La violaciones, la punta del iceberg: las zonas grises de la violencia sexual

La sentencia del caso de ‘La Manada’ ha desatado una ola de indignación, pero también un debate paralelo sobre el consentimiento. La empatía con la víctima va más allá del propio caso particular. Muchas mujeres son capaces de percibir esa atmósfera de miedo que conduce a la intimidación, se utilice o no la fuerza física, en menor o en mayor grado. Las expertas consultadas coinciden en que las agresiones y abusos sexuales que se denuncian son solo “la punta del iceberg”, que tiene en su base tocamientos indeseados, acoso callejero o abusos mucho más sutiles. Son las zonas grises del consentimiento, que hay que dibujar de manera clara.

A pesar de la imagen estereotipada que la sociedad suele tener sobre una violación, las expertas aseguran que la mayoría de veces no se producen por asalto, el agresor suele ser un conocido o reciente conocido y la víctima no siempre se resiste. “Nuestra experiencia es que la mayoría de los agresores están en el entorno. Tampoco se usa siempre la fuerza física, ni tienen por qué quedar lesiones vaginales”, explica Virginia Gil, directora de Fundación Aspacia.

En episodios de abuso sexual, a veces se puede tardar meses o años en contarlo, especialmente, cuando el agresor de la víctima está en su entorno: “Cuesta mucho tiempo decidir hablar con alguien de eso. Hay un sentimiento de culpabilidad o vergüenza”, explica Naiara Navarro, psicóloga de CAVAS en Cantabria, que trabaja habitualmente con estas mujeres.

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La Educación en igualdad, clave para esclarecer los límites

Pero hay un amplio abanico de situaciones que no se denuncian, que son cotidianas y tan normalizadas que a veces las víctimas no se reconocen como víctimas ni los agresores como agresores. La educación en igualdad es la primera herramienta para prevenirlas y combatir la “cultura de la violación”, en la que ambos crecen. La nula educación sexual y afectiva que se da en colegios y en las casas hace que los adolescentes no tengan referentes nítidos de las relaciones sanas y tengan que buscarlas en páginas poco pedagógicas.

Las organizaciones quieren cambiar el enfoque. Del ‘no es no’ al ‘si no hay un sí, es un no’, que implica el consentimiento explícito y la actitud proactiva. Tampoco existen las ‘relaciones sexuales sin consentimiento’, son siempre violaciones. No puede haber relación si no existe la correspondencia que exige la tercera acepción de la RAE.  

Tampoco se trata de enseñarles a ellas a defenderse, sino enseñarles a ellos que no se enfaden, no presionen, no insistan hasta forzar el sexo, no violen. En definitiva, que no abusen de la chica que acaban de conocer, de sus compañeras, de sus amigas o de sus parejas.

Esto también es violencia

Presionar también es violencia

“Solo sí es sí”, recuerda Virginia Gil,  de Fundación Aspacia. La especialista recuerda que “la tentativa de consumar el acto sexual también es un abuso”. Los manoseos y forcejeos en contra de la voluntad de la víctima también son atentados contra la libertad sexual, aunque finalmente no haya penetración. 

El sexo nunca es obligatorio

“Nos han educado en la creencia de que tenemos que estar siempre disponibles para los hombres”, explica Gil. Por eso, existe la creencia de que las mujeres tienen la obligatoriedad de satisfacer los deseos de sus homólogos. Si no, vienen las insistencias y los enfados, que son también mecanismos de presión. Cuando además, ella se monta en un coche o accede a tomarse una copa en una casa y acaba en un abuso, aparece el sentimiento de culpa en la víctima y las justificiaciones. El único culpable siempre es el agresor y hay que denunciarlo.

El alcohol y las drogas no eximen

Cuando una mujer está en estado de embriaguez o inconsciente y, sin consentimiento explícito, un hombre tiene sexo con ella, también es una violación. “Para los chicos el alcohol es un eximente. Estaba borracho y no sabía lo que hacía, pero si las chicas beben, se lo merecen por no haber tenido suficiente cuidado”, argumenta Navarro sobre el doble rasero con el que se mide la misma circunstancia. Ese tipo de argumentos refuerza la sensación de victimización. Si alguien ha sufrido un abuso en estas circunstancias, sin duda tiene que denunciar. El único culpable siempre es el agresor y hay que denunciarlo.

A veces, la víctima se levanta en un lugar que no conoce, desconcertada y sin poder recordar exactamente lo que ha sucedido. “A veces lo atribuyen al alcohol pero detrás puede haber drogas, acuden a urgencias y ven que la zona genital amoratada o ensangrentada”, explica la psicóloga de CAVAS sobre cómo se usan estas sustancias para abusar de su víctima. El único culpable siempre es el agresor y hay que denunciarlo.

También hay violencia sexual dentro de la pareja

“Entre los más jóvenes, a veces piensan que si tienes una pareja, tienes que acceder a relaciones, aunque no quieras”, explica Navarro. Es una de las violencias más silenciadas. “El amor romántico está impregnado de ideas machistas. Refleja la dominación del hombre y las mujeres siguen siendo, en gran medida, un sujeto pasivo”. Además, es una de las situaciones típicas de la violencia de género. “Se produce cuando no hay capacidad negociadora cuando se dan las relaciones sexuales. Ahí está el límite. Ella asume que tiene que tener sexo si quiere su marido. Para no discutir, para que no se enfade”, comenta Gil. El único culpable siempre es el agresor y hay que denunciarlo.

No sólo importa el qué, sino también el cómo

La mujer tiene derecho en cualquier momento a parar una relación sexual. No solo tiene que acceder explícitamente al consentimiento, sino también tiene que haber una negociación de otras condiciones, como las prácticas sexuales o el uso del preservativo. Forzar a alguien a cualquier práctica, es un abuso. El único culpable siempre es el agresor y hay que denunciarlo.