Pronóstico: ‘Macronazo’ en España

Ese ministro, Zoido, cantando “soy el novio de la muerte” y ordenando a la policía confiscar camisetas amarillas, anticipa como nadie la caída, con estrépito, del PP. Cifuentes es sólo la puntilla. Ahora lo que importa es conocer qué fuerza política sustituirá a este gobierno en descomposición. Lo que anuncian las previsiones meteorológicas para España es un “macronazo”, un resultado electoral que estaría más cerca del éxito de Emmanuel Macron en Francia que de lo ocurrido en Italia con el triunfo de los grillinos, que no saben si pactar con la extrema derecha o con la extrema izquierda. Y no se trata solo de encuestas; vivimos un clima político en el que todo parece favorecer a Ciudadanos.

Si se pone el acento en analizar qué está pasando, más que en lo que cada uno queremos que pase, por todas partes se puede detectar cómo la indignación general con el sistema político impulsa ahora al partido de Albert Rivera e Inés Arrimadas. Como antes parecía favorecer a Podemos, a los que, en los primeros meses de 2015, las encuestas situaban en cabeza. De estos desplazamientos electorales, algo parece consolidarse: pierde el bloque del centroizquierda, la suma de PSOE y Podemos, y gana el del centroderecha, la suma de PP y Cs. Todas las encuestas coinciden, pero si leemos dos estudios poco sospechosos de intentar favorecer a Cs, los de Público y ElDiario.es, llama la atención un dato: entre un millón y un millón y medio de votos migran del bloque PSOE-Podemos al de PP-Cs. El otro dato llamativo: Ciudadanos no para de atraerse electores de todas las casillas. ¿»Macronazo»?

Ante estos cambios, conviene indagar qué le pasa a las izquierdas españolas, cuya debilidad está, en el origen del despegue de Cs. En primer lugar, no resultan creíbles como posible coalición. Llama la atención la pelea de gallos sobre quién es más de izquierda, una “guerra de los treinta años”, teológica, interminable, que aburre a los electores y provoca desconfianza. Todos parecen centrados en lograr una izquierda más pura, pero cada día más mermada. Los dirigentes de las izquierdas españolas y sus seguidores más entregados ignoran que se ha producido un profundo cambio de paradigma político, y no solo en España. El voto identitario, el de “los nuestros”, se achica, mientras no para de crecer el colectivo de electores que dan la espalda a los partidos que no responden a sus demandas, sean de “los suyos” o de “los otros”. Las elecciones francesas nos proporcionaron una lección impagable: los militantes socialistas votaron en masa a su Hamon, al que, el día de las presidenciales, los franceses ignoraron de manera cruel. Fue el día del “macronazo” original, el de Francia.

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¿Quiénes son ese millón largo de electores que abandona a la izquierda y recala en Cs? Para no especular demasiado, es útil preguntarse, por ejemplo, por qué tantos trabajadores de la SEAT (”la clase obrera”), que residen en la comarca del Barcelonés (“el cinturón rojo”), han dejado de votar a partidos de izquierda para votar a la organización de Inés Arrimadas, como muestran los datos de las mesas electorales. ¿Han dejado de ser clase obrera los trabajadores de SEAT? ¿Ya no son rojos los cinturones rojos? Es más sencillo: por mucho que les consideres de “los nuestros”, si das la espalda a los votantes y a sus intereses, ellos te ignoran. Ni el PSC ni Podemos-comunes han respondido a las demandas insistentes de estos electores de una Cataluña copada por nacionalistas que practican cada día el supremacismo, nativistas agresivos, que han pretendido humillarles.

¿Piensan que, sintiéndose parte de una mayoría de catalanes, iban a permitir que les trataran como a extranjeros en su casa? ¿Qué creen que piensan estos trabajadores cuando ven a los líderes de UGT y CCOO en la cabeza de una manifestación obviamente independentista? ¿Qué esperan los dirigentes de la izquierda de esos electores? ¿Qué creen que sienten cuando oyen decir a Ernest Maragall en la presidencia del Parlament que “Cataluña siempre será nuestra”? ¿Creen que no saben qué quiere decir el hermano de aquel al que tanto admiraron? Sí, los de la SEAT no soportan a Rajoy, pero dan la espalda a Iceta y a Colau. ¿Un enigma?

Y no es asunto exclusivo de Cataluña y el procés. En toda España, muchos que votaron izquierda se preguntan hoy qué tienen ellos en común con un gobierno de la izquierda en Baleares, presidido por la socialista Francina Armengol, que impone como requisito, para ejercer de pediatra o tocar el violín en una orquesta de las islas, demostrar el dominio del catalán. O por qué, quienes se identifican como la izquierda, califican de “simple movilización” un proceso de independencia, leyes de desconexión aprobadas en el Parlamento incluidas, basado en el principio “nos conviene separarnos de Extremadura porque, así, tocaremos a más”. Me pregunto por qué banalizan los valores de la izquierda quienes dicen liderarla.

Así como los cambios atmosféricos no se producen por generación espontánea, el “macronazo” que se avecina, tampoco. Habrá contribuido al éxito de Ciudadanos, desde la izquierda, la torpeza de líderes políticos y sindicales, creadores de opinión, tertulianos e intelectuales de aquí y de allá. El día que estalle esa tormenta, mejor no buscar las explicaciones en el concepto de hegemonía del líder comunista Gramsci, ni en el “no somos la derecha ni la izquierda; venimos desde abajo y vamos hacia arriba” de Ernesto Laclau, ni en la “revolución de colores” de Juan Carlos Monedero y “el futuro del Estado capitalista” de su maestro Robert Jessop. Y menos aún en la luz que pudieran aportar las tesis del sociólogo Tezanos, el principal asesor hoy de Pedro Sánchez, el de “ganará el PSOE porque España es un país de centroizquierda”, el autor de aquel estudio que vaticinaba que Sánchez iba a barrer en las elecciones del 20-D, en 2015. Aportarán poca claridad doctrinas tan gastadas, gramáticas tan en desuso.

Pero el diagnóstico es simple: PSOE y Podemos se dirigen a electores que ya no existen. Como autor teatral, Miguel de Cervantes vivió una experiencia comparable con su público. Cuando, tras una larga ausencia, volvió a intentar estrenar, comprobó que había desconectado de los gustos de los espectadores. Resumió así la situación: “Ya no hay pájaros en los nidos de antaño”. Los partidos de la izquierda española, en vez de intentar averiguar qué pasa con los votantes, prefieren dirigirse a los electores de antaño. Saber lo que importa a los votantes, conocerlos, es esencial en política. El economista francés Thomas Piquetty ha estudiado con multitud de datos cómo se ha ido transformando la base social de la izquierda. Ha cambiado, son otros. ¿Por qué no se dirigen a ellos?

La debilidad de la izquierda española, su fracaso al provocar que se le asocie con nacionalismos supremacistas y opciones anticapitalistas de corte estatista, es lo que da alas al neoliberalismo que acrecienta la desigualdad social. Las falacias del neoliberalismo encuentran vía libre si los partidos de la izquierda son incapaces de responder con una alternativa socialdemócrata viable que atraiga a los electores, más allá de “los nuestros”. Si, de paso, Cs sí conecta con la corriente de indignación de los españoles con un sistema político corrompido, la previsión de un “macronazo” se va instalando en la plaza pública. Y si el vuelco se produce, de poco servirá recurrir al habitual despropósito de culpar a los electores. Mal negocio.

Me temo que la izquierda española está tan atrapada por viejos “modelos mentales” que no puede prescindir de ellos y, como señala el Nobel de economía Douglas North, cuando eso ocurre se terminan confundiendo con la realidad, se olvida que sólo es una idea que fue útil en otro tiempo. Los electores se dan cuenta y les van abandonando. No es cuestión de ideología, sino de lógica política. Y en eso estamos. ¿Tienen Sánchez e Iglesias algún despertador que les devuelva a la realidad? Parece que no.