¿Regeneración o golpe de Estado municipal?

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Rajoy, durante la rueda de prensa en la que anunció su propuesta de cambiar la ley para que en los ayuntamientos gobierne la lista más votada, el pasado día 2, en Ciudad de Panamá. / Diego Crespo (Efe)

Llevo anunciando desde hace tiempo que el PP llegaría a las elecciones de 2015 quemado y con Rajoy amortizado por la antisocial política que han hecho. El 25 de Mayo y las perspectivas electorales así lo confirman. Una cosa es el ruido y la propaganda y otra la realidad. El 25M ha puesto muy nerviosa a la derecha y al bipartidismo en general. Los datos son incontestables: el PP pierde 6.756.330 votos respecto a las elecciones generales de 2011. Pasa de la mayoría absoluta a solo un 26%, que equivale al 11% del censo electoral. Y no vale decir que no es comparable un tipo de elecciones con otro. Da igual. Casi 7 millones de ciudadanos que en dos años dejan de votar al PP es una debacle como la copa de un pino. Rajoy tenía más motivos para dimitir que Rubalcaba. La segunda conclusión es el hundimiento del bipartidismo que pasa de sumar más del 80% a menos del 50%. La tercera consecuencia es que las izquierdas tuvieron más votos que la derecha.

Van a perder las elecciones de 2015 y lo saben. A partir de aquí empieza la maquinación, los descartes de estrategia y la última maniobra desesperada. Rajoy no quiere cambiar un gobierno achicharrado. No quiere abandonar los ajustes en favor de una política más expansiva. La reforma fiscal, como sigue contentando a las rentas y patrimonios altos, pierde su valor electoralista. No van a retirar las leyes más conflictivas (aborto, seguridad ciudadana…) y pretenden acelerarlas este verano. Y nadie tiene las agallas de plantear un relevo en el liderazgo, como hizo el PSOE cuando vio a Zapatero quemado.

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Al final, la ocurrencia es algo que podía parecer impensable: romper las reglas de juego para mantenerse en el poder en el último tramo de un partido, ya demasiado amañando con la ley Electoral y la regla D`Hondt. Rajoy lo plantea en el PP y lo anuncia desde Panamá. Son una serie de medidas que llama de regeneración y que no es otra cosa que un intento de aferrarse al poder. Se presentan envueltas en el papel de celofán de algunas medida anticorrupción (comprometidas hace año y medio) y de la posible reducción de aforados. Eso sí, después de haber impuesto, con su solo voto y un escandaloso procedimiento, el aforamiento exprés del exrey.

La almendra de la propuesta es la obligatoriedad de que gobierne la lista mayoritaria en los ayuntamientos. Pero esto tiene varios problemas.

a) Impediría que se expresara la voluntad mayoritaria del electorado a la hora de configurar los equipos de gobierno. Veamos un ejemplo. Si hacemos una proyección electoral de los resultados de las elecciones del 25M, Esperanza Aguirre sería alcaldesa de Madrid con solo el 32% de los votos, y casi el 70% en contra si por su carácter autoritario no pactara con nadie. ¿Por qué no va tener legitimidad un alcalde que represente a una amplia coalición de PSOE-IU-Podemos si se ponen de acuerdo en un programa entre ellos? La democracia es negociación, pacto, seguimiento, revocación…; no debe ser patente de corso para nadie. La propuesta del PP, aunque se vista de argumentos democráticos, no sería otra cosa que un descarado golpe de estado contra la democracia municipal y en general.

b) Convertiría a los ayuntamientos en ingobernables si se mantuviera la proporcionalidad en el reparto de escaños. En 35 años de democracia municipal que llevamos, los únicos problemas realmente existentes en los ayuntamientos -y muchos del PP- ha sido el la corrupción vinculada al urbanismo y a las contratas de servicios, y los incumplimientos de los programas. Con esta reforma crearían un problema donde no lo ha habido. Por ello, tendrían que acompañarla de un reforzamiento del sistema mayoritario (bonificación de concejales) y de una reforma de la ley reguladora de las Bases del Régimen Local, para aumentar el poder de los alcaldes y la dificultad de las mociones de censura.

No es la primera vez que el PP tiene la tentación antidemocrática de los atajos electorales a su favor. Bien sea reduciendo el número de parlamentarios en las Cortes de Castilla-La Mancha de forma unilateral, autentico pucherazo electoral de Cospedal o el intento del PP de Madrid de crear circunscripciones electorales menores a la provincia para reforzar el carácter mayoritario de la elección.

Habrá que ver qué opina finalmente el PSOE. Se ha mostrado reticente pero abierto a la negociación, aunque no para una reforma a corto plazo. Podría tener interés para ellos, como partido de un cierto tamaño,  una medida que busca reforzar el bipartidismo y el voto útil. Por ello les está tentando la derecha. Pero esperemos que su carácter democrático y sentido de la responsabilidad no les lleve a colaborar con tan burda maniobra. Aunque nada se puede descartar, después del espectáculo en la UE, donde han pactado los grandes cargos y funcionan de hecho como en un gobierno de gran coalición.

Lo que debe plantearse el Gobierno y el conjunto de las fuerzas democráticas es cambiar la actual ley Electoral que es tan injusta que exige tres y hasta cuatro veces más votos por diputado a los partidos minoritarios que a los mayoritarios. Esa es la urgencia y no la búsqueda de ventajas electorales como garrapatas del poder.

En cualquier caso, ya puede espabilar la izquierda con reforma electoral o sin ella. Ganar los ayuntamientos pasa por candidaturas unitarias alternativas. Las experiencias que se están poniendo en marcha tipo Guanyem Barcelona y Municipalia en Madrid, etc. van por buen camino. Como dice Albert Recio en relación a la iniciativa de Barcelona: además de la elaboración del programa, la construcción de un bloque alternativo y representativo debe incluir tanto a gente procedente de los movimientos sociales como de las organizaciones políticas que participan en ellos. Y esto podría lograrse tratando con esmero los problemas de encaje si se quiere construir una confluencia amplia y evitar su bloqueo por sectores fundamentalistas. Construyendo candidaturas integradoras y reconocibles por todo el mundo, que generen un espacio de confluencia y confianza esencial para que funcione.