Beatriz R., superviviente de trata en Colombia: “Hay 42.000 víctimas de mi ciudad en España”

Para Beatriz Rodríguez, nacida en Pereira (Colombia) y ahora con 50 años, la vida se torció cuando solo tenía 14. Su familia la introdujo en la prostitución y su "secuestro", como ella misma lo describe, duró 22 años. Por su situación acabó llegando a Florencia, una ciudad colombiana donde encontraría la salida y la motivación de su existencia: ayudar a otras mujeres a poder escapar de las garras de la trata, que en su país envía a miles de mujeres a otros países del norte. La asociación que ahora dirige empezó formando a las mujeres en la producción de cárnicos y ahora es un proyecto integral de empoderamiento y desarrollo femenino en la zona. Su valiente trabajo, en un punto caliente del conflicto colombiano, le valió la nominación a la iniciativa Mil Mujeres de Paz para el Nobel.

-- ¿Cómo entró en el mundo de la prostitución?

-- Yo fui tratada por mi familia. A los 14 años, siendo todavía una niña, mi mamá me llevó a una tía que era la dueña de un prostíbulo. En mi cultura lo más preciado es la virginidad y yo, después de perderla, ya no valía nada. Mi madre pensó que era imposible darme en matrimonio y que ya no tenía nada más que hacer conmigo. Me dijo que tenía que ser responsable e ir a trabajar con mi tía.

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-- Estuvo más de 20 años explotada sexualmente. ¿Cómo le afectaba psicológicamente y cómo podía soportarlo?

-- Fue un secuestro en mi propio cuerpo y en mi propio mundo. En ese entonces no lo analicé y pude sobrevivir no pensándolo y no sintiéndolo. Nunca pude darme un espacio para sentarme a llorar por el dolor y el daño. Simplemente es lo que me enseñaron de niña. Fui sometida, coaccionada, convencida de que eso es lo que me había tocado hacer y no tuve ese espacio de reacción. Cuando logré salir empezó mi dolor. Vinieron las noches de no poder dormir, de no poder tener relaciones sexuales con mi compañero, de no poder dejar la culpa y no poder dejar el miedo. El dolor lo vivo ahora, pero entonces era lo que me había enseñado mi mamá.

-- ¿Su madre se había dedicado a la prostitución?

No, ella nunca paso por esa situación.

--¿Cómo eran las mujeres que se encontró durante esos años?

"Estábamos sometidas a todos los peligros: las enfermedades, el sida, los golpes y los secuestros"

-- Como dice Amelia Tiganus, los prostíbulos son campos de concentración, donde convergen todos los dolores y todos los delitos contra una. Son lugares de abuso y de violencia extrema. También de adicciones a las drogas y al alcohol. En mi caso, usé el alcohol como paliativo para llevar esa situación. Siempre estábamos sometidas a todos los peligros: las enfermedades, el sida, los embarazos, los golpes y los secuestros. En mi caso, la mayoría de mi tiempo estuve secuestrada sin documentos y el dinero que se pagaba por mi abuso nunca llegaba a mis manos.

-- ¿Cómo se fue articulando esa red para que no pudiera escapar?

-- Le quitan a una los documentos para que no sea nadie en la calle. Para nuestra sociedad y nuestra legislación las putas son las que tienen la culpa. También te quitan toda la capacidad económica y estás todo el tiempo controlada, bajo llave. Yo tengo tres hijos: una hija de 34 años, un hijo de 32 años y otra hija de 28. Era parir, entregarle el muchachito o la muchachita a mi madre y seguir trabajando, sin postparto. Me decían que tenía que trabajar más si había un bebé más que alimentar. Le daban el dinero directamente a mi madre para el sustento de mis hijos, mis hermanos menores y ella misma.

-- Afortunadamente logró salir de este infierno. ¿Cómo lo consiguió?

-- A través de un grupo de veinte mujeres ayudadas por una mujer alcaldesa de Florencia, la ciudad de la Amazonía colombiana donde acabé por mi situación de trata y donde ahora resido. Lucrecia Murcia prometió a sus electores “resocializar” a las prostitutas a las que nos llamaban trabajadoras sexuales. Ella nos ayudó a través de la Universidad de la Amazonía a transformar cárnicos y conformamos la Asociación de Mujeres de Cárnicos. En nuestro comienzo empezamos a hacer chorizos, costillas y hamburguesas, pero hoy somos una plataforma social, política y económica para las mujeres del departamento.

-- Ahora Asociación de Mujeres Productoras de Cárnicos de Caquetá (AOMUPCAR) es una escuela de empoderamiento psicológico, médico, pedagógico y productivo para las mujeres de la zona e incluso combaten el desplazamiento forzado. ¿Por qué no han cambiado de nombre?

-- No hemos cambiado el nombre por el recuerdo de nuestros orígenes y sobre todo por seguridad. De alguna manera este nombre nos protege en el contexto en el que vivimos, un contexto muy violento, armado, de narcotráfico, donde convergen todos los grupos: paramilitares, militares, ejército de los EEUU y bandas delincuenciales. No es fácil hacer nuestro trabajo en ese territorio porque a ellos no les gusta que les arrebaten el cuerpo de las mujeres, que es su botín de guerra. No quieren que las mujeres se empiecen a empoderar.

-- ¿De qué manera el conflicto armado en Colombia se relaciona con la trata y la explotación sexual?

"Tanto el narcotráfico como la prostitución son dos importantes renglones económicos en Colombia"

-- De alguna manera, el conflicto y el narcotraficante son el caldo de cultivo, con todos los aliños que se quiera, para engrandecer e inventarse nuevas modalidades de trata y prostitución. Tanto el narcotráfico como la prostitución son dos importantes renglones económicos. Se trata de hombres poderosos comprando lo que se les antoje, entre ello el cuerpo y la vida de las mujeres. Somos cosas, instrumentos para ellos, fáciles de comprar y fáciles de manejar. Por otro lado, el Gobierno ni se plantea acabar con la prostitución, que da tantos ingresos económicos. Solo de mi ciudad natal Pereira (Risaralda), en el eje cafetero, --476.000 habitantes--, hemos contabilizado 42.000 mujeres en situación de trata en España, pero en Europa y en Japón hay muchas más. Es un benéfico económico que ningún estado quiere desperdiciar.

-- ¿Cómo le ha servido el feminismo para llegar a enfrentarse a su pasado y lograr ayudar a otras?

-- Le voy a ser bien sincera. Yo no sé demasiado sobre los asuntos legislativos o la academia. Para mi sanación me han servido las compañeras y el acompañamiento que hago ahora con ellas para poder rescatarlas, abrirles los ojos y escucharlas para mitigar el daño. Agradezco lo que puedan hacer las académicas que pueda servir a las mujeres, pero yo quiero seguir rescatando a otras y ayudarlas a sobrellevar esta situación.

-- En España el feminismo se encuentra dividido. Algunas mujeres creen que la prostitución debería reconocerse como trabajo y otras consideran que el único camino es la abolición. ¿Qué opina?

-- Esto no es un trabajo, no es una industria, no es un comercio. Solo es un uso y un abuso de la dignidad de las mujeres y las niñas, que somos quienes sufrimos este flagelo en el mundo. No se le puede poner un maquillaje. Cuando hablamos de industria y de trabajo contemplamos una reglamentación tanto para el patrón como para el contratado. Yo le devuelvo la pregunta: ¿cómo regularía usted la prostitución? ¿cuántas veces me la mete por el culo, cuantas veces me la mete por la vagina, cuantas veces me mama las tetas? Yo esa vaina no la entiendo. No es un trabajo y ya basta con esto. ¿Cómo negocio yo con un comprador? No se puede reglamentar el abuso.