Dejad que los psiquiatras nos saquen de la crisis

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Fernando Álvarez-Barón *

Han transcurrido tres años desde la crisis que se llevó por delante a Lehman Brothers , y en todo este tiempo  se han tomado una serie de medidas por parte de las autoridades políticas y monetarias de EEUU y de Europa, que  siguen sin dar  resultado. Ahora, tras el fracaso de todas las medidas técnicas puestas en funcionamiento en estos tres años, el mantra que se repite por todas partes  es que nos encontramos ante una crisis causada por la falta de confianza  de los mercados y  por la falta de liderazgo político. Resulta curioso que haya que acudir a dos términos de la psicología social, confianza y liderazgo, para definir la situación previa a una recesión económica.

No hay nada diferente en nuestros comportamientos como consumidores, de lo que criticamos en el comportamiento de nuestros líderes. En  el caso español, cuando en el año 2007 se construyeron 800.000 nuevas viviendas, un gran número de familias españolas tomó decisiones de compra sorprendentes, no tanto por la desmesurada cantidad de viviendas que se adquirieron, sino por el alto precio pagado.

La relación entre nosotros y nuestros líderes políticos, en tiempos de crisis,  habría que analizarla a la luz de lo que Elliot Aronson denomina sesgo del actor observador. Cuando somos actores achacamos  los errores a las circunstancias: “compre una casa demasiado cara porque el banco me empujó a ello con créditos muy baratos”. Sin embargo, cuando somos espectadores no dudamos en atribuir la responsabilidad de las actuaciones a la personalidad de los individuos. Así, decimos que nuestros dirigentes políticos actuales como Merkel, Berlusconi o Zapatero “tienen una personalidad carente de liderazgo e  incapaz de generar confianza”. Aunque ellos, como avezados  actores que son, se ven, a sí mismos,  prisioneros de las circunstancias, como nosotros los españoles cuando hace unos años compramos  esa enormidad de viviendas, víctimas de un contagio emocional  colectivo.

Para muchos psicólogos del comportamiento,  como Alan Wicker, todos los humanos nos comportamos como seres sometidos a las presiones del momento, no como individuos cuya conducta se guía por su personalidad. Nuestros dirigentes políticos, desde esta perspectiva, en nada se diferencian de nosotros, los ciudadanos de a pie.

Para el sociólogo Erving Goffman, los humanos en sociedad somos actores que nos pasamos nuestra existencia actuando bajo varias mascaras y roles. Cuando los líderes de la Unión Europea se sientan en una mesa a negociar, o posan en grupo para la prensa, no hacen sino representar uno de los varios papeles que,  como seres humanos en sociedad, son capaces de representar.

Silvio Berlusconi nos ha dado una inesperada información sobre cómo actúan los humanos que hay debajo de la máscara de primeros ministros. Al airearse por la prensa sus comentarios sobre Angela Merkel, impensables en su rol de primer ministro, ha puesto de manifiesto, que debajo de la máscara de dirigente político subyace un hombre agotado de representar un papel (el de primer ministro) para el que solo le quedan las armas del cinismo.

El desafecto generalizado  de los ciudadanos por  sus líderes puede explicarse por la razón de que los ciudadanos de a pie de España y de Europa empezamos a creer de forma mayoritaria que la relación de muchos de nuestros dirigentes, políticos y económicos con su rol más importante empieza a estar demasiado cargada de cinismo. Nos damos cuenta que ellos no se creen el papel que interpretan. Los humanos somos actores que desempeñamos papeles (varios en la vida, tanto sucesiva como simultáneamente), así que nada tiene de extraño  que afrontemos la crisis con un gran número de actores que ya no se creen sus roles y que necesitemos nuevos actores, mas ingenuos respecto a su cometido, que aporten una buena dosis de autoengaño a sí mismos  y a la ciudadanía para que finalmente  nos saquen de la crisis. ¿Acaso la confianza es algo distinto al autoengaño?

La pereza para  actuar y pensar a largo plazo está inscrita en lo más profundo de nuestro cerebro, en la parte más  primitiva y emocional del mismo. Solo el miedo nos ayuda a superar la pereza (una forma de economizar recursos, por otra parte). Por eso,  las crisis, que implican una generosa distribución intensiva y extensiva  del miedo a través de la sociedad, son las circunstancias propicias para  hacernos pensar y tomar decisiones a largo plazo, tanto individual como colectivamente. Seguimos teniendo un cerebro  que ha crecido acumulativamente a lo largo de 600.000 años de evolución como cazadores recolectores y no es extraño que con esta herramienta tan “limitada”, la economía tenga que tomar prestados de la psicología los conceptos (confianza y liderazgo)  que de verdad nos van a salvar de la crisis y de la recesión.

(*) Fernándo Álvarez-Barón es sociólogo.
6 Comments
  1. Javier says

    Pues me parece bastante flojo el artículo. Está bien, pero se queda en los psicológico y, como mucho, en lo microsociológico de Goffman. No aporta una crítica sustancial a la psicologización de la crisis, y sobre todo, no presenta bien el punto de vista sistémico (sociológico) desde el que se debería analizar.

  2. FFS says

    Javier (comentario «1) debería regalarnos su visión sistémica-sociológica y su crítica a la psicologización de la crisis… seguro que nos encanta

  3. NP says

    Me parece un buen artículo en el muestra otro punto de vista a la realidad de lo que está pasando. Creo, con todos mis repetos, que el comentario de Javier, sin aportar una crítica sustancial a la psicologización de la crisis, representa al «españolito medio» que se queja de la crisis sin intentar aportar soluciones o colaborar en salir de la crisis actuando para ello.

  4. arie zehavi says

    Un analicis interesante te una cricis de valores(de la bolsa)

  5. aurelio says

    este es el video que remedia la crisis
    http://www.youtube.com/watch_popup?v=oXvJ8UquYoo&vq=large

  6. celine says

    Me gusta el articulo. Y me parece que el video aportado por aurelio tiene más razón que un santo, publicidad aparte. Falta alegría -aparcar el miedo paralizante- y optimismo para ingeniar caminos de salida de la crisis. Va, Javier, anímate y escribe sobre el análisis sistémico. Sé bueno.

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