2017, un año de grandes desafíos para Podemos: de Vistalegre II al dilema catalán

Reunión del Consejo Ciudadano Estatal celebrada este viernes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Reunión del Consejo Ciudadano Estatal celebrada en octubre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. / Dani Gago (Podemos)

2017 ha sido un año cuanto menos intenso para Podemos. El segundo ‘congreso’ de su historia, Vistalegre II, le valió a este partido de corta existencia para consolidar a Pablo Iglesias como secretario general y enmendar un proceso para cerrar las profundas heridas que se abrieron en 2016 en Madrid. La consolidación del ‘errejonismo’ como corriente alternativa a la ‘oficial’ y el posicionamiento de Anticapitalistas para competir por el timón político del partido había provocado fricciones y una no siempre acertada gestión de los desacuerdos internos que era percibida por las bases como un aireo innecesario de ‘trapos sucios’.

Tras el mandato de “unidad” que emanó de las bases en el Palacio Vistalegre, el partido se puso a trabajar desde el Congreso con una potente ofensiva contra la corrupción del PP vía moción de censura que, si bien no reportó éxitos inmediatos, les sirvió para reafirmarse como oposición al Gobierno de Rajoy. Con el procés catalán, al igual que el resto de partidos, defendieron con ahínco “el derecho a decidir” en una postura intermedia –y arriesgada, según ellos mismos reconocían– entre los dos grandes bloques. El baile entre ‘dos aguas’ ha salido caro este 21-D, pero solo el tiempo dirá si su estrategia logrará imponerse a las posiciones inmovilistas que no han logrado hasta la fecha ninguna solución para el problema en Cataluña.

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Las disputas internas

Podemos, el partido que en menos de tres años consiguió cinco millones de votos, con setenta diputados en el Congreso y conquistas en los principales ayuntamientos de España, llegó sangrando a Vistalegre II. Tres listas, tres corrientes o familias con visiones diferentes sobre el futuro del partido habían competido en una campaña especialmente dura. Se arrastraba la resaca por el hashtag #IñigoAsiNo en Twitter utilizado por las personas más cercanas a Iglesias para reprender públicamente en Navidad a Errejón por sus críticas al cese de José Manuel López en la Asamblea de Madrid. Las bases hablaron: demandaron unidad y otorgaron una victoria fulminante a Iglesias. Errejón perdió la Secretaría Política, que desapareció, y fue relegado a secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político. En la Portavocía del grupo parlamentario, un puesto de gran proyección pública, fue sustituido por Irene Montero. El que fuera secretario político admitió la derrota y pactó con el secretario general el apoyo a su candidatura al frente del partido en la Comunidad de Madrid, un acuerdo que sellaba la paz por arriba en momentos de alta tensión.

En esta disputa interna polarizada por las dos corrientes mayoritarias, ‘pablistas’ y Anticapitalistas se unieron en cuestiones políticas y en los órganos. Fruto de estas uniones en el año anterior habían conquistado las secretarías generales de la Comunidad de Madrid y Andalucía, el ‘pablista’ Ramón Espinar y la ‘anticapitalista’ Teresa Rodríguez, respectivamente. Esta relación, que en la región madrileña había sido clave para estabilizar la situación tras el conflicto con el ‘errejonismo’, sufrió un fuerte varapalo en octubre. Un comunicado de ‘anticapitalistas’ reconocía la “República catalana” y, aunque Miguel Urbán –líder de dicha corriente– intentó quitarle hierro a la discrepancia, Iglesias se mostró contundente: esas posiciones estaban “políticamente fuera de Podemos”. Fue toda una advertencia para ‘anticapitalistas’.

A finales de año la relación entre el sector oficial de Podemos y Anticapitalistas está en peligro. Tras Vistalegre II, esta corriente, que procede en su origen de una escisión de IU, se mostró crítica con el ‘pablismo’ por el conflicto de la Comisión de Garantías o el pacto post-Vistalegre II Iglesias-Errejón. Una especie de oposición interna que para los cercanos a Iglesias es especialmente sangrante cuando se trata de poner en cuestión algunas decisiones políticas tomadas por Manuela Carmena. Tras el cese del concejal de Economía y Hacienda Carlos Sánchez Mato (IU) por parte de la alcaldesa, Anticapitalistas volvió a mostrar su rechazo a una decisión tomada por la regente. La necesidad de seguir trabajando para la revalidación de Carmena en 2019 ha llevado a Espinar a restar poder a los ‘anticapitalistas’ de la dirección del partido y a romper el pacto que le hizo secretario general. El futuro de la alianza entre ambas corrientes y la estabilidad en Madrid son inciertas.

El intenso trabajo en el Congreso

Si hay algo de lo que puede enorgullecerse Podemos es del intenso trabajo que ha llevado a cabo en el Congreso de los Diputados. Aunque los enemigos políticos se habían dedicado a desprestigiar el trabajo parlamentario de la formación morada, en verano salieron a la luz unas estadísticas que confirmaban que Unidos Podemos era el grupo más activo en la Cámara Baja. Desde que comenzó la legislatura habían registrado 1.364 iniciativas, a muy escasa distancia del PSOE, con 1.312. Detrás se encontraban el grupo mixto, con 704. A la cola Ciudadanos, con 604 iniciativas, el PP, con 394, ERC con 290 y PNV con 74.

Si bien es cierto que en pocas ocasiones han logrado sortear los vetos del Gobierno y los votos en contra de la oposición, que, en general, han producido un año de sequía en la elaboración de leyes, han obtenido algunas victorias significativas. La formación morada consiguió que se admitiera a trámite una propuesta de ley para elaborar un ‘estatuto del becario’ que logre acabar con las prácticas abusivas de las empresas y otra para acabar con la discriminación del colectivo LGTBI. Su éxito más notorio ha sido lograr que se tramite una proposición de ley para modificar la ‘regla de gasto’ del ministro de Economía, Cristóbal Montoro, y que limita las gestiones de muchos Ayuntamientos en los que gobiernan. Que lo hayan conseguido, no obstante, ha sido cuestión de un error del PP. El Gobierno ya preparaba su habitual veto, pero se despistaron y se quedaron fuera de plazo para bloquear la iniciativa.

Nuevos conceptos: ‘trama’ o ‘España plurinacional’

Si hay algo en lo que Podemos es pionero, es su juego consciente con el lenguaje. La formación morada fue innovadora en sus inicios con el término de ‘casta’, que este año decidió sustituir por ‘trama’, una red corrupta de políticos y empresarios que ostenta el verdadero poder. Este nuevo término se puso en marcha para acompañar una moción de censura contra Mariano Rajoy que careció de los apoyos suficientes para salir adelante, pero que le sirvió para poner contra las cuerdas al PSOE, que descartó expulsar al presidente de las instituciones incluso después de la victoria en primarias de Pedro Sánchez, quien había dejado la puerta abierta a esta posibilidad.

Por otro lado, el concepto de ‘España plurinacional’ le ha servido a Podemos para posicionarse ante el discurso centralista de otras fuerzas políticas y reivindicar otros modos de configuración del Estado como la república y el confederalismo que cuenten con el visto bueno de las periferias. Asimismo, reconocer esta realidad ‘plurinacional’ era una manera de defender la vía del referéndum pactado y con garantías donde el pueblo catalán pueda decidir su futuro.

El procés, un agujero negro de votos

El resultado de Podemos en las elecciones catalanas del 21-D fue decepcionante. La formación morada, que eligió como interlocutores a ‘los comunes’ antes incluso de que formaran parte de Catalunya En Comú, sufrieron de la misma manera su batacazo en los comicios. Los ‘comunes’ no han logrado ser “la llave” para la conformación de un Gobierno ante la victoria arrasadora de las derechas nacionalistas, pero además han sufrido una significante pérdida de poder en el Parlament. Iglesias, de momento, ha evitado comparecer ante los medios para realizar autocrítica. Todo indica que mantendrán la estrategia crítica contra el artículo 155 y la Declaración Unilateral de la Independencia (DUI), mientras que optarán por seguir defendiendo el diálogo para lograr un referéndum pactado y con garantías para el pueblo catalán. La dirección de la formación morada siempre ha admitido que defienden una posición compleja y confían en que sus ideas logren imponerse a medio plazo. De hecho, una encuesta publicada en El Mundo el pasado mes de octubre revelaba que un 57% de los españoles está a favor de un referéndum pactado para Catalunya.

Sin embargo, la posición de Podemos sobre Catalunya tampoco se ha entendido en el resto de España o, al menos, eso es lo que indicó el último barómetro del CIS. En unas hipotéticas elecciones Unidos Podemos permanecería hasta tres puntos por debajo respecto a junio de 2016. La formación morada pierde votantes –un 5% de los que le votaron dice que votaría al PSOE y un 4% a Ciudadanos–, ve como Izquierda Unida cada vez gana más simpatizantes y observa como cae la popularidad de su líder. Iglesias cayó al 5,75%, por detrás de Sánchez, valorado con un 6, Rajoy (6,7%) y Sánchez (6). Los datos y las decepciones hacen necesaria una reflexión para encarar 2018, que será clave para ir posicionándose de cara a las elecciones autonómicas de 2019 y las generales de 2020.