Arruzza: “El nuevo movimiento feminista es una alternativa al feminismo liberal”

La filósofa y activista italiana Cinzia Arruzza fue una de las intelectuales que participó en el manifiesto Un feminismo para el 99% para la Huelga del 8 de Marzo de este año en EEUU. El texto, en el que participaron también referentes del feminismo como Angela Davis o Nancy Fracer, supuso todo un alegato contra el sistema neoliberal y el imperialismo o colonialismo en plena época Trump. Arruzza, autora de Las sin parte: matrimonios y divorcios entre feminismo y marxismo, actualmente es profesora de Filosofía en la New School for Social Re-search de Nueva York. Gracias a su participación en la IX Universidad de verano de Anticapitalistas, que se ha celebrado esta semana en La Granja, Segovia, en cuartopoder.es hemos podido conversar con ella sobre los caminos que debería tomar el movimiento feminista para conseguir la liberación de todas las mujeres, entre otras cuestiones.

— ¿El feminismo y la lucha de la clase trabajadora son dos cuestiones inseparables?

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— Claramente hay diversos feminismos, pero lo que hemos visto en la década pasada es que el feminismo liberal ha tenido un papel predominante y no nos han llevado a la liberación de las mujeres trabajadoras y racializadas. Todo lo contrario: ha sido captado por los Gobiernos neoliberales para justificar políticas en el extremo opuesto y para aplicar políticas de austeridad. El nuevo movimiento feminista, el que ha llevado a cabo la Huelga del 8 de Marzo, representa una alternativa al feminismo liberal porque ha puesto en el centro la relación entre el capitalismo y la opresión de género. Entonces, representa una esperanza a nivel internacional.

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— En los últimos días ha habido una polémica en España porque una las mujeres más ricas y poderosas, la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, ha dicho que se considera feminista. ¿Qué postura deberíamos adoptar ante esta declaración?

“El proyecto del feminismo liberal es la igualdad de género, pero dentro de los miembros de la élite”

— Es un problema porque es el típico ejemplo del feminismo liberal, que habla de la igualdad de género pero a nivel individual, dentro de una clase específica o concreta. El proyecto fundamental del feminismo liberal es la igualdad de género, pero dentro de los miembros de la élite. Quienes al final pagan el precio de esta paridad de género son las mujeres trabajadoras, por ejemplo, las mujeres migrantes que tienen que hacer el trabajo de cuidados para las mujeres ricas. Este año hemos visto que había que celebrar el éxito de las mujeres de la élite, como si esto fuera una liberación de las mujeres, pero no se entiende qué es lo que se ha liberado. No produce más libertad ser explotado por un hombre o por una mujer. Si nos están explotando, da igual el género.

— ¿Hasta qué punto el protagonismo del feminismo en los medios de comunicación o su alcance en las redes sociales, debido en parte a fenómenos como el #MeToo, están provocando cambios reales en la vida de las mujeres?

— No se puede pensar que vamos a vencer ahora mismo, pero seguramente un movimiento mediático como el #MeToo ha tenido el mérito de poner en el centro la violencia de género en los puestos de trabajo, una cuestión de la que se hablaba poco. Ha puesto en evidencia esa jerarquía en los puestos de trabajo y cómo esta crea desigualdad en las condiciones, para que se dé el acoso. Además del #MeToo hay más movimientos internacionales como el de la Huelga de Mujeres y la lucha es muy dura, sobre todo con la cuestión del aborto. Como por ejemplo, en Polonia, donde la batalla no ha terminado, pero han conseguido parar ese retroceso que querían hacer de la ley del aborto. En Argentina, aunque se ha perdido la batalla de la ley del aborto, hemos podido observar como el nivel de movilización ha sido muy alto y ha cambiado el debate en el país. Podemos pensar que el aborto en todos los supuestos será ley, aunque ahora mismo hayamos perdido. Para poder ganar en estas circunstancias, cuando se observa un ascenso de la derecha, es necesario que el movimiento feminista forme una alianza desde la base con otros movimientos anticapitalistas.

— Tanto en España como en Italia, y en el marco europeo, el discurso xenófobo está ganando espacio político. ¿Cómo puede servir el feminismo para combatir ese racismo?

“Una de las tareas de este nuevo movimiento feminista es derogar todas estas leyes que prohíben el velo”

— Las primera cosa es trabajar con las mujeres migrantes, partiendo desde la cuestión específica de la explotación en el trabajo de las mujeres migrantes. Por ejemplo en Italia hay miles de mujeres migrantes que son explotadas y violadas en las regiones agrícolas de Sicilia. Estamos hablando de condiciones casi de esclavitud. El movimiento feminista en Italia debe lanzar una campaña en apoyo a estas mujeres y continuar denunciando lo que está sucediendo. El otro gran problema que podemos observar en Europa es que una parte del feminismo europeo ha apoyado políticas islamófobas. Una de las nuevas tareas de este nuevo movimiento feminista es derogar todas estas leyes que prohíben el velo. Hay que denunciar la hipocresía de todos esos gobiernos europeos que utilizan la cuestión de género para marginar a los migrantes y, especialmente, a las mujeres migrantes.

– En su opinión, ¿por qué las medidas como limitar o prohibir prendas como el velo, burka o el burkini nunca podrían ir en beneficio de las mujeres?

– Estas leyes no tienen nada que ver con liberar a las mujeres musulmanas. El único resultado que se obtiene es un aislamiento de las mujeres musulmanas. Se las imposibilita para salir de casa o ir a la escuela. Por otra parte, estas leyes reproducen el estereotipo de mujer imperialista, occidental blanca, en el sentido de que el colonialismo ha estado justificado sobre la base de civilizar y liberar a las mujeres. Por ejemplo, el colonialismo francés en Argelia o el colonialismo inglés en la India. Estamos viendo una larga historia de gobiernos europeos que se presentan como civilizadores, utilizando esta idea con fines imperialistas. Si estamos realmente interesados en la liberación de las mujeres, necesitamos dejar de hablar de ellas y darles la voz a ellas, dejar de pensar que son victimas pasivas. Escucharlas y luchar junto a ellas, no para ellas.

– Una de sus teorías más conocidas es que el patriarcado ya no existe como sistema. ¿En qué se ha transformado el patriarcado entonces?

“Mi teoría es que el patriarcado ya no existe como sistema”

— Efectivamente. Mi teoría es que el patriarcado ya no existe como sistema y lo que existen son las relaciones sociales patriarcales. El patriarcado ha terminado siendo una parte indisoluble del sistema capitalista, pero ya no existe como sistema autónomo. Hay una serie de dinámicas capitalistas que crean las condiciones para que sigan existiendo las opresiones de género. La teoría de la reproducción social estudia precisamente esta dinámica de opresiones.

— Esta teoría del sistema único ha llamado la atención y plantea debates en el movimiento feminista. ¿Por qué cree que ocurre?

— No es tanto una idea mía original, es una idea ya viene del feminismo marxista de los años 70, en particular de Lise Vogel. Cuando ella lo desarrolla en su libro, desgraciadamente era en los años 80 y ya estábamos en un declive de la lucha obrera y el inicio del periodo del neoliberal. Cuando esta autora publicó su libro no tuvo un gran éxito, a causa de estas circunstancias… Dentro de la teoría feminista, se estaba prestando atención al discurso, al lenguaje, pero no a la relación con el sistema. Cuando retomé esta idea el contexto era diferente. La crisis del 2008 ha traído de nuevo la lucha contra el capitalismo. El nuevo movimiento feminista tienen la capacidad de movilizar a una nueva generación de mujeres jóvenes y precarias o desempleadas. El contexto actual pide analizar de nuevo las estructuras de capitalismo y género.

— Ha habido una transformación del feminismo en la manera en la que plantea el deseo y la liberación sexual. ¿Qué aspectos destacaría de esta nueva etapa?

“Hay una relación muy estrecha entre sexualidad, mercado y consumo”

— Lo interesante de este nuevo movimiento es que no solo incluye a mujeres cis heterosexuales, sino que ha incluido a trans, queers y diversas orientaciones sexuales. Ha criticado al esencialismo del feminismo de la segunda ola. Otra cosa en relación es que ha criticado las relaciones sociales. El nuevo feminismo pone en evidencia como nuestro deseo no puede ser considerado desde un punto de vista individual, sino que debe ser considerado dentro de las relaciones sociales que lo condicionan. Por lo tanto, para poder liberar el deseo hay que cambiar la sociedad. No puede haber una auténtica liberación sexual y del deseo dentro de la sociedad que existe.

Actualmente, hay una relación muy estrecha entre sexualidad, mercado y consumo. Por tanto, hay una colonización de nuestros deseos y nuestras identidades sexuales que parte del mercado. No tenemos ningún control democrático sobre el mercado y el consumo, y eso significa que no tenemos una libertad real para definir nuestra identidad y mostrar nuestros verdaderos deseos.

— Hablando de opresiones y libertades para las mujeres, ¿cuál es su opinión sobre lo que debería hacer el feminismo respecto al tema de la prostitución?

— En general, las trabajadoras sexuales insisten en que se trata de trabajo, y que no hay una diferencia fundamental entre este trabajo y otro tipo de trabajos, que son de explotación y de alineación. Por lo tanto, lo que las trabajadoras sexuales piden es que se deje de considerar el trabajo sexual como algo distinto. Quieren un trabajo con reconocimiento sindical y, sobre todo, respeto. Yo pienso que tenemos que trabajar junto a las trabajadoras sexuales por las demandas y derechos que exigen ellas. También para cambiar una sociedad que las criminaliza.