Las manadas, la pornificación y las agresiones en grupo: destapando la violencia sexual

  • El proyecto Geoviolencia sexual ha estudiado 37 casos de agresiones múltiples aparecidos en prensa desde enero de 2016 a abril de 2018
  • Creen que el caso de 'La Manada' no es aislado y comparte características con otros analizados, como que las víctimas sean muy jóvenes o que los agresores sean grupos de hombres violando a una sola mujer
  • El juicio del caso de ‘La Manada’ y las manifestaciones del pasado 8 de marzo están sacando a flote, poco a poco, todas las aristas ocultas de la violencia sexual. Pero las instituciones a veces son más lentas que las reclamaciones sociales. De esa necesidad de saber ha nacido el proyecto Geoviolencia sexual, que pilotan desde la web Feminicidio.net, y en el que han analizado 37 casos de violaciones múltiples publicados en prensa desde enero de 2016 hasta abril 2018. Pese a la alarma social que están generando estos delitos, aún faltan datos oficiales, estudios y, sobre todo, medidas suficientes para combatirlos

    El primer muro contra el que se han chocado estas investigadoras ha sido el de los datos sobre violencia sexual. Hay pocos oficiales y algunos se diluyen en la imprecisión, especialmente, si se quiere poner el foco más allá de la agresión sexual y el abuso. Además, hay que añadir que muchas víctimas aún no denuncian. La Macroencuesta para la Violencia de Género de 2015 ya lanzaba algunas preguntas sobre violencia sexual con resultados significativos. “El 7,2% de la población femenina (1,7 millones de mujeres residentes en el país) ha sufrido una agresión sexual alguna vez en su vida”, recuerda esta web. El Balance Trimestral y Anual de Criminalidad también es útil para hacer un primer boceto de la situación. Según esta estadística, durante este periodo de 2018 las agresiones sexuales aumentaron un 28,4%.  La imagen se emborrona cuando se hace zoom para estudiar comportamientos como el acoso callejero o los tocamientos indeseados, muy difíciles de cuantificar. 

    Partiendo de esta primera dificultad, el equipo de Feminicidio.net se propuso estudiar las violaciones múltiples. Intuyen que están aumentando, pero es difícil confirmarlo con datos concluyentes. Por ello, han elaborado un análisis de 37 casos aparecidos en prensa desde 2016. Las conclusiones les han sorprendido: “Estamos viendo que es más frecuente de lo que pensábamos. Al iniciar la investigación, creíamos que íbamos a encontrar unos cinco casos por año y hemos hallado muchos más”, explica Graciela Atencio, una de las responsables del proyecto. En 2016 detectaron 13 casos, en el 2017 la cifra bajó a 11 y de enero a abril el 2018 alcanzó las 13 agresiones sexuales múltiples aparecidos en prensa. Sospechan que es solo la punta del iceberg.

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    Documentando los casos, se dieron cuenta de que compartían varios rasgos con la violación de 'La Manada'. No es un caso aislado, sino un problema social y político. Encontraron un ‘modus operandi’ similar: grupos de varones, de dos a 10 integrantes, agrediendo a una sola mujer en el 86% de los casos. En el 62% de ellos se produjo penetración, según sus cifras.

    Además, les llamó la atención la juventud de víctimas y agresores. A pesar de que las nuevas generaciones han crecido en un mundo aparentemente más igualitario, también ejercen y sufren la violencia sexual. Según los datos de este proyecto, las víctimas tenían una media de edad de 19 años, seis menos que la media de los agresores (25 años). “Algunas especialistas creen que es una reacción del patriarcado. Las mujeres hemos cambiado, pero ellos hasta ahora no se han movido de su misoginia. Puede ser la respuesta del machismo”, explica Gracia Atencio.

    La relación de los casos es espeluznante. “Nueve hombres agreden sexualmente a tres adolescentes que se habían fugado de un centro de menores”, “Dos hombres violan a una mujer con discapacidad”, “Un hombre invita a una mujer a su piso y luego, junto a otros tres hombres que lo esperaban allí, la violan en grupo”. Aunque el denominación común sea la agresión 'en manada', algunas circunstancias cambian. A veces, fue en una vivienda (27%) a la que la víctima subió engañada, otras en la calle (27%), en un vehículo (14%) o en un portal (11%), entre otros lugares. El 32% de las víctimas no conocía a su agresor, mientras el 27% lo había hecho ese día y el 11% ya estaba en su entorno conocido.

    Las autoras de la investigación han querido poner frente al espejo a la sociedad y abrir una grieta en el muro del silencio de estas agresiones. Esperan que su modesta investigación sea el primer paso de una recopilación de datos institucional. “Estamos en pañales en la violencia sexual. Hay países europeos que tienen como agravante la violación en grupo”, explica la periodista de Feminicidio.net. Destaca que hay violencia de distintos tipos y que todas hay que estudiarlas, desde la agresión sexual al acoso en el trabajo o en el ámbito estudiantil o universitario. Por ello, es una fiel defensora de “organizar la autodefensa” con “la elaboración de protocolos en los distintos espacios” o “la actuación individual frente a las agresiones”.

    La pornificación y la cultura de la dominación

    Las autoras del estudio quieren pone de manifiesto que las violaciones no responden solo a una pulsión sexual, sino también a una intención de dominación del hombre sobre la mujer, que estos jóvenes han aprendido de una cultura machista. La experta destaca un dato significativo para apoyar esta idea:  “Al menos en 22 casos de las 32 víctimas (69%) atacadas en solitario sufrieron uno, dos o tres actos violentos además de la agresión sexual. Destacan: seis amenazadas, cinco golpeadas, cuatro robos, cuatro narcotizadas, cuatro pornificadas (grabadas con el móvil) y dos con lesiones severas”, reza el análisis.

    Atencio aclara que la pornificación no solo tiene que ver con la hipersexualización o con grabar una relación sexual, es la imitación de una escenografía, que también se ve en otros ámbitos de cultura, como por ejemplo, en videoclips musicales que tienen como secundarias a mujeres exuberantes y siempre a disposición del hombre.

    El objetivo último es extraer información para aplicarla a futuras soluciones. Por eso, ponen el foco en la nula educación sexual que reciben los adolescentes y que es incapaz de contrarrestar el potente ejemplo que ofrece la pornografía. Los niños y las niñas acceden antes a la imagen industrializada, rápida y, a veces, violenta del porno hegemónico, que a nociones básicas como el placer, el deseo sexual, el afecto o el respeto que deben marcar todas las relaciones. Prácticas como el 'gang bang' se vuelven frecuentes en el imaginario de los adolescentes, que aún no saben distinguir la ficción de la vida real porque ni siquiera la hayan experimentado.

    Las expertas quieren estudiar también la relación que existe entre estas escenas de dominación, donde incluso se simulan violaciones, y la violencia sexual. Atencio ahorra eufemismos y denuncia determinadas escenas pornográficas donde se viola a mujeres para excitar a los hombres que están al otro lado de la pantalla. “Hay actitudes que podríamos calificar de sexo de rapiña. Se ve a hombres en una actitud como de quien va a rapiñar, a invadir el cuerpo de la mujer”, afirma. Los mensajes que reciben ellos y ellas son contradictorios: “A nosotras nos enseñan a ser cariñosas y atentas, mientras ellos crecen en una erotización de la violencia”.