Los partidos salen a bailar a la pista europea

La proximidad de las elecciones europeas y las características propias de estos comicios hace que haya comenzado un baile en el cual casi nadie quiere quedarse fuera de la pista. Todo el mundo quiere una compañía para el baile. Las características propias de estos comicios son, desde un punto de vista de la normativa electoral, que aunque los representantes electos compartirán Europarlamento con compañeros de otros estados, las votaciones, las configuración de las candidaturas y campañas son específicamente estatales.

Las alianzas y acuerdos entre partidos de distintos países, a la hora de la verdad, no se tienen en cuenta ni en la configuración de las listas, que son de ámbito estatal, ni en el recuento de los votaciones: a cada estado le corresponde un número determinado de representantes en la cámara y de qué color sean estos depende, únicamente, de los votos conseguidos internamente. Otra característica propia de estos comicios es que la circunscripción es única, una circunscripción para toda España. Esto hace que distintos partidos, cuyo alcance territorial sólo llega a determinadas regiones y comunidades, busquen alianzas junto a otros de otras regiones para compartir listas electorales. Y aquí es donde se está dando el baile, o, de momento, las invitaciones a salir conjuntamente a la pista. Sobre todo, en las izquierdas. Aunque estas llamadas a compartir baile también están llegando a partidos de centro-derecha soberanistas.

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Mientras tanto, en las derechas españolas, la competición desatada entre PP y Ciudadanos durante los últimos meses, cuyo pistoletazo de salida más evidente lo podemos encontrar en los magníficos resultados de Ciudadanos en las elecciones catalanas del pasado 21-D y en los pésimos del PP, hace de las elecciones europeas del año que viene un termómetro perfecto para medir los apoyos reales con los que cuentan entre la ciudadanía.

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Vox tiene aspiraciones de conseguir entrar, por primera vez, en el Europarlamento y colocarse como el representante español en el grupo que diseñan populistas de derechas, xenófobos, extremas derechas y neofascistas europeos. Un grupo que pretende unificarlo y coordinarlo el que fuera uno de los mayores artífices de la campaña electoral de Donald Trump en Estados Unidos, Steve Bannon, quien ya a ubicado su nueva oficina en Bruselas. Un grupo que, por cierto, tiene bastantes papeletas de ser el tercero en número de europarlamentarios a partir de 2019 y tener una capacidad de influencia en la toma de decisiones enorme.

Por su parte, el PP entraría, como viene siendo habitual, al grupo popular europeo, en el cual hay algunos elementos más extremistas, sobre todo de la Europa oriental, que flirtean con los anteriores. Ciudadanos, que ha levantado en los últimos tiempos la bandera española más nacionalista, de cara a Europa quiere jugar a ser el partido español de centro y liberal que pretende capitanear el presidente francés, Macron. Este grupo podría pasar a ser la segunda fuerza en la cámara de Estrasburgo. Los socialistas europeos están en horas bajas.

En las izquierdas, el baile adquiere ritmos más divertidos. Si bien es cierto que el PSOE tiene claro que se presentará con la baza de ser el partido del Gobierno de España y de poder ser uno de los elementos que más fuerza presente al grupo socialista en el Parlamento Europeo, que no pasa por su mejor momento, conforme nos fijamos un poquito más a la izquierda, vemos un sinfín de invitaciones para salir a la pista de baile. El acuerdo signado entre Podemos, IU y Equo para concurrir conjuntamente a las europeas pretende atraer a algunas fuerzas más, pero va a costar. Sí que parece que Barcelona En Comú tendrá su representante en esta coalición.

De la confluencia catalana, Catalunya En Comú, ICV y EUiA querrán tener alguna presencia propia, aunque ya forman parte de un mismo sujeto político. En la confluencia gallega, En Marea, las invitaciones a bailar parecen menos concretas. La pata más soberanista de esta entente en la que están Podemos y Esquerda Unida, Anova, no tiene claro presentarse en la coalición liderada por Podemos. Han tocado su hombro, en la pista de baile, distintas opciones, como, por ejemplo, EH-Bildu o Compromís.

EH-Bildu se compagina muy bien danzando con el BNG, de hecho se presentaron conjuntamente a las pasadas elecciones. Tal y como contábamos ayer en cuartopoder.es, la izquierda soberanista vasca llama a todas las fuerzas soberanistas del Estado a tejer alianzas para las europeas, y también de cara a unas futuras generales, para unir fuerzas en torno al derecho a la autodeterminación de sus respectivos pueblos y naciones. Más allá del BNG, se miran con buenos ojos con ERC, que con alta probabilidad presentará a su líder, el preso político Oriol Junqueras. El acuerdo entre los vascos y BNG aleja la opción de Anova, antiguos compañeros de viaje. Desde EH-Bildu también dan algunos pasos de baile con soberanistas minoritarios en Asturias, Canarias, Andalucía… Y con MÉS, partido de la coalición de gobierno en Baleares.

MÉS también sonríe a Compromís. La coalición valenciana liderada por Mónica Oltra, vicepresidenta de la Generalitat Valenciana, no tiene muchas intenciones de entrar, por el momento, aunque nadie lo descarta, en la coalición de Podemos e IU. Compromís, en las pasadas europeas, viajó a Estrasburgo junto a Equo. Los ecologistas, en esta ocasión, tienen el billete comprado junto a los de Pablo Iglesias y Alberto Garzón. Que Compromís y EH-Bildu acaben bailando un vals tampoco parece muy probable. La CHA no quiere bailar con alguien tan alto como Podemos e IU, y no se puede descartar que acabe dando la mano a la izquierda soberanista vasca o a la valenciana.

ERC, que también tiene presencia, aunque residual, en los territorios valencianos, también conversa con MÉS. Pero el ritmo catalán es diferente, la sardana, de momento, no se puede comprometer con nadie. A pocos días de que Carles Puigdemont anuncie su nueva plataforma política, la Crida Constituent, las presiones sociales entre el independentismo de buscar candidaturas conjuntas siempre están sobre la mesa. Sin embargo, en esta ocasión, parece cada vez más evidente que ERC quiere soltarse del abrazo de los sucesores de Convergència. La CUP nunca ha sido partidaria de participar en el baile europeo, sus esfuerzos están puestos principalmente en el municipalismo y, desde hace tres legislaturas, en el Parlament.

Pero el guion catalán… Si algo hemos aprendido en los últimos meses es que siempre puede dar un giro inesperado.El PNV, que siempre había bailado, a paso lento pero firme, con Convergència y sucesores, se ve un poco descolocado para pillar el ritmo de la sardana. Los nacionalistas vascos que priorizan una buena relación con las instituciones europeas, esperan a ver cómo se va desarrollando la trama catalana para escoger compañero de baile.

Y, además, ha llegado Varoufakis al escenario político comunitario. El exministro griego lanzó su movimiento paneuropeo Diem 25 y este, a su vez, la candidatura Primavera Europea para 2019 a la que se han sumado fuerzas políticas de distintos países. De momento, en España, se suma Actúa, el partido en el que se encuentran Gaspar Llamazares o Baltasar Garzón, entre otros políticos e intelectuales de izquierdas. Pero, además, está llamando a otras puertas. ¿Valencianas? ¿Gallegas? ¿En las Islas Baleares?

Todo está abierto. La pista de baile es un sinfín de tropiezos y de malentendidos. Los móviles vibran, los mensajes cruzados no dejan de llegar. Teléfono escacharrado. Los próximos meses serán vertiginosos. Con el aliciente de que en esta ocasión, las europeas, que siempre habían jugado un rol secundario en la política, adquieren una importancia mayor. Está en juego el diseño del futuro de la Unión Europea, cuyas instituciones cada vez sufren más de la desafección ciudadana. Lo iremos contando.