AGUSTÍN MORENO | Publicado: - Actualizado: 7/1/2017 01:40

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Imagen de archivo de un colegio bilingüe español-inglés. / Efe

El gobierno del PP de la Comunidad de Madrid está extendiendo su modelo bilingüe en inglés al Bachillerato. Antes del verano la consejera de Educación, en un acto sobre el décimo aniversario del programa, anunció también la contratación de profesorado nativo y la oferta en los centros de cursar la historia de EEUU y de Reino Unido en el temario.

El programa bilingüe de la Comunidad de Madrid nunca ha sido evaluado en toda una década, como debería ser obligatorio. Y la evaluación seria y sistemática es otra cosa que las pruebas que realiza el Trinity College y la Universidad de Cambridge. Estos exámenes que solo miden el nivel de inglés son carísimos (entre 40 y 120 € por alumno) y se contratan con instituciones privadas con ánimo de lucro. Una evaluación del programa debería de tener en cuenta: el nivel de asimilación general de conocimientos en las diferentes materias, las dinámicas de segregación entre el alumnado, los cambios organizativos que produce en los centros, los efectos en la estabilidad y diferenciación entre el profesorado, etc. Tendría que analizar los problemas pedagógicos, convivenciales, organizativos y laborales. La repercusión sobre el profesorado que tiene la anunciada contratación directa de 1.800 nativos con un coste de 17,3 millones de euros para este curso, cuando se despide interinos, se les rescinden los contratos a 30 de junio y no se sustituyen las bajas durante quince días. O cómo afecta al principio de equidad educativa generando segregaciones y guetos que pueden convertir la educación en un riesgo para una parte del alumnado, en vez de ser una oportunidad para todos.

Uno de los pocos estudios realizados es el de FEDEA y apunta algunas conclusiones muy preocupantes: ralentiza el nivel de las asignaturas aprendidas en inglés y los efectos negativos se concentran sobre los alumnos con familias de menor nivel socioeducativo. No me cansaré de repetir que es bueno aumentar la competencia lingüística en otros idiomas, pero no a cualquier precio y sin tanto marketing. Hay otras formas de aprender inglés: más horas,  cambios metodológicos reforzando lo oral, más listening, laboratorios, desdobles y menos alumnos en clase, intercambios con otros países, etc.

Pero este intento de introducir el inglés hasta en la sopa no es un hecho casual ni menor. Es el desarrollo de la filosofía de la ley Wert, de una enseñanza orientada hacia el mercado. Olvida cuáles deben de ser las auténticas finalidades de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir con los otros y aprender a ser (persona). En definitiva, que permita al alumnado crecer como seres singulares, libres y desarrollar todas sus capacidades.

Hay que recordar que la LOMCE busca acabar con la escuela inclusiva, una segregación que puede ser entre blancos y negros, como en Nueva York, o con el inglés como excusa. Se inspira en la famosa declaración neoliberal que hizo Berlusconi sobre la enseñanza, cuando decía que tenía que basarse en lo que llamaba las tres “ies”: inglese, internet, impresa. La traducción en la reforma es la misma: inglés, las TIC y el denominado espíritu emprendedor. Este último, se cursará hasta en primaria y no es otra cosa que preparar a la mano de obra para ser trabajadores autónomos, porque para formar a los grandes empresarios ya se encargarán las escuelas de negocio de élite con los cachorros de la oligarquía española. Es curioso que el ministro Wert se plantee la cruzada de “españolizar” al alumnado catalán y vea estupendos estos programas bilingües para ‘anglicanizar’ a los alumnos españoles.

Para situar bien el problema deberíamos de fijarnos en varias cuestiones: los flojos resultados de las pruebas internacionales del alumnado español en comprensión lectora, las deficiencias en expresión escrita y el escaso conocimiento de la historia de nuestro país. En las secciones del programa bilingüe de la CAM todas las asignaturas se dan en inglés menos Matemáticas y, lógicamente, Lengua Castellana, tanto en primaria como en secundaria y ahora en bachillerato.

Ello nos debería llevar a preguntarnos sobre la importancia de aprender en lengua materna, porque una lengua es una forma de pensar, de concebir el mundo, no solo es una manera de  hablar o escribir. También deberíamos reflexionar sobre cómo se puede enseñar la historia de USA o Reino Unido a alumnos españoles cuando muchas veces no conocen su propia historia. Y por último sobre la necesidad de saber expresarse correctamente de forma oral y escrita, porque si no lo saben hacer no serán personas libres nunca. Y quizá es eso lo que busca el poder.

Ante esta situación que se puede considerar grave tiene sentido la pregunta que titula el artículo. ¿Dónde están esos académicos, lingüistas, historiadores, filósofos, escritores… algunos tan locuaces en defensa, por ejemplo, de la institución monárquica? ¿Prefieren que nuestros alumnos sepan más de los Tudor y de los Estuardo que del siglo XIX y XX de España? ¿Por qué no dicen nada ante un intento de colonización cultural descarado de nuestra juventud y del país? Lo peor no es la imposición por la fuerza de las cosas, sino los mecanismos más sutiles por los cuales los países y las personas acaban de hacer, incluso con entusiasmo, lo que los poderosos quieren.

Juan Gelmán llegaba a decir que si alguna patria tenía, era su lengua. En la misma línea Fernando Pessoa escribió aquello de que su patria era el portugués. No sé si es para tanto, pero de algo estoy seguro: Cervantes estaría en contra de este tipo de bilingüismo. El castellano es una lengua muy rica y nosotros no somos una colonia inglesa. A ver si se atreve alguno de nuestros intelectuales a decirlo en voz alta.

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  • Al Sicofante

    Sustituya el autor inglés por catalán, vasco o gallego y atrévase a realizar la misma denuncia. No hay huevos.

  • Sara

    Hace algunos años llegué a conclusiones similares y decidí no formar parte de esta “colonización cultural”, lo que me ha valido no pocas críticas y ataques. Me formé como maestra de inglés y nunca escuché la menor reflexión al respecto en la Facultad de Educación, ni entre profesores ni entre compañeros… ¿dónde están los docentes de la asignatura?

  • Guadarrama

    Esto de los “colegios bilingües”, lo de “introducir el inglés en las escuelas” es la penúltima operación para crear más confusión y problemas aún en las escuelas públicas. Realizado de forma hábil pues enganchan con ilusiones de los padres. Estos padres deberían darse cuenta para qué les ha servido a los exiliados económicos, los jóvenes titulados que se han ido mayoritariamente a Alemania, lo de saber inglés. Ahora tienen que aprender alemán o francés… Pero como, con toda la razón expone Agustín Moreno, esta falacia no ha sido contestada por nuestra comunidad intelectual. Hace ya muchos años que la intelectualidad de nuestro país, con excepciones contadas con los dedos de las manos de una persona, ha estado callada cuando no conforme con el régimen político que nos colocaron en 1978 y con su política cultural y educativa. Una cosa llama poderosísimamente la atención en la escuela pública: ¿cómo es posible que no se reivindique de forma poderosa a la Institución Libre de Enseñanza? Esta agrupación de intelectuales de principios del S XX fue un foco de progreso que dio un avance enorme a la educación y la cultura de nuestro país.

  • Angel Culebras

    Soy catedrático de Física y Quimica en un instituto de Vigo. Estoy cumpliendo el trigésimo séptimo año de servicio. Suscribo todo lo dicho y añado: creo que nos encontramos ante un currículo oculto que pretende la defensa de los intereses del modelo económico del capitalismo anglosajón: el del consenso de Washington.
    Puedo añadir que el ayuntamiento de Vigo financia un programa (PILI) por el que los alumnos de 4º de ESO pierden 2 semanas de clase en todas las asignaturas en su centro para ir al RU en pleno curso. En este curso el viaje es del 25 de noviembre al 17 de diciembre. Considero que esto vulnera el decreto que regula la enseñanza de la ESO en Galicia, en el que se asigna la carga horaria que corresponde a cada asignatura para desarrollar su programa.

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