Nada será igual en Baleares con la Marea Verde

Imagen de la multitudinaria manifestación convocada por la Marea Verde en Palma de Mallorca. / Efe
Imagen de la multitudinaria manifestación convocada por la Marea Verde en Palma de Mallorca el pasado 29 de noviembre. / Montserrat T.Díez (Efe)

Después de la inmensa y sostenida Marea Verde que ha teñido las Islas Baleares, el profesorado ha decidido volver a las aulas. Las razones del conflicto hay que buscarlas en la dureza de los recortes a la escuela pública y en el Decreto de trilingüismo (Tratamiento Integral de Lenguas, TIL). Este decreto se hace en contra del consenso existente y de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Baleares que suspendía cautelarmente el calendario de aplicación.

No tiene ningún sentido común pedagógico que un niño esté saltando de hora en hora en tres idiomas distintos; un gobierno no puede pasar por encima de las necesidades del alumnado. En el fondo se pretende tratar de españolizar al alumnado balear, en línea con las recetas de Wert y la LOMCE. Se arrincona el catalán, lengua propia y cooficial, reduciendo las horas lectivas y se rompe la unanimidad educativa existente, creando problemas donde no existían. La excusa es reforzar el inglés, y recurren a programas bilingües que se aplican en otras comunidades, como Madrid, que son muy discutidos por segregadores y no se han sometido a ninguna evaluación. Es curioso que la religión nunca se impartirá en inglés.

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Bauzá hace méritos ante Madrid con un nacionalismo español, tan de moda en el PP, pero está soltando un tigre difícil luego de cabalgar. Utilizar el argumento del fracaso escolar es pura demagogia, porque no se puede pensar que mejore aplicando la locura de clases en tres idiomas distintos al 33% del horario cada uno, con un recorte de 1.000 profesores, con más alumnado por clase, con menos recursos y sin que unos y otros tengan las competencias previas en inglés para aprender con éxito. El abandono escolar temprano que se ha venido produciendo en las Islas tiene que ver con la economía balear centrada en el turismo y la construcción, que estimuló la salida prematura de la escuela de muchos jóvenes para integrarse en el mundo laboral.

El profesorado público de las Islas Baleares ha realizado una huelga de tres semanas, con un fuerte apoyo de la comunidad educativa y de la ciudadanía. Ello se ha expresado de diferentes formas, especialmente en las multitudinarias manifestaciones del domingo 29 de septiembre, con 130.000 personas en las calles, un éxito total e indiscutible [ver vídeos]. Lo ha demostrado la solidaridad recibida a través de la caja de resistencia, con cerca de 400.000 euros en pocos días. La huelga no es por meter el inglés en las aulas, como toscamente dice una consejera de educación, que quizá sepa de propiedad inmobiliaria, pero que no tiene ni idea de educación. Es un tsunami en defensa de la escuela pública, de la lengua catalana y de la democracia.

La prepotencia del presidente del gobierno del PP, Bauzá, ha calentado el conflicto. Es quien ha roto todos los consensos, con su doble vara de medir cediendo ante el lobby hotelero (leyes a su servicio y retirada de impuestos medioambientales) y despreciando a los docentes. Ante el autoritarismo y la cerrazón antidemocrática del gobierno balear las asambleas del profesorado han decidido volver a las clases por responsabilidad. No es una derrota, sino una retirada táctica, un repliegue ordenado ante el gran coste salarial de los huelguistas, el fortalecimiento de la unidad con las familias y la conciencia de que se está ante una guerra de desgaste. Así las cosas, hay tres líneas fundamentales para conseguir los objetivos de las movilizaciones: la continuidad de la protesta, la profesionalidad en las aulas y el impulso del cambio político.

La protesta. Conseguir sostenerla en el tiempo exige la cohesión de todos, popularizando aún más si cabe las justas razones de la movilización y las alternativas. Éstas pasan por la retirada del delirante decreto de trilingüismo (que no está reñido con el refuerzo del inglés), la recuperación de consensos y la inversión en educación (más profesorado, mejora de las ratios, becas y recursos para la atención de la diversidad, etc.).  La mayoría social que hará cambiar antes o después el TIL será fruto de la unidad y de lucha, en sus múltiples expresiones, desde la imaginación y el compromiso de todos para volver a la calle, a la huelga, desobedecer y objetar lo injusto y disparatado. La próxima cita es el 13 de octubre.

La profesionalidad. Del profesorado en las aulas, intentando asegurar la máxima calidad educativa. La unidad con las familias y el alumnado que se ha dado en la lucha tiene que trasladarse y robustecerse en los centros y en las aulas. La complicidad y la participación de todos en la vida de los centros y en los órganos colegiados es fundamental. El fin último es la defensa de la educación pública y evitar el deterioro al que la somete el Partido Popular desde su gobierno. Las familias deben de tener claro que tienen a sus hijos e hijas en las mejores manos, las de un profesorado competente y comprometido con la educación, que ha invertido su tiempo y su dinero, más de 1.500 euros cada uno, en defender la escuela pública de todos y para todos. El reconocimiento que no dan al profesorado las autoridades políticas y educativas, lo han obtenido de la ciudadanía y no se les puede defraudar.

El cambio político. El gobierno de Bauzá no ha negociado nada, se ha burlado de la sentencia del TSJB, ha empleado prácticas macartistas con las sanciones y amenazas a directores, al profesorado y familias. Quizá no fuimos capaces de imaginar hasta dónde podía llegar el PP en su intransigencia en éste y en otros casos. Ante un gobierno así, sordo a las demandas de una mayoría social muy amplia, que se desliza peligrosamente hacia el autoritarismo, no queda otra alternativa política que echarle con las urnas. Las fuerzas sociales, políticas y, sobre todo, el impulso ciudadano, expresado en esta huelga y movilización, deberá intentar una mayoría de progreso que recomponga los derechos y los bienes públicos básicos como la educación. Hay algo seguro: este movimiento cambiará las cosas en las Islas Baleares. Otra cosa es que los réditos pueden ser a medio plazo. Se ha puesto en pie un movimiento en defensa de la educación, de lo público, de la dignidad del profesorado y se han establecido complicidades en la comunidad educativa que son una gran inversión para el  futuro.