ENTREVISTA

Beatriz Gimeno: “Hay que priorizar los consensos y hacer una alianza feminista”

  • Charla con la exdiputada de la Asamblea de Madrid e intelectual feminista, nueva directora del Instituto de la Mujer

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Beatriz Gimeno ha argumentado y defendido sus ideas sobre el feminismo en artículos, libros y charlas universitarias. Referente en el pensamiento feminista y expresidenta de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), no le teme a la controversia. Cuenta que desde que comenzó a usar las redes sociales evita mirar los comentarios de la gente y así vive bastante tranquila. Ahora que algunos medios han utilizado sus reflexiones sobre sexualidad o sobre el patriarcado para dar jugosos titulares, ella responde que antes nunca la habían considerado provocadora, si acaso feminista radical.

El nombre del Instituto de la Mujer, cuya dirección acaba de asumir, quiere cambiarlo a plural, porque cree que el organismo debe reflejar la diversidad de las mujeres. También considera que el instituto ha estado invisibilizado, así que pretende revertir esta situación y acercarlo a la ciudadanía, además de convertirlo en una especie de think tank feminista. Tras su trayectoria como activista, escritora, también diputada en la Asamblea de Madrid, ahora esta al frente de la institución. Desde aquí recuerda la importancia de que en el movimiento feminista se prioricen los consensos, aunque confía en su fortaleza porque la experiencia le demuestra que "siempre" consigue avanzar.

– Una pregunta que le habrán hecho últimamente, ¿para qué sirve exactamente el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades?

– Sirve para lo que cada directora quiera que sirva o intenta que sirva. En su origen el instituto estaba muy vinculado a las reivindicaciones feministas, de los años 80. Luego quedó muy diluido. Desapareció del foco como el gran organismo de igualdad. Yo aquí he descubierto que siempre ha estado haciendo programas, siempre ha servido, solo que antes no era tan visible. Ahora queremos que el Instituto siga haciendo eso y además sea un foco de conocimiento, que se hagan los debates del movimiento feminista y se tenga incidencia en la vida universitaria y en la academia. Queremos que se constituya una especie de think tank.

– ¿A qué le gustaría darle un vuelco?

– Queremos darle un vuelco al tema de la visibilidad, para que sean visibles las cosas que se hacen. Tiene que estar volcado hacia la ciudadanía: ofrecer servicios de atención telefónica para mujeres, por ejemplo, en el ámbito rural, donde la relación de cercanía con los órganos de Igualdad no es fácil. Nos sirve para el tema de la España vaciada. Queremos tener una programación cultural propia. Me gustaría potenciar que sea un órgano abierto a la ciudadanía.

– Estos días ha hablado de un cambio de nombre, Instituto de las Mujeres, en lugar de Instituto de la Mujer. ¿Por qué ese cambio al plural? Por otro lado, ¿ya se sabe su ubicación definitiva?

"El feminismo habla ahora de las mujeres porque somos plurales y diversas"

– El feminismo habla ahora de las mujeres porque somos plurales y diversas. No se habla de la mujer como un todo monolítico. Eso tiene que reflejarlo el Instituto. Vamos a intentar cambiarlo. Aquí estamos una parte (en el Ministerio de Igualdad) y hay otra parte en la calle Condesa de Venadito, que es una sede tradicional y conocida, pero que está muy aislada. Esa idea de servicios a la ciudadanía no podemos realizarla allí.

– Su primera reunión como directora del Instituto de la Mujer fue con las mujeres de Servicio Doméstico Activo (SEDOAC). El Gobierno ha anunciado que ratificará el convenio 189 de la OIT para garantizar los derechos de las trabajadoras del hogar. ¿Cómo puede ayudar el Instituto a combatir la situación de precariedad que viven?

– Por una parte, en el Instituto se tiene una cierta influencia. Aquí se piensan cosas que después se trasladan al Ministerio de Igualdad. El convenio 189 es una cosa que yo llevé en la Asamblea de Madrid y que a mí siempre me ha parecido importante, aunque la ministra ya lo sabía. Queremos visibilizar en debates y charlas a las mujeres que están en una situación precaria y con trabajos feminizados. Queremos que tengan una casa en el Instituto. No hablemos solo de techo de cristal, sino de suelo pegajoso, del que muchas mujeres no consiguen despegarse.

– En Madrid el nuevo alcalde ha retirado la financiación al Centro de Empoderamiento de las trabajadoras del hogar y cuidados, único en España...

– El instituto también tiene vías de financiación, de subvención, y hay que incluir a estas mujeres.

– Prácticamente acaba de asumir el cargo y ya casi está aquí el 8-M. Usted y otras compañeras de Podemos vienen del activismo. ¿Cómo piensan participar en la reivindicación ahora que están al frente del Instituto de la Mujer y del Ministerio de Igualdad?

– Este 8M nos ha cogido deprisa. Casi todos en Podemos venimos de los movimientos sociales. La llegada a la institución no es nueva y hay que conjugarlo con dificultad, sabiendo que no es lo mismo. Algo fundamental en Podemos es el respeto absoluto de los movimientos sociales. Muchas de nosotras venimos de ahí y no nos gustaba nada que hubieran partidos que quisieran cooptarlos o dirigirlos. Nosotras nos sumamos a lo que organice el 8M. Nosotras organizaremos un acto donde hablaremos del futuro del Ministerio y del Instituto. Después iremos a la manifestación y llevaremos nuestra pancarta.

– A una abolicionista convencida como usted, ¿le parece suficiente que el Ministerio de Igualdad impulse una ley contra la trata para combatir la explotación sexual en nuestro país?

"Una ley integral contra la trata era una reivindicación clásica de todo el movimiento feminista de hace apenas dos años"

– Una ley integral contra la trata era una reivindicación clásica de todo el movimiento feminista de hace apenas dos años. Hoy leía un artículo de Mabel Lozano que lo pedía. A mí, como abolicionista, nunca me va a parecer suficiente nada que no conduzca directamente a la abolición de la prostitución. Al mismo tiempo, soy consciente de las dificultades y resistencias que hay. La prueba está en que nunca se ha aprobado una ley abolicionista, a pesar de que un partido a favor llevaba muchos años gobernando y algunos con mayoría absoluta. No es un reproche que yo haga, sino una contratación de lo difícil que es legislar en este sentido. Estoy muy contenta de que la ministra Irene Montero se haya declarado abolicionista y, desde luego, trabajaremos en ese sentido.

Beatriz Gimeno en su despacho en el Ministerio de Igualdad./María Jesús Ortiz
Beatriz Gimeno en su despacho en el Ministerio de Igualdad./María Jesús Ortiz

– Otra polémica que ha resurgido en el movimiento feminista es el fuerte rechazo de un sector al proyecto de ley trans que registró Unidas Podemos. Se han hecho muchas críticas, pero también se ha criticado la propia necesidad o urgencia de esta medida. ¿Qué contestaría?

– Ahora mismo vengo de un encuentro con algunas feministas y me han han dicho que si esto se debatiera cara a cara se entendería. A mí me han entendido a la perfección. El debate está muy viciado porque se confunden leyes, como la ley trans y la ley LGTBI, y se usan cosas que no vienen en la ley. La urgencia es que tanto desde el PSOE como de Unidas Podemos tienen el compromiso de avanzar en la despatologización de las personas trans, en línea incluso con la Organización Mundial de la Salud. Avanzaremos en garantizar derechos fundamentales. Tenemos una dirección general de Diversidad Sexual que tiene como cometido garantizar los derechos de las personas LGTB, así que esto no es mi responsabilidad directa. Todo lo que venga a taponar carencias de derechos es urgente.

– Algunos sectores dentro del feminismo aluden a que la terminología empleada en la ley trans desdibuja la categoría de mujeres, lo que se ha llamado el sujeto de la lucha feminista. Se critica que en la ley se emplee “el derecho a la autodeterminación de la identidad sexual” o que se hable de “personas con capacidad de gestar”, pero no de mujeres. ¿Qué opina?

"Garantizaremos los derechos fundamentales para las personas trans y la ley está sujeta a cambios"

– Si, pero esa ley no es mi responsabilidad directa ni del Instituto de la Mujer. Hemos dicho que garantizaremos los derechos fundamentales para las personas trans y que esta ley está sujeta a cambios. Ya dijimos que el trámite parlamentario no era lo mismo entonces, cuando la presentamos.

Estábamos en la oposición y no en el Gobierno. Ahora mismo la necesidad es, una vez pactada esta ley con el PSOE, buscar los máximos consensos posibles. Intentaremos que se satisfaga a todas las partes mientras se garantizan los derechos que deben garantizarse.

– En algunos artículos usted ha sido tajante contra la transfobia. En estos días se expulsaba de IU al Partido Feminista, liderado por Lidia Falcón, que había recibido críticas en este sentido. ¿Cómo lo has observado?

– Izquierda Unida no es mi partido y no puedo pronunciarme. Es un partido coaligado que toma sus decisiones internamente. Yo no puedo poner en duda nada respecto a las decisiones que tomen. No tengo nada que decir ni debo decir nada sobre este tema.

– Lo enfoco por otro lado. Hay debates latentes del feminismo como son la prostitución, las polémicas de la teoría queer o la inclusión de las personas trans en la lucha feminista, pero se han recrudecido estos días. ¿Por qué cree que sucede?

"Hay luchas de poder dentro del feminismo ahora mismo"

– Hay muchos factores que creo que están contribuyendo. Las redes crean una realidad paralela: polarizan, exacerban, generan tensión... Creo que son debates muy antiguos y las redes contribuyen. Además, la agenda de la ultraderecha para romper el movimiento feminista tiene estrategias conocidas en todo el mundo. También hay luchas de poder dentro del feminismo ahora mismo. La irrupción de un feminismo autónomo masivo genera tensión porque es incontrolable. De algunas maneras se producen luchas dentro del movimiento y de los partidos con el movimiento, las redes contribuyen, y la extrema derecha tiene una agenda y también crea divisiones. Son muchos factores.

– ¿Le preocupa que este 8M se produzca división dentro del feminismo? ¿Ha vivido momentos parecidos en su trayectoria?

– Es importante relativizar un poco. Ha habido broncas grandes dentro del feminismo, pero solo se enteraban las que estaban allí y las que luego leían el periódico. Son debates encarnados porque nos atraviesan. Generan muchas heridas, hay mucha tensión, pero hay que decir que esto no es nuevo. Yo soy partidaria de priorizar los consensos, lo cual no significa que los disensos no tengan importancia. Una gran parte del mundo mira al feminismo español, como ahora al chileno o al argentino, pero hemos sido un ejemplo y un motivo de asombro y eso no se debe perder. Aunque a veces los desacuerdos parecen muy profundos, hay muchos acuerdos. Hay que priorizar los consensos y hacer una alianza feminista. Y luego cada una seguirá trabajando para ganar aquella parte donde hay disenso. Para mí la diversidad es potencia y el feminismo ha alcanzado la potencia que ha tenido gracias a unos debates muy ricos, a su diversidad en el pensamiento. La uniformidad no genera riqueza. El feminismo es fuerte, entre otras cosas, por la capacidad que tiene para debatir, para integrar, para discutir y luego encontrar solución. Yo siempre lo he creído así.

– ¿Cuáles cree que son los consensos más importantes del movimiento feminista en la actualidad?

"La cuarta ola se caracteriza por la denuncia de las violencias sexuales y una crítica feroz y profunda al neoliberalismo"

– Hay un consenso enorme en la lucha contra las violencias sexuales. Está el Movimiento MeToo o el Cuéntalo de Cristina Fallarás. Se trata de poner la violencia sexual encima de la mesa y decir que esto lo padecemos todas las mujeres a lo largo de nuestra vida. Se señala, se rompe la normalización y el silencio. Otro consenso del feminismo de la cuarta ola es el análisis profundo de la estructura de la desigualdad. Creo que ese es un feminismo novedosamente antineoliberal. Hasta hace poco no estaba tan claro que la mayoría del feminismo no fuera anticapitalista. Creo que eso es muy novedoso y por eso somos tan peligrosas. La cuarta ola se caracteriza por la denuncia de las violencias sexuales, por ponerlas en el centro, y una crítica feroz y muy profunda al neoliberalismo. Esos son consensos.

– Cuando se anunció su nombramiento como directora del Instituto de la Mujer hubo una oleada de noticias en su contra, sacando a relucir algunos artículos o libros supuestamente polémicos en torno a la sexualidad masculina o el heteropatriarcado. ¿Molesta más que una feminista lesbiana hable sobre sexualidad o simplemente era fácil agitar la polémica por parte de la oposición?

– Creo que las dos cosas. El feminismo es peligroso por su masividad y radicalidad. Seguramente era un blanco relativamente fácil, pero creo que el tema de hablar de la sexualidad todavía cuenta. Sí que leí algunos artículos de personas que me apoyaban, diciendo que si hubiese sido un hombre hablando de sexualidad, seguramente no habría tenido tanta repercusión. Algunos ataques eran cosas totalmente asumidas por el feminismo mainstream como que la organización de la sexualidad son instituciones patriarcales. Mis libros no son provocadores, han estado en venta durante años. He dado cursos en la universidad y nadie me caracteriza a mí como especialmente provocadora. Quizás sí como feminista radical.

El movimiento estudiantil está demandando una asignatura de educación afectivo-sexual. ¿Cree que esta asignatura debería ser implantada en la nueva ley de educación?

– Hay que hacer algo para introducir la educación afectivo-sexual en la escuela. La igualdad, la educación afectivo-sexual tiene que transversalizarse, y además puede haber una asignatura X. Eso no lo sé, me puede parecer bien. Pero en España estamos a la vanguardia de feminismo y de los derechos LGTBI y es una vergüenza que no haya ningún tipo de educación afectivo-sexual decente. Hay países que la tienen hace 40 años. Ya hay estudios que dicen que chavales de 10 años ya están viendo porno y esa es su educación. O se contrarresta esto o va a haber un retroceso grande en actitudes, y en percepción de la igualdad.

¿Cómo es pasar de ser escritora y activista a estar al frente de la institución? ¿Tiene alguna receta para lidiar entre las presiones de la calle y los límites que se encontrará en su trabajo?

– Es difícil. Me lo tomo como un periodo corto. Me sigo considerando una activista y además soy escritora. Podré seguir escribiendo. Tengo planes para escribir un libro y eso me salva. Esa es la faceta en la que puedo ser la que era. Aquí tengo límites, pero también un campo para actuar. Me volcaré en el campo de actuación. Además, pretendo no romper completamente con las cosas que me dan satisfacción.


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