La conjura del régimen del 78 y el espectro constituyente

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Pedro De Palacio Maguregui *

En este momento histórico de España un espectro se cierne sobre ella, el espectro de un Proceso Constituyente. Contra este espectro se conjuran todos los poderes que han fundamentado y articulado el régimen nacido de la Transición: las élites económicas (incluidas, las siempre integradas en la estructura de poder, élites vasca y catalana), las élites políticas del régimen del 78 y sus estructuras partidarias con la Monarquía como eje del Régimen, y lógicamente poderes supranacionales coherentes con la estructura económica en la que estamos integrados.

El capitalismo siempre ha tenido crisis cíclicas. Lo particular de la presente son dos elementos, para mí fundamentales, que marcan un cambio de época (no una época de cambios), o más bien un elemento central que anuda las siguientes dos cuestiones: la presente crisis es la manifestación de la crisis de la estructura de poder económico, político y cultural del mundo nacido tras la II Guerra Mundial y posteriormente de la caída de la URSS. Es la primera crisis del capitalismo en su historia  en la que lo que está en cuestión es el control y dominio del propio capitalismo mundial por parte de unas élites económicas con centro o metrópoli en lo que hemos venido llamando “Occidente”.  Y junto a esto, o con esto, es el fracaso del segundo intento de un proceso de globalización. El primero fue a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en torno a Inglaterra, con un capitalismo de proporciones menores que el que vivimos actualmente pero quizá con un nivel de fusión de capitales mayor que en la actualidad, en cualquier caso sí similar. Recordemos que el fracaso del primer proceso de globalización acabó con la Guerra de los Treinta Años (1914-1945), dos guerras mundiales, el ascenso del fascismo y millones de muertos por todo el planeta, y también la articulación diversa de procesos políticos populares de gran amplitud, incluyendo la caída del régimen zarista en Rusia.

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Si algo tenemos claro es que la presente crisis, y el proceso de financiarización de la economía, es el fracaso de la revolución neoliberal que lanzaron las élites económicas con centro en EEUU para superar la crisis de los años 70 y la apuesta por crear un marco mundial donde su hegemonía económica, política y cultural no pudiese ser puesta en discusión. Es en este marco en dónde se contextualiza la creación del Régimen de la Transición en España. La Transición del régimen franquista a una democracia homologable al modelo de democracia occidental, en la cual las élites económicas del franquismo reprodujesen su poder, creando una nueva institucionalidad integrada en la estructura de poder económico-político occidental, en la OTAN, sentando las bases para la integración en la Unión Europea y combatiendo sobretodo la apuesta existente en las calles de una ruptura democrática en nuestro país, está en la base de nuestros problemas actuales. Pero a su vez con la existencia de un elemento que no existe en la actualidad, el de los acuerdos Capital-Trabajo, que generó por un lado el asentamiento del desarrollo del “Estado del medioestar” (lejos del Estado del Bienestar de los países nórdicos), a la vez que se sentaban las bases para el desarrollo de un proyecto de país fallido, como estamos viendo en la actualidad, con el estallido de una crisis propia de país que es el resultado, anudado con la crisis internacional mencionada, de las políticas económicas desarrolladas en las últimas décadas.

Aquí adquiere sentido el concepto de independencia de las élites económicas respecto de la ciudadanía. Las élites económicas han integrado en su proyecto de país más o menos el bienestar de las poblaciones en función de las correlaciones de fuerza entre las distintas clases sociales en los distintos momentos históricos. El resultado de la II Guerra Mundial (derrota de los fascismos), la existencia de la URSS junto con la existencia de un potente movimiento obrero europeo dieron a luz el “capitalismo embridado”, es decir, las creaciones de marcos económicos y políticos que obligaban a las élites económicas a la regulación de los mercados financieros, a la distribución de renta, poder y riqueza entre el conjunto de agentes sociales, la generación de servicios públicos en los sectores básicos para la vida de las personas, derechos laborales, etcétera, para a su vez poder mantener estas élites el poder central en nuestras sociedades. La revolución neoliberal fue un proyecto que ligaba un proyecto de hegemonía a nivel mundial, la conformación de un nuevo capitalismo con una nueva división del trabajo-producción-consumo a niveles regionales y mundial, y una nueva apuesta por independizarse las élites económicas de las poblaciones eliminando progresivamente las conquistas ciudadanas materializadas en el denominado “Estado del Bienestar”.

Así, España, sin ruptura democrática, con un Régimen de la Transición integrado en la revolución neoliberal, en la segunda globalización, ha sido abocada a un proyecto fallido de país. Más de tres décadas de desmantelamiento de nuestro tejido productivo, privatización progresiva por parte de los distintos gobiernos de los sectores estratégicos de la economía, privatización de la banca pública y liquidación de las Cajas de Ahorros, mercantilización y privatización de los servicios públicos, deterioro de los derechos laborales y bajadas continuadas de los salarios reales (incluso durante el periodo “boyante” del capitalismo financiero-inmobiliario, de 1994 al año 2006 bajaron un 6% los salarios reales, y desde el año 2008 al año 2013 los salarios de los contratos temporales -la mayoría de los que se realizan cada mes- han descendido el 20%), etcétera. El plan de las élites económicas y de la casta gobernante del turnismo de la Segunda Restauración Borbónica es claro: Un proceso histórico que sume a España en el subdesarrollo a la que vez se desarrolla una enorme concentración de renta, poder y riqueza.

Frente a esto, nos situamos en la apuesta por un Proceso Constituyente para refundar nuestro país. La apuesta por la construcción de un proyecto político-cultural desde lo nacional-popular, no mediante la simple suma de actores, sino articulando un campo político que integre en su eje central el interés nacional, entendido esto último en el sentido de ciudadanía, de quién ostenta la soberanía en un país, si la ciudadanía o poderes económicos que determinan la vida pública sin presentarse a las elecciones. La línea de fractura con lo existente no es un discurso o un programa más o menos radical, si no la construcción de un proyecto de país cuyas líneas estratégicas rompen con las lógicas e intereses de los poderes dominantes y su proyecto para el país, y son capaces de construir relatos discursivos, identidades colectivas, banderas o símbolos que operen y articulen un campo popular mayoritario, y un programa político y económico que asiente sus fundamentos en la construcción de soberanía nacional, democratización económica y política del país, construcción de un nuevo modelo productivo, y reparto de la riqueza, para en definitiva, disputar nuestro país a los que no tienen mayor objetivo que saquearlo de forma cada vez más intensiva.

(*) Pedro de Palacio Maguregui es miembro de Podemos Castilla y León.
2 Comments
  1. Luis Gómez says

    «Contra este espectro se conjuran todos los poderes que han fundamentado y articulado el régimen nacido de la Transición: las élites económicas…» Pues hacéoslo mirar por que según el líder madrileño los Botín no parecen ser ninguna élite económica.

  2. Ramon_ says

    ¿Este Pedro de Palacio que se dice miembro de Podemos es el mismo que hasta hace poco era secretario general del PCE de Castilla y León y aspirante a dirigir IU en la región? Pregunto porque es que esto es un lío. Ya no se sabe dónde está cada cual.

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