Almeida: “Creo en feminizar el lenguaje para enterarnos de que estamos incluidas”

Parece que le es innato eso de luchar para ver los cambios que considera necesarios para su país. Quizás por eso le guste la cancha. La abogada Cristina Almeida (Badajoz, 1944) es política de siempre, aunque la hayan echado de todos los partidos, como ella dice con cierta animadversión a “la partitocracia”. Utilizó sus estudios de Derecho en la Universidad, donde conoció a su gran amiga Manuela Carmena, para defender a los presos políticos y trabajadores en la dictadura franquista. Disidente primero de Santiago Carrillo en el PCE y después de Julio Anguita en IU. Concejala del Ayuntamiento junto a Tierno Galván, diputada en el Congreso y candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Casi nada.

A los 74 años repite que ya ha visto de todo y le quedan pocas ganas de optar a nuevos cargos, pero desde Actúa, la plataforma política de la que es promotora junto con Gaspar Llamazares y Baltasar Garzón, quiere seguir presionando para que se dé el entendimiento entre las izquierdas. Entre tanto, defiende con ahínco las causas que probablemente mejor definen su trayectoria vital: la memoria histórica y el feminismo. Nos recibe y nos ofrece café en su casa de Madrid, donde acumula un sinfín de recuerdos y libros que rebosan en las estanterías.

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MEMORIA HISTÓRICA

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— ¿Cuánta importancia le otorga usted a la iniciativa del Gobierno de Pedro Sánchez de sacar a Franco del Valle de los Caídos?

— Me parece muy importante, pero la importancia disminuye en función del tiempo que se ha tardado. Lo primero que critico es que esto no se hiciera en el año 82, cuando había fallado el Golpe de Estado y salieron elegidos los socialistas. Se tenía que haber hecho un corte en la dictadura, abiertamente. Para mí este retraso ha hecho que haya ido creciendo la seguridad entre las fuerzas antifranquistas y que ahora se esté intentando hacer un mártir de lo que era un dictador. Creo que hay que quitarlo por respeto a la gente que luchó por la República y que incluso ha luchado porque a sus familiares no se los llevaran al Valle de los Caídos. Es una respuesta tardía a la necesidad de que la democracia no tuviera una base apoyada en la propia dictadura.

— ¿Y confía en que este Gobierno siga aplicando medidas de igual o mayor importancia sobre memoria histórica o de “verdad, justicia y reparación” para las víctimas del franquismo?

“Lo más importante es crear una Comisión de la Verdad que hable de héroes y heroínas que han luchado por la democracia en este país”

— Es muy importante que se haya nombrado un secretario de Memoria Histórica. Dependerá de los medios que quiera poner el Gobierno y del tiempo que dure éste. Hay mucha gente dispuesta a que no se haga y creo que el Gobierno si está dispuesto a enfrentarse. Lo que más me importa es que se cree una Comisión de la Verdad que cuente la historia de verdad, de héroes, de heroínas que han luchado por la democracia en este país. Ahora se quiere decir que la República fue un lío y que eso justificó que Franco se levantara, pero es mentira. La República tenía leyes muy progresistas que hemos tenido que esperar 80 años para aprobar otra vez. A mí me parece muy importante que la historia se sepa y se cuente. Hay que educar sobre el fascismo.

— ¿Qué le contestaría a quien dice que hay temas más importantes en la agenda en este momento?

— Les diría a la agenda va a seguir. Los presupuestos no se van a parar por sacar a Franco del Valle. Ahora que se está pudiendo hacer, a mí me parece importante que hagamos resurgir otra historia porque la que subsiste es la historia de Franco. El no haber llevado adelante la memoria histórica es la mayor infamia que se ha hecho contra los demócratas: gente que ha luchado, que ha estado en el exilio, que ha muerto. Y luego hay una diferencia: el Gobierno se ha gastado el dinero para traer a los muertos de la División Azul y aquí tenemos las fosas sin abrir. Los que vienen a salvar España vienen a salvar a una España y no a otra.

— En septiembre se dictó la primera sentencia por un caso de bebés robados. Se consideraba al doctor Eduardo Vela autor del delito, aunque dicen que ha prescrito.

— Yo estoy convencida de que esos delitos no tienen prescripcion porque son de lesa humanidad. El Supremo interpretó la Ley de Amnistía como una ley de punto final cuando no lo era. Era una ley para los que estaban en la cárcel, para quienes habíamos luchado por la democracia. No estaban encerrados los guardias ni los franquistas, esos estaban disfrutando y siendo condecorados. El Supremo aplica la prescripción en base a la Ley de Amnistía cuando las leyes contra los delitos de lesa humanidad están vigentes. Hubo una represión política expresa de la guerra con el discurso de Vallejo-Nágera, quien decía que quitándoles a las madres a los niños podrían educarles sin “el gen rojo”. Al pruncipio, esperaban que dieran a luz y las mataban y se llevaban a los niños. Pero luego se convirtió ya en un negocio que estaba en manos de la Iglesia. En cualquier caso, creo que para las víctimas es muy importante que se reconozca que esto existe, aunque haya prescrito, pues lo podemos sacar a la luz.

Cristina Almeida.
Cristina Almeida./M.F.S.

FEMINISMO

– A usted, que lleva mucho tiempo defendiendo la causa feminista cuando estaba relegada a los márgenes, ¿qué le parece que se declaren feministas altas ejecutivas como Ana Botín o líderes del PP? ¿el feminismo está de moda?

 “El feminismo tiene una clara evolución porque primero se consiguen los derechos y luego se lucha por la igualdad real, que es más difícil”

– El feminismo no es una moda, es una teoría transformadora. A mí me ha tocado la época de reclamar un feminismo mal visto, pero que era mínimo: la igualdad legal. Con 23 años llegué a la cárcel de Jaén, no me dejaron entrar y tuve una pelea con el director. Me fui a denunciarle al Juzgado de Guardia. Me preguntaron por mi estado civil y a mí se me había ocurrido casarme por primera vez ese año, 1968, y de repente me preguntaron por mi marido y me dijeron que no podía denunciar sin él. Allí me di cuenta de que por haberme casado me había echado un representante legal, además de un marido, que me debía dar permiso para cobrar mi sueldo, para trabajar… Ese día cambió mi vida porque me di cuenta de que lo primero que tenía que hacer era luchar para cambiar esa realidad. Hasta el año 1975 no se quitó esa ley.

Una etapa de mi vida ha consistido reclamar la igualdad de derechos, a veces parece una lucha menor, a mí me parece una lucha esencial. Desde cuando con Franco íbamos cuatro y nos tiraban huevos, hasta antes del 8 de marzo se veía que ya venía el relevo. Las manifestaciones del 7N, la del aborto que le costó a Alberto Ruiz- Gallardón… A mí me gusta que Ana Botín se bautice como feminista porque se esta dando cuenta de que ella también ha sido postergada dentro de su propia familia. Era peor cuando antes decían “no soy feminista, soy femenina”. El feminismo tiene una clara evolución porque primero se consiguen los derechos y luego se lucha por la igualdad real, que eso es más difícil. Siempre que queremos arreglar las cosas nos queda el poso, y como no queramos quitar el poso vamos a tener que seguir luchando cada día.

— Dice que la igualdad legal se ha conseguido, pero usted como otras tantas feministas quiso que la Constitución del 78 incluyera una serie de garantías para las mujeres que no se lograron. 40 años después, ¿cree que seguimos sufriendo las consecuencias?

— El problema es que la Constitución tuvo muchos padres, pero no tuvo ninguna madre. El otro día veíamos que en una conferencia sobre leche materna eran todos hombres. La Constitución fue lo mismo. Nosotras luchamos para que la interrupción del embarazo estuviera incluida en la Constitución. Por una parte deseábamos esa Constitución, pero la primera discriminación legal se produjo cuando se incluyó que las mujeres no podían heredar la Corona. Y reclamamos muchas cosas que no se metieron en la Constitución porque no tenían ese carácter orgánico y otras porque no quisieron. Estamos sufriendo que no hubiera una voz que cuestionara el sentido de la Constitución. Siempre digo que le falta un toque de femenina elegancia, para no decir que eran todos unos brutos.

— ¿Y tendría sentido retomar esa reforma feminista a la Constitución?

— Pienso que se tiene que reformar esa Constitución, yo lo haría en muchos sentidos. Se tiene que reformar en la sustancia de la igualdad entre hombres y mujeres, del respeto, del papel que ocupa la mujer en la sociedad. Todo tiene un tufillo, que por mucho que digan que todos somos iguales, pusieron el artículo 9 que obligaba a todos los poderes públicos a remover los obstáculos que se imponen a la igualdad, pero los obstáculos tenían que haber quedado reflejados en el propio texto constitucional. Yo soy de las que creo que hay que feminizar el lenguaje para que nos enteremos muy bien de que estamos incluidas. Habría que hacer muchas reformas: la brecha social debería estar ahí y todas esas cosas que si hubieran estado desde un primero momento habrían conseguido una sociedad más moderna que la que tenemos ahora.

— Cómo abogada y feminista, ¿qué ha pensado de las polémicas sentencias judiciales que han provocado la reacción del movimiento feminista: La Manada o la de Juana Rivas?

“Si no hay una educación de verdad en igualdad dan igual las leyes”

– Si no hay una educación de verdad en igualdad dan igual las leyes. En este país tenemos un problema con la educación. Se quitó la asignatura de ciudadanía y se ha impuesto la religión. Estamos haciendo que no se eduque en igualdad, y sin embargo los jóvenes tienen agresiones externas como la pornografía, por la que aprenden la sexualidad, que hoy en día está en Internet. Hasta el año 89 la violaciones estaban dentro del Código Penal bajo el nombre de “delitos contra la honestidad”. Entonces había que hacer un examen a la víctima si era honesta. Todavía está en la mente ese examen y la idea de que si la han violado es por algo: porque estaba en tal sitio, porque vestía de esta forma… Esa concepción del sexo como agresión y de la honestidad como diferenciación del comportamiento de las mujeres hace que la mentalidad de los jueces y de los hombres se imponga sobre los derechos de las mujeres. Lo más grave de La Manada es que haya un juez que lo considere un jolgorio. Y además el tribunal considera que son abusos y no violación, eso da una sensación de desprotección…

— Desde el Poder Judicial algunas asociaciones de jueces han tomado como una ofensa la movilización en las calles contra estas sentencias.

— Los jueces también son hombres y ¿quién no ha tenido un problema de sexualidad o de divorcio? Aplican su idea a la sentencia porque, además, no están formados. En el Pacto contra la Violencia Machista hemos pedido que se eduque a los jueces y al personal que está encargado de los juzgados de violencia porque hay violencia institucional sobre la personal que sufren las mujeres por su propia situación. La Justicia emana del pueblo y la aplican los tribunales en nombre del rey o de quien sea, pero emana del pueblo, así que la crítica social tiene que ser valorada y no reprimida. En el caso de Juana Rivas lo único de lo que se preocuparon es de cumplir la orden del juez de allí, cuando el convenio de La Haya obliga a tener en cuenta a los menores, sin saber si la han oído a ella, que opinan los niños… Hay una desprotección absoluta. El Código dice que hay que aplicar las sentencias conforme a la realidad social: no es solo aplicación de la ley, sino comprensión de las circunstancias sociales. No salimos a la calle para que nos vean, sino para luchar por la concepción prepotente que los hombres tienen en la sociedad, pero es verdad que no se está educando en la igualdad y mientras no tengamos esa educación las mujeres vamos a salir perdiendo.

POLÍTICA

— ¿Que le han parecido los acuerdos presupuestarios en el Gobierno y Unidos Podemos?

— Como no les perdono que no llegaran a un acuerdo fuera por la prepotencia de Podemos o por el derecho innato del PSOE de ir solo, ahora lo que están haciendo me parece estupendo. También que se reúnan con todo dios para sacarlos adelante, porque las medidas que se imponen favorecen a la sociedad: acabar cuanto antes con las leyes que dicen que nos han hecho salir de la crisis y que en realidad han creado otra crisis más profunda. Estoy pendiente de que se empiecen a aplicar, pero sobre todo de que empiece a crear otra forma de gobernar. Solo se acuerdan de que pactan nacionalistas cuando son otros los que pactan y ha sido el propio Rajoy el que ha negociado.

— ¿Podrá abandonar la izquierda su cainismo algún día?

“Prefiero vivir con menos teoría de ‘asaltar los cielos’, como decían otros, pero sí ir conquistando un poquito la tierra”

–El sábado estuve en una charla con Manuel Valls y con Jordi Gracia para hablar de la intolerancia que tiene en la izquierda. Esto ha dado origen a que no se de ese falso bipartidismo –porque siempre han estado los nacionalistas para hacer bisagra–. Es verdad que la izquierda no sabe aprovechar las oportunidades de encontrarse. Prefiero vivir con menos teoría de ‘asaltar los cielos’, como decían otros, pero sí ir conquistando un poquito la tierra. Es muy responsable la izquierda de ese espíritu cainita, de pensar que tú eres una fuerza mejor que otro. Este ha sido un ejemplo de que se puede hablar, de que se pueden seguir teniendo otras ilusiones y prefiero ir conquistando, que pensar que ahora no conquisto nada pero que algún día conquistaré todo. Las mujeres vamos viendo como vamos conquistando, y tenemos que conquistar a todos los de la izquierda también (no te creas que no necesitan un repaso feminista). En el desacuerdo de la izquierda siempre gana la derecha, así que como abogada prefiero un mal acuerdo a un buen pleito.

— Después de haber estado en el equipo municipal del que fuera alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, y como amiga de Manuela Carmena, ¿qué le parece que vuelva a presentarse a la Alcaldía?

— Manuela no milita en un partido a propósito. A mí me han expulsado de todos los partidos y para mí hay un sentido de la partitocracia que no me gusta. Me parece que a veces hace más forzada la democracia. Ella es un verso libre que tiene conciencia ciudadana y ama Madrid. La han tenido entre la espada y la pared, los que lan ha puesto ahí porque es demasiado libre, y los de la derecha porque Podemos la ha impulsado. Y Montoro la ha tenido muy atada y ahora es cuando puede gastar el superávit del Ayuntamiento. Ha tenido muchas presiones porque no se quería presentar otra vez, pero como no ha podido gastar en sus políticas… Me acuerdo que estando en el primer Ayuntamiento gobernando con Tierno Galván, cuando hicimos el pacto comunistas-socialistas en el 79, peatonalizamos las calles Preciados, Carmen… Había manifestaciones de comerciantes diciendo que los íbamos a arruinar y ahora se manifiestan para que peatonalicen más calles. Si uno tiene claro que quiere mejorar, al final se acaba mejorando.

— Cuando se fundó Actúa algunas voces les achacaron haber fundado “otro partido” porque la izquierda ya estaba suficientemente dividida. ¿Por qué cree que es importante una fuerza como la suya?

— Somos gente que queremos ayudar en la política, yo desde luego no tengo ninguna pretensión electoral. A lo mejor alguien de Actúa si quiere, pero nos tuvimos que inscribir como partido porque no hay forma para una plataforma política. Es más, tenemos el nombre y ahora lo han copiado unos de extrema derecha en Baleares… Tuvimos que inscribirlo para defender nuestra ideología.Somos gente con experiencia que ya no está en la política activa de cargos, pero que queremos ayudar a mejorar el país y lo hemos hecho como un grupo más de presión, como un lobby, para que haya Gobierno de izquierdas y gobierne mejor la izquierda. Nosotros militamos en la política, aunque no militemos entre otros partidos. A mí, entre otras cosas, porque me han echado: me echó del Partido Carrillo y me echó de IU Anguita y nunca me he querido meter en el PSOE aunque haya ido de cabeza de lista en una cuerdo de la Comunidad de Madrid. Pero ahora ya no tengo ninguna pretensión electoral.

— Y si le pasara como a Carmena, que le insistieran para que se presentara a algún cargo, ¿se lo pensaría?

— Manuela fue a Madrid consciente de que le gustaba y amaba su ciudad. Sabía muchas cosas de la ciudad y tenía una gran experiencia en la Justicia. No es un problema de que me tengan que venir a animar… Yo estoy animada, pero no para militar y coger cargos públicos, que ya me parecen cargas públicas. No tengo ninguna ansia de poder de cargos, si es que eso es poder.

— Para usted, que ha conocido bien a muchos presos políticos, ¿son presos políticos los presos catalanes?

“Yo considero que no son presos políticos, porque eso significa atentar contra la forma del Gobierno”

— La Justicia ha tenido una respuesta más política que jurídica con el conflicto catalán. Hasta el propio Supremo dijo una posible conspiración para delinquir, que no es lo mismo que una autoría. Discrepo de por donde van las órdenes de la Justicia y discrepo de la prisión preventiva que está haciendo que se idealicen situaciones que no me parecen ideales, sino injustas (injusta para los que están en la cárcel e injusta para los que quieren anteponer la independencia por encima del sentimiento de todos los catalanes). Yo considero que no son presos políticos, porque eso significa atentar contra la forma del Gobierno. Estos no es que atenten contra la forma de Gobierno porque ellos están metidos, sino que pretenden usar unas leyes para lograr sus propios fines. No creo que haya habido violencia, pero sí creo que han quebrantado una estructura política.