Manos que ayudan a renacer de las cenizas del maltrato

  • Transformar heridas causadas por violencia de género en tatuajes en los que redescubrirse y mirarse sin miedo. Eso es lo que hace la artista Elena Merlotti
  • Desde la empresa de inserción laboral "Otro tiempo, otro planeta", la ayuda que dan a las supervivientes de violencia de género es una metáfora de su nueva etapa

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Sobrevivir a la violencia de género no es un proceso fácil. Requiere sacar fuerzas que se creen agotadas y recorrer un nuevo camino en el que es básica la ayuda de terceras personas. Ellas son las redes, las pomadas para tanto dolor acumulado a solas y puede venir de muchas formas. La tatuadora Elena Merlotti y la empresa de inserción laboral Otro tiempo, otro planeta, son dos ejemplos de lo valioso que es estar al lado de mujeres cuya mejor apuesta, después de haber vivido en el averno, son ellas mismas. Una convierte sus cicatrices en bellos tatuajes y la otra les da trabajo reciclando aceite usado de cocina y cápsulas de café. Hay veces que las heridas y lo usado dan lugar a hermosos renaceres.

Transformar heridas en tatuajes en los que redescubrirse y mirarse sin miedo. Eso es lo que hace la artista Elena Merlotti en su estudio de Madrid. Lo suyo, más allá de un  ejercicio de arte, es pura sororidad y empatía. Cincela con sus manos, llenas de cariño y de tinta, el arte de ayudar a supervivientes. Tiene el don de cambiar sus heridas o cicatrices de la violencia física en pedazos de piel que mirar sin miedo e incluso lucir con orgullo.

Tatuajes para la vida

Una labor que reconoce hacen pocas personas. “Simplemente no interesa a la mayoría porque el resultado de estos tatuajes no son fotos estéticas para ampliar el portafolio, no es algo que se puede vender, no es algo que te vaya a dar like y normalmente muchas redes sociales suelen borrarte las fotos. De hecho me han negado poder promocionar fotos de este tipo "por herir los sentimientos", reconoce. “Por eso lo hago, porque me interesa y porque creo que tenemos en nuestra manos la gran oportunidad de poder cambiar para mejor la vida de alguien. No hay satisfacción más grande que ayudar a estas mujeres inmensas”, recalca.

Y es que ella más que ayudar es ella la que se siente ayudada y privilegiada. La sensación que produce en las supervivientes ver un tatuaje donde antes había una herida física que a su vez esconde dolor emocional, no tiene precio. “Resumo ese momento en dos palabras: Felicidad y renacimiento. Ser testigo y autora de dar esa sensación no tiene precio, no se recompensa con nada. Solo con su sonrisa”.

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Resultado de un tatuaje de Elena Merlotti. / Cedida

Una sonrisa que es solo el final del proceso. “La experiencia no empieza el día en el que se tatúan. Lo más difícil siempre es antes, cuando te enseñan las heridas, cicatrices, quemaduras... Tienen vergüenza, miedo, apuro, seguramente a ser juzgadas, o peor aún, a que les preguntes el motivo del cómo se hicieron las heridas”, dice.

Merlotti las reconoce porque todas ellas llegan igual a su estudio de tatuaje. “Suelen ser tímidas, recatadas, y si hay alguien antes o después de ellas en recepción no hablan hasta estar solas. Una vez que ya se sienten con la confianza necesaria se sueltan. Dependiendo de la personalidad de cada una de ellas ese rato es diferente, pero en todas ellas el momento del tatuaje siempre es agradable. Aunque suelen tener dudas lógicas, siempre sonríen al final”, reconoce.

Esta tatuadora tan especial además del cincel usa el mayor de los respetos para no herir a clientas tan especiales. “Jamás pregunto nada personal, suelo actuar con normalidad y discreción. Dejo que ellas elijan si contarme algo o no, y un porcentaje alto termina contándolo”, añade Merlotti.

Sea como sea para ella vale la pena seguir tapando cicatrices, que lo mejor de todo no son las fotos que te quedan, son las sonrisas que te regalan, los mensajes que te escriben dándote las gracias... Como mujer, como madre y como artista me afecta vivir cosas así, pero sé que puedo ayudar y eso es una parte muy importante de mi vida a la cual quiero seguir aportando”.

Reciclar la vida misma

Desde la empresa de inserción laboral "Otro tiempo, otro planeta", la ayuda que dan a las supervivientes de violencia de género es una metáfora de su nueva etapa. “El reciclaje de aceite usado lo vemos no solo como la actividad que llevan a cabo sino también el modo con el que poner a cero su contador vital. Aunque más que reciclar sus vidas reconstruyen un nuevo escenario para sí mismas”, explica Charo González, su responsable.

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Mujeres trabajando en la empresa "Otro tiempo, otro planeta". / Cedida

Además, dicha directiva considera que son mujeres que llegan de una manera y con la mano tendida de esta empresa acaban siendo otras. “Comienzan con unas cargas emocionales muy grandes, así como con una baja autoestima y muchas veces con contextos vitales muy complejos. La recogida de aceite usado de cocina para su posterior reciclaje y transformación en biodiésel hace que puedan tener un proceso de empoderamiento, un salario, tiempo y flexibilidad para poder conciliar con sus peques”, añade.

El planteamiento inicial de "Otro tiempo, otro planeta" era el de recoger el aceite usado de cocina que se tiraba en los hogares, “pero eso desembocó después de mucho investigar, en recogida en las colectividades, y empresas del sector Horeca, ya que, por la Ley de residuos, estos establecimientos están obligados a contratar los servicios de un gestor de residuos. Pero en el doméstico, hay un vacío, que hace que más del 70% de ese aceite, no se recicle. El aceite en el mercado actual, tal y como se paga, hace que para sacarle rentabilidad tengan que recogerse muchas toneladas. Por lo que finalmente nos decidimos por abarcar toda la recogida de aceite usado de cocina, tanto en el doméstico como en el sector de las grandes empresas de restauración, colectividades, y hoteles”

Ese cambio de rumbo les movió a que en 2014 se presentaran a un premio de Obra Social La Caixa para financiarse y al año siguiente a los premios R de Ecoembes. “Actualmente tenemos casi 300 establecimientos donde recogemos aceite, fruto del trabajo incansable que hemos hecho estos cinco años. Ese aceite se lleva a una planta de tratamiento, donde se transforma en biodiésel. Por ello hemos sido finalistas de los premios Soluciones Climáticas con Justicia de Género, que otorga la Circunscripción de Mujeres y Género (Women Gender Constituency-WGC) de Naciones Unidas”.

En la actualidad están ayudando a cinco mujeres y este número les sabe a poco. “Nos gustaría poder trabajar con más mujeres, pero en un proyecto de reciclaje más amplio que llegara al plástico para que pudieran aprender a trabajar con máquinas de reciclaje y ellas mismas fueran formadoras”, añade su portavoz.

Y es que a esta empresa nada le parece más bello que poder seguir ayudando. “Su mirada cuando trabajan es de pura felicidad y de ganas de querer una forma de vida más amable y más segura”, finaliza.

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