante los micrófonos que el PSOE había usado la reunión para "vender su programa electoral". Apelación a las elecciones. Más tarde, Santiago, en RNE, se mostraría más predispuesto a la posibilidad de un acuerdo. Más positiva que Belarra, la socialista Lastra apeló a seguir con los contactos. Estrategias discursivas en un momento en el que de cómo finalicen estas negociaciones dependerá el punto de partida del relato de cada fuerza política si se repitiera la campaña electoral.

La vuelta de las vacaciones de buena parte de la ciudadanía, el regreso a la rutina, viene acompañado del tedio político. Los últimos barómetros del CIS ya señalaban un cansancio que situaba a los políticos como uno de los problemas de los españoles. Da la sensación de que poco ha cambiado en la política estatal desde julio. En Unidas Podemos cunde el mensaje de que el PSOE quiere ir a elecciones y de que la decisión de Moncloa y Ferraz dependerá, en buena medida, de unas encuestas encargadas a empresas demoscópicas cuyos resultados se conocerán en los próximos días. Por su parte, los socialistas, que el pasado martes presentaban sus 370 medidas "para un gobierno progresista" en un acto en Madrid propio de acto de apertura de campaña, vendió el mensaje de que las negociaciones continúan. "Nos pasaremos documentos en las próximas horas", avanzaba Lastra ante los periodistas. Unidas Podemos cuela que estamos en campaña, el PSOE se afana, ahora, en que parezca todo lo contrario.

Los equipos negociadores llegaban a la sala del edificio anexo del Congreso donde se celebraba la reunión en un clima hostil. Los líderes de ambas partes, Sánchez e Iglesias, se habían negado en las horas previas en distintas apariciones públicas. Si el socialista negaba la posibilidad de un gobierno de coalición, el de la formación morada rechazaba la oferta de que miembros de Unidas Podemos se integren en instituciones de gobierno fuera del Consejo de Ministros. El equipo socialista no aclaró qué puestos serían estos, qué organismos estarían en manos de los confederales durante las más de cuatro horas de reunión, no concretó esta oferta, lo que para Unidas Podemos significó falta de concreción y la sensación de que la oferta no merece la pena.

Reparto de culpas. Toma de posiciones ante una negociación que tiene visos de durar hasta el último momento (previsiblemente el debate de investidura se celebraría, de hacerse, entre el 17 y el 20 de septiembre). El diálogo entre las dos fuerzas parlamentarias se disputa en dos sentidos. Por un lado, mantener la tensión y la confrontación suficiente para, en el caso de que se repitan las elecciones, tener argumentos contrapuestos para lanzar al adversario en la campaña electoral. Por otro, no sobrepasar un límite de choque para no romper todos los puentes y eliminar cualquier atisbo de confianza en el que sustentar un acuerdo que dé para formar un gobierno, de coalición o no, para esta legislatura. Una línea fina que puede desbordarse.