Esther Vivas, autora de ‘Mamá desobediente’: “En la maternidad se nos niegan derechos”

  • 'Mamá Desobediente. Una mirada feminista a la maternidad' (Capitan Swing) es un profuso ensayo, teñido por su propia vivencia, que revela una sociedad hostil a la maternidad

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Si la maternidad o su ausencia atraviesa las vidas de todas las mujeres, sorprende que haya quedado muchas veces fuera de los grandes debates del feminismo. Como pasa a menudo en la vida, entender toda la complejidad de un proceso pasa necesariamente por vivir la experiencia en carne propia. Eso le ocurrió a la periodista y socióloga Esther Vivas, autora de Mamá Desobediente. Una mirada feminista a la maternidad (Capitan Swing), un profuso ensayo, teñido por su propia vivencia, que revela una sociedad hostil a la maternidad. Sus reflexiones arrojan luz sobre el machismo que atraviesa temas invisibilizados como la lactancia o la violencia obstétrica y reivindican el derecho a una maternidad rebelde, sin imposiciones, que requiere de esfuerzos individuales y sobre todo colectivos.

– Llama la atención que el feminismo a lo largo de su historia haya esquivado a menudo el tema de la maternidad. ¿Qué es lo que le lleva a poner el foco precisamente aquí?

"La maternidad está invisibilizada también por los movimientos sociales"

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– El libro parte de mi propia experiencia materna y, a raíz de ello, darme cuenta de que todo lo que tiene que ver con la maternidad, como gestar, parir, dar de mamar, está invisibilizado y poco reconocido, no solo por la sociedad en general, sino también por los movimientos sociales que esperan cambiar el orden de las cosas. Este libro quiere reflexionar sobre la necesidad de mirar la maternidad desde la perspectiva feminista y emancipadora, dándole ese valor social, económico y político que le ha sido negado, sin caer en una idea romántica o esencializadora.

– ¿Qué diría que es más revolucionario en nuestra sociedad actual: decidir no ser madre o decidir serlo desafiando los patrones que nos vienen establecidos a las mujeres?

– Cuando una mujer decide no ser madre o no puede serlo, sigue cargando, a día de hoy, con cierto estigma. Es cierto que la maternidad hoy se ha convertido en una elección, pero estas mujeres demasiado a menudo son cuestionadas por el hecho de no serlo. Al mismo tiempo ser madre y querer ejercer tu derecho a decidir en este proceso es extremadamente complicado. En la maternidad, nos quieren sumisas y subalternas. Por lo tanto, tanto lo uno como lo otro incomoda al sistema porque se sale de los marcos sociales establecidos.

– Según plantea en el libro, por un lado, las madres se enfrentan a la cultura patriarcal y, por otro, a un modelo capitalista que les obliga a mantener un alto ritmo productivo. ¿Existen recetas para resistir?

– Como afirman las economistas feministas, se trata de poner el cuidado en el centro del sistema socioeconómico. En este caso diría poner la maternidad en el centro. Pero no desde una idea reaccionaria, sino con una perspectiva feminista y emancipadora de la maternidad donde el cuidado de las criaturas no recaiga solo en las madres, sino también en los padres y en la sociedad en general. Esto permite romper con estos ideales de maternidad que se han impuesto al servicio del patriarcado y del capitalismo. Esa idea de madre abnegada, sacrificada, cuyo su fin en la vida es cuidar o, por otro lado, ese ideal de la supermamá que siempre esta disponible para el trabajo como si no existiese la crianza. Poner la experiencia materna en el centro es también reivindicar a la madre como un sujeto activo con plenos derechos, cosa que hoy en día, se nos niega a lo largo de la experiencia materna.

– En el plano teórico se comprende, pero, si vamos al plano cotidiano, ¿cómo pueden las madres plantar cara al patriarcado y al capitalismo en el día a día?

"Es importante juntarnos con otras, no sentirnos solas y saber que podemos"

– Hay una parte individual y colectiva. A nivel individual hay que tener toda la información posible acerca del proceso del embarazo, del parto, de la lactancia, porque también nos han impuesto un imaginario que no responde a la realidad, sino a los intereses de determinadas empresas o de la atención sanitaria, que infantiliza y somete a una visión paternalista a la mujer. También es importante organizarnos con otras mujeres. Hay grupos de preparto, postparto, que generan redes de apoyo solidario y mutuo. Es importante sentirte acompañada para enfrentarte a este proceso con una mayor capacidad y una mayor confianza en ti misma porque se nos ha dicho que no podemos, que no podemos parir, que no podemos dar de mamar. Es importante juntarnos con otras, no sentirnos solas y saber que podemos. Más allá de esto son necesarios cambios colectivos. Muchas veces se contempla la maternidad como algo individual cuando está determinada por el contexto socio-económico, y éste es hostil a todo lo que implica la crianza, la maternidad y la vida. Para poder ejercer esa maternidad insumisa los cambios sociales son necesarios.

– Hace una defensa encarecida de la lactancia. Disiente de la política y escritora feminista Beatriz Gimeno en que exista un “repliegue identitario” de las mujeres que vuelven a determinados modelos de crianza y lactancia tradicionales en este momento de precariedad laboral.

"La lactancia es algo a reivindicar en clave feminista y ecologista"

– Reivindicar la maternidad en clave feminista y emancipadora no implica un repliegue de las mujeres al hogar, sino que justamente significa plantear un modelo de maternidad y de crianza antagónico al modelo hegemónico dominante. Los grupos de crianza materna quieren sacar la maternidad a la calle, quitarle los tabús que la rodean, y esto implica organización colectiva. De retrógado estas maternidades no tiene nada, algo que no quita que tengan sus límites a nivel social y que a menudo estas iniciativas solo sean accesibles para determinados estratos de clase media. Esos mismos limites los encontramos en el consumo crítico y en la economía social y solidaria. Se debe ver como algo a superar, no como algo negativo.

La lactancia es algo a reivindicar en clave feminista y ecologista. No tiene nada que ver con criar encerrada en el hogar porque puedes criar en soledad tanto si das la teta como si das el biberón. La teta no es solo beneficiosa para la salud del bebe, sino también para la de la mamá, en particular, para el postparto inmediato, para fortalecer ese vinculo con la criatura y combatir la depresión. A la vez la lactancia materna permite la soberanía de la mujer, sin la dependencia externa que puede generar la lactancia artificial. Con esto no vengo a juzgar si una madre da la teta o el biberón, pero sí hay que saber que tras el biberón hay unos intereses de la industria agroalimentaria muy claros. Las principales empresas detrás de la industria son Nestle y Danone. El biberón es un gran invento, pero el problema es cuando nos dicen que la lactancia artificial y la materna son lo mismo, y eso es falso. Desde una perspectiva ecologista la lactancia materna es el elemento más sostenible y más saludable para el bebé. La teta es antisistema: sale gratis y necesita de unos tiempos antagónicos a la lógica del capital y del productivismo.

– En el libro también arremete con algún aspecto de los permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles. ¿En qué considera que ha fallado la izquierda al reivindicar este planteamiento?

– Falla desde el momento en el que consideran que estos permisos permitirán acabar con la desigualdad que sufren las mujeres y las madres en el mercado de trabajo. Esto en realidad no es así porque las desigualdad de género que sufrimos las mujeres en el mercado laboral no solo tienen que ver con el hecho de ser madres. Si eres madre, la penalización va mucho más allá de las 16 semanas de baja por maternidad. Por el otro lado, se plantea aumentar el permiso de los padres, pero el problema es cuando esta demanda se desvincula totalmente de la baja por maternidad, que es tan corta que no permite la lactancia materna en exclusiva hasta los seis meses, como recomienda todas las instancias de salud. En poco más de dos años el permiso de los padres ha aumentado un 300%, ha pasado de las dos a las ocho semanas, pero el de las madres no se ha movido ni una coma desde 1989 ni está previsto que lo haga. Es aquí donde tenemos un problema.

– En el capítulo de la violencia obstétrica narra experiencias terroríficas, como episodios traumáticos con la maniobra 'kristeller' para acelerar el parto o casos de mujeres que comparan su experiencia en el paritorio con una violación, debido al daño sufrido. En España nos consideramos un país avanzado en cuestiones de género, en comparación con otros países, ¿esto ocurre todos los días?

"La violencia obstétrica forma parte estructural de la atención al parto"

– Sí, porque la violencia obstétrica forma parte estructural de la atención al parto. No es una parte puntual, sino que forma parte de la práctica de los profesionales de la salud.  Y no es que estos profesionales sean malos, el problema reside en que se les ha formado con esta mirada. De aquí, que sea imprescindible una atención al embarazo y al parto con perspectiva de género, y crear alianzas con dichos profesionales para erradicar estas prácticas. Hoy en día tenemos un porcentaje de alrededor del 40% de episiotomías –incisión quirúrgica en el periné-- sobre el total de mujeres que dan a luz, cuando el Ministerio de Sanidad considera que una cifra razonable sería alrededor del 15%. La situación ha mejorado porque, en los años 90, a un 90% de las mujeres que tenían hijos les hacían la episiotomía, pero aun queda mucho camino por recorrer. Es una práctica sistemática y lo mismo podríamos decir las cesáreas o los partos inducidos. En todos estos ámbitos los porcentajes son mucho más elevados de los que recomienda la OMS, o que en los países nórdicos, donde hay mucha menos intervención médica en el parto. El problema que tenemos hoy es que se considera que el parto es una enfermedad y, mejor cuanto más medicalizado, cuando es un proceso fisiológico natural que necesita tiempo para la madre y la criatura. La violencia obstétrica no solo es una violencia física que deja consecuencias en la salud sexual y reproductiva de las mujeres, sino que es psicológica, en el sentido de que la violencia obstétrica implica también que te separen de la criatura una vez que nace, que no puedas parir acompañada de quien tú deseas... Esto deja una huella emocional, porque la mujer está en el parto en una situación especial de vulnerabilidad.

– Como bien cuenta, su experiencia materna le ha servido para escribir este libro. ¿Le cuesta mucho esfuerzo ser una madre rebelde?

– La culpa es algo que siempre nos acompaña a las madres, pero la mejor manera de superarla es siendo conscientes de que a menudo lo que hacemos no es tanto lo que nos gustaría, sino lo que podemos hacer con las circunstancias que encontramos. Creo ser conscientes de las tensiones que genera la maternidad a nivel personal, a nivel profesional, con tu pareja o a nivel social, es la mejor manera de tener una experiencia materna satisfactoria. En mi caso, el hecho de contar con una pareja implicada hace que la experiencia materna sea más satisfactoria, también por las características de mi trabajo como periodista freelance, que me permite una cierta conciliación con los horarios de mi hijo. También creo que es importante señalar que la experiencia materna viene atravesada por una cuestión de clase social y que la maternidad no genera las mismas contradicciones en una mujer de clase media que en una mujer de clase social más baja. Para una mujer de clase media el debate será como concilia su vida personal o laboral con la maternidad, y una mujer con menos de recursos económicos pensará solo en cómo consigue llegar a final de mes. Quienes sufren más la hostilidad son las mujeres racializadas y las que tienen menos recursos económicos.

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