Sabor más agrio que dulce para Vox: “Hoy España está peor que ayer”

  • Los rostros de los votantes de Vox miraban preocupados una pantalla donde aparecían unos resultados que no eran los esperados
  • Los seguidores de Abascal le han aplaudido desde la plaza mientras coreaban “presidente, presidente”, pero la euforia estaba contenida

Ha habido poca celebración en la Plaza Margaret Thatcher, donde los simpatizantes de Vox se han acercado para seguir el recuento de votos de las elecciones generales de este domingo. Los rostros de los votantes de Vox miraban preocupados una pantalla donde aparecían unos resultados que no eran los esperados. Aunque la formación de Santiago Abascal pasará de 0 a 24 diputados, un resultado histórico para una fuerza extraparlamentaria, el bloque de la derecha PP, Ciudadanos y Vox no consigue sumar para formar gobierno ante un buen resultado de los socialistas. Vox se ha quedado con la mitad de escaños que le otorgaban las encuestas.

La decepción se palpaba en el ambiente. “Hoy España está peor que ayer”, ha reconocido el líder de Vox, Santiago Abascal, en el discurso que ha dirigido a sus simpatizantes una vez ha terminado el recuento de votos, aunque con “la garantía” de que el partido “ya está dentro del Congreso”, ha manifestado el presidente de la formación de extrema derecha. Sus seguidores le han aplaudido desde la plaza mientras coreaban “presidente, presidente”, pero la euforia estaba contenida: la preocupación de que “los progres” puedan formar Gobierno empañaba la alegría. Tampoco ha habido desborde en la pequeña plaza elegida por el partido para convocar a sus simpatizantes en Madrid.

Más que celebración, ha habido reparto de culpas por parte de Abascal en su discurso. Primero, a “a derechita cobarde” del PP por achacar a Vox su batacazo electoral: de 137 diputados a 66. “Hoy es un momento de alegría, pero también de preocupación porque no ha sido expulsar al Frente Popular”, ha enunciado Abascal. También ha habido reproches a los medios de comunicación, que eso sí, “ya no podrán distorsionar” el mensaje del partido porque han logrado entrar al Congreso de los Diputados. Callan, sin embargo, que han evitado conceder entrevistas a los medios de comunicación durante la campaña y que a la mayoría de los medios, de todas las líneas editoriales, se les ha negado la entrada al hotel donde los líderes del partido han estado siguiendo los resultados electorales durante toda la tarde.

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Por otro lado, Abascal y también el candidato de la Alcaldía de Madrid, Javier Ortega Smith, han destacado que era solo el principio de las conquistas de Vox y han amenazado: “bienvenidos a la resistencia”. Han asegurado también que los 24 diputados del partido defenderán la caza, la tauromaquia, la Semana Santa e impedirán que se haga “cualquier referéndum” que rompa “la unidad nacional”. “Defenderemos el orden constitucional, el estado de derecho y el imperio de la ley que algunos quieren cargarse”, ha prometido.

En la plaza Margaret Thatcher, espacio elegido por Vox quizás también por tener un nombre vinculado al neoliberalismo, los gritos eran de guerra, de confrontación, de venganza: “Puigdemont, a prisión”, “España es una y no 51” o “España cristiana y nunca musulmán”. Patriotismo de reminiscencia franquista y exaltación nacional en un discurso construido en base a enemigos muy claros: los inmigrantes africanos y/o musulmanes, los independentistas y los "progres". Los seguidores de Vox no hablaban de propuestas económicas, impuestos, medidas sociales, educación o sanidad en un país que no remonta después de la gran crisis que ha aumentado la brecha entre ricos y pobres.

Jóvenes y algunos inmigrantes latinoamericanos, seguidores de Vox

En la plaza Margaret Thatcher se encontraban muchos seguidores de Vox de corta edad. Un grupo de chicas universitarias de entre 20 y 22 años observaba la pantalla con rostro preocupado. Consideran, como muchos de los presentes en la plaza Margaret Thatcher, que Mariano Rajoy debería haber dimitido para impedir que la moción de censura prosperara y Pedro Sánchez fuera presidente del Gobierno. Han votado a Vox para castigar ese gesto y también porque están de acuerdo con el partido en su propuesta para Catalunya, en la intención de acabar con las Comunidades Autónomas y en su lucha contra la inmigración. Todo su entorno, amigos y familiares, también se decanta por la formación de Santiago Abascal.

Entre los asistentes a la celebración en la plaza también se encontraban viejos simpatizantes del PP que se han visto decepcionados por un supuesto viraje a la izquierda. Sergio ha votado en anteriores ocasiones a los populares y Mayte, que le acompaña, incluso ha sido militante. Ella considera que el Partido Popular es “mucho más blando” que cuando José María Aznar estaba al frente y que a Pablo Casado le faltan “tablas”. El desencanto o la desafección respecto al actual líder de los populares es compartida por la mayoría de los seguidores de Vox con los que ha conversado Cuartopoder.es.

Entre los simpatizantes de Vox también había algunos inmigrantes como Carmen, que es de Perú y vive en España desde hace más de 30 años. Como auxiliar de enfermería, le preocupa que se apruebe a eutanasia y se decanta por el partido de Abascal porque considera que defiende “la vida y la familia”. Preguntada por si considera que el partido defiende sus derechos como mujer inmigrante ha contestado un rotundo “sí” porque ella no es una inmigrante “ilegal” ni ha saltado “ninguna valla”. “Yo vine legalmente, que los que salten tengan más derechos que yo no es justo”, ha considerado.

Vox ha cerrado el evento con un remix del himno de España, mientras sus simpatizantes han abandonado la plaza. Se han escuchado gritos de “sois unos rojos” a determinados medios de comunicación. Los vagos intentos de presentar una idea moderna de España fracasa cuando cada pequeño gesto confirma a Vox como la herencia directa del nacionalcatolicismo franquista. El profundo odio que sienten por otras formaciones políticas les ha impedido hoy, en Madrid, saborear “la conquista” de haber conseguido entrar en el Parlamento.