Por dos horas de nada

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José María Morales Vázquez *

Una manifestante sostiene un cartel sobre el conflicto de la Enseñanza Pública en la manifestación celebrada ayer domingo, en Madrid, contra la privatización de los servicios públicos y los recortes sociales. / Luca Piergiovanni (Efe)

Pongámonos en situación. Los docentes de educación publica de secundaria y cuerpos técnicos de FP de la Comunidad de Madrid están a punto de comenzar una huelga indefinida de tres días a la semana (martes, miércoles y jueves) hasta que la Consejería de Educación dé marcha atrás a algunas de las nuevas instrucciones que ha impuesto a los centros a principio de curso. Desde la Comunidad de Madrid se insiste en que se trata de una huelga política porque lo único que se ha pedido a los docentes es que incrementen en dos, de 18 a 20, las horas lectivas semanales que imparten. Y si hacemos caso a la mitad de lo que se emite en Telemadrid e Intereconomía nos entran ganas de que se militaricen los centros de enseñanza y sea el ejército quien se encargue de meter en vereda rápidamente a esta pandilla de profesores vagos e insolidarios.  Sin embargo, los motivos de esta huelga no son ni el aumento de las famosas dos horas, ni, por supuesto,  un ataque político al PP.

Una huelga de tres días supone una pérdida neta de entre un 30% y un 40% de nuestro salario. Es decir, que en caso de que se mantuviera durante más de un mes, un profesor de secundaria con menos de tres años de antigüedad dejaría de percibir alrededor de 700€ mensuales; los profesores técnicos de FP, algo menos. Si las dos horas adicionales de clase que la Comunidad  solicita representan, repartidas a lo largo de la semana, un sobreesfuerzo de 25 minutos diarios, ¿alguien puede creer realmente que  un profesor renunciaría a casi la mitad de su sueldo sólo por esos minutos más al día? Tengamos en cuenta, por otro lado, que cada hora lectiva adicional se compensa, según la orden ministerial de 29 de junio de 1994 que recoge la distribución de nuestro horario, con dos horas complementarias. Es decir, al pasar a 20 horas lectivas ganaremos cuatro horas menos de permanencia en el centro. Esto podría incluso agradar a algunos colegas. Lo que si existe es un intenso sentimiento de solidaridad con los 3.000 interinos que  no se contratarán durante este año como consecuencia directa de esta medida y a los que los responsables políticos de la Comunidad de Madrid apenas mencionan o lo hacen de forma despectiva como “quienes no han sido capaces de sacarse la plaza”. Pero tampoco es este el único argumento para la huelga.

Planea también la idea de que se trata de una huelga política injustificada y alentada por los sindicatos. Cualquiera que haya ido a alguna de las asambleas que se han organizado en las últimas semanas sabe que no es cierto: sindicatos y profesores son, como mucho, compañeros de viaje mutuamente interesados en estas protestas. Pero en este “viaje”, el apoyo sindical está siendo motivo continuo de roces y enfrentamientos,  y muchos profesores piden que los sindicatos no figuren en las cabeceras de las manifestaciones. En general, no existe gran simpatía por los sindicatos y no es difícil imaginar que el colectivo de docentes actual está fuertemente polarizado, y compuesto por tantos votantes  del PP como simpatizantes de diversas formaciones de izquierda.

Si has llegado hasta aquí y yo me he explicado bien, debes de estar aún más perdido que al principio ¿Cuál es, entonces, la motivación real de la huelga?¿Es cierto que la calidad de la educación en los centros públicos va a resentirse tanto  sólo por ese aumento de dos horas lectivas? ¿Son tan necesarios los 3.000 compañeros que este año se añaden a las cifras del paro? Es difícil de entender ¿verdad? Para comprenderlo,  lo mejor es que veamos la forma en que se distribuye el trabajo a principio de curso en los centros públicos Lo haremos a grandes rasgos, así que espero que los que conozcáis el proceso real perdonéis mis simplificaciones.

El trabajo docente en un instituto público se organiza en departamentos, uno por cada especialidad. Cuando se conoce el número de grupos a los que se impartirá clase, se divide el número total de horas lectivas correspondientes a ese departamento entre 18. El resultado es el número de profesores que hacen falta. La dirección del centro solicita los interinos necesarios para completar al personal docente destinado en el centro y cada departamento se encarga internamente de distribuir las asignaturas o módulos (en el argot de los ciclos formativos) entre sus componentes. La distribución de asignaturas suele ser un proceso delicado en el que intervienen muchos factores, entre los que deberían prevalecer los pedagógicos. En los ciclos formativos una dificultad adicional es la existencia de materias muy diversas.  Por ejemplo, en Informática, contamos con disciplinas tan dispares como Programación en lenguajes estructurados, Administración de bases de datos o Redes y servicios de Internet (que, para el profano, pueden ser tan “cercanas” entre si como la traumatología,  la oftalmología o la urología en el terreno médico). Además, cada una de estos módulos tiene una duración diferente de horas semanales (cuatro, cinco, seis, etc.) con lo que cuadrar cada horario a 18 horas por docente resulta un rompecabezas difícil de resolver. Como resultado, cada profesor acaba con un conjunto de horas lectivas diferente que, salvo reducciones y excepciones, debe estar entre 18 y 21. Esta variación, que se asume con normalidad,  como queda explicado se debe a las necesidades de organización de los departamentos. En los tres años que llevo trabajando como docente he impartido 19, 20 y 21 horas, es decir, sólo en una ocasión he “incumplido” las instrucciones de este año.

¿Qué es lo que ocurre al aumentar a 20 el número mínimo de horas lectivas de todos los profesores? El reparto se torna ahora más difícil porque se reduce la flexibilidad (antes teníamos cuatro opciones válidas y ahora sólo dos) y se puede convertir en un mero rellenado de huecos. Esta situación, en muchas ocasiones, obliga a recurrir a las materias afines. De esta manera, si en el departamento de Informática a un profesor le faltan cuatro horas para completar su cupo y al de Matemáticas le sobran cuatro de un grupo de bachillerato, la solución viene con que el de Informática imparta una asignatura para la que no es especialista. Cuidado: esto no es ni una práctica nueva ni ilegal, pero en este momento y con las presentes instrucciones se está convirtiendo en algo más frecuente y se recurre a ello en situaciones bastante más rocambolescas: profesores de Dibujo impartiendo Música, de Lengua impartiendo Dibujo, etc.  En el foro de docentes con educación se están recogiendo algunas de las más descabelladas. Las instrucciones de inicio de curso para este año van más allá: las tres horas dedicadas a la jefatura del departamento y la de tutoría pierden la consideración de horas lectivas, el coordinador TIC (el profesor responsable de la dotación informática del centro) que hasta ahora reducía entre 1 y 8 de sus horas lectivas para este fin (según el tamaño del instituto), queda sin compensación alguna. A cambio, los tutores, el jefe del departamento y el coordinador TIC percibirán un ridículo complemento de productividad. Podemos ver con un caso práctico en qué se traduce esta nueva distribución de horarios: el departamento de Informática de un instituto de la zona sur de Madrid con dos ciclos formativos de grado medio, dos de grado superior y las asignaturas de Informática que se imparten en ESO verá reducido sus profesores a 12 frente a los 14 del año pasado. Dos profesores menos (un 15% de reducción) para hacer el mismo trabajo. La mayoría de los centros educativos públicos verán reducido su personal en un porcentaje similar (entre 10 y 15 docentes por centro).

Y por último, ¿qué pierde la educación pública con todo esto?  Los docentes tenemos una jornada laboral semanal de 37 horas y media, y eso es inamovible. Un incremento en dos horas lectivas sólo nos obliga a disminuir el tiempo que dedicamos a otras tareas. Eso, en teoría. Los profesores tenemos establecidas 27 horas de permanencia en el centro, y el resto de nuestro horario es de libre disposición para preparar las materias que impartimos . Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por un lado, resulta mucho más fácil la conciliación de la vida familiar ya que elegimos libremente cuándo y dónde consumir ese tiempo. Por otro, es más difícil controlar cuántas horas invertimos y no es nada raro sobrepasar con creces las 40 horas semanales. Muchas más en periodos de evaluación cuando hay exámenes y ejercicios que corregir. El añadido de horas lectivas conllevará la necesidad de aumentar el número de horas de preparación de clases y actividades. En los ciclos de Formación Profesional se da además la coyuntura de que algunas familias profesionales están actualizando sus módulos y esto implica mucho más tiempo de autoformación y preparación. El incremento de grupos y alumnos a cargo de cada profesor provocará, asimismo, un aumento en el número de horas dedicado a corregir ejercicios y exámenes. No hay que hacer mucho esfuerzo para comprender que todas esas actividades se resentirán gravemente. El tiempo de permanencia en el centro que hasta ahora se dedicaba a guardias, biblioteca, preparación de actividades extraescolares (concursos de lectura, salidas a museos, o charlas técnicas, etc.), mantenimiento y preparación de talleres y laboratorios, etc. se verá también reducido de las 9 horas de media anteriores a tres durante este año debido a la compensación de 4 horas establecida por ley. Otra cuestión es que la ley no se está cumpliendo: en muchos centros, sino en todos, por cada hora lectiva de más se compensa con solo una hora, situación que está provocando importantes conflictos entre profesores y equipos directivos, obligados a organizar horarios docentes ilegales.

Se da también la circunstancia de que llueve sobre mojado. Durante el curso escolar pasado los docentes de la Comunidad de Madrid ya sufrieron numerosos recortes, algunos de los cuales perjudicaban la calidad de la enseñanza (como la supresión de las ayudas para formación o la privatización de los planes de refuerzo a alumnos con dificultades) y otros minaban seriamente sus derechos (como la decisión de enviar al paro a los interinos durante los meses de verano o de no reconocer como vacantes de curso completo puestos de trabajo que sí lo eran). Todo esto, sumado a la reducción de sueldos sufrida por todos los funcionarios (un 7% a los de secundaria y un 5% a los técnicos de FP), ha enrarecido el ambiente hasta provocar una situación en la que muchos profesores no están dispuestos a hacer más concesiones o, al menos, no lo están a hacerlas de forma dócil y resignada como hasta ahora.

Tratemos por un momento de pensar con la lógica de la señora Aguirre. En un panorama como el actual en el que nuestro país no es capaz de emplear a la mayoría de sus titulados, y estos pasan a engrosar las listas del paro o se ven forzados a emigrar al extranjero, tal vez sea cierto que la educación pueda verse como un gasto y no como una inversión. Si a nuestro sistema laboral le sobra gente preparada, pues preparamos a menos y punto. Si, además, redirigimos el gasto, por medio de desgravaciones fiscales, a las familias que pueden elegir una enseñanza privada tenemos mucho más contento a nuestro electorado potencial. A lo mejor de esta forma los números nos cuadran. Y, total, solo por dos horas de nada.

(*) José María Morales Vázquez es profesor interino del Cuerpo de Secundaria.

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2 Comments
  1. Saulo says

    Un abuelo agradecido.
    Soy un trabajador que gracias a la enseñanza publica mis hijas pudieron ir a la universidad y acabar sus carreras, licenciatura y doctorado, quiero que mis niet@s siguan teniendo las mismas oportunidades que mis hijas.
    Mal que le pese a Dña. Esperanza y sus politicas liberales.
    ¡¡Animo Profes!!.

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