¿Podrá Podemos? Sí se puede, como lema y desafío

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Alberto Garzón, el pasado viernes, en la sede IU, poco antes del comienzo de la Presidencia Federal que aprobó su estrategia de "unidad popular". / Javier Lizón (Efe)

El objetivo táctico es derrotar al Partido Popular; el estratégico es derrotar al bipartidismo como forma precisa y concreta de organizar el poder político para que los que mandan de verdad y no se presentan a las elecciones sigan imponiendo sus intereses y decisiones. Así de claro, así de preciso. Todo lo demás debería ser secundario. Podemos tiene la fuerza y la responsabilidad histórica de organizar la alternativa a la enésima restauración borbónica y oligárquica en marcha. Este debería ser el punto de partida.

Ahora se lleva mucho decirle a Podemos lo que debe hacer y hasta cómo hacerlo. Tiene su lógica: se reconoce que la partida política en juego se gana o se pierde según lo que haga o no haga el partido de Pablo Iglesias. El asunto no es nada fácil. De un lado, se deben gobernar unos resultados electorales que dan un enorme poder institucional a Podemos, pero que van a reforzar también a su principal competidor electoral, el PSOE; de otro, el bloque alternativo se ha hecho más heterogéneo, más plural, con nuevas formas de liderazgos que transcienden el marco local y hasta regional. Hay, por así decirlo, un doble componente, forma-partido, forma-movimiento, que se han reforzado y se han retroalimentado no siempre armoniosamente.

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No tiene demasiado interés —creo— hablar de futuros escenarios partiendo de estas singulares elecciones. Estas eran, con mucho, las más difíciles para Podemos. Inventarse organizaciones, resistirse al pesado juego de las encuestas y sustraerse a las tentaciones de unos poderes institucionales que parecían al alcance de los votos fueron siempre tareas muy complicadas para partidos hechos y más o menos derechos; para Podemos eran desafíos radicales. Ahora las cosas son diferentes, diría que sustancialmente diferentes: tres actores representando tres espacios político-electorales se van a enfrentar y tendrán cara y ojos singulares. La presencia de Ciudadanos va a depender más del PP y —atención— del PSOE que de ellos mismos. Los poderes deben, en este momento, sopesar diversas alternativas y escenarios posibles. Lo dicho, tres espacios a desarrollar, fortalecer y ampliar. Este es el centro de la partida.

La reciente propuesta de Alberto Garzón va en la buena dirección, pero me temo que llega tarde y que tiene problemas no pequeños de credibilidad y de implementación. La posición de la que parte el candidato de IU es acertada; los problemas de la coalición dirigida por Cayo Lara son centralmente políticos, de carencias de dirección y de incapacidad radical para situarse en el territorio adecuado. El asunto es en muchos sentidos dramático: una buena organización, solidamente implantada y con referentes locales significativos, puede volverse políticamente prescindible porque no ha tenido una estrategia adecuada.

¿Resulta creíble que aquellos que se han opuesto a la unidad popular dirijan o tutelen el proceso de convergencia? ¿Tiene sentido que aquellos que no asumen responsabilidades políticas vayan dando lecciones de unidad y de pluralidad? Se trata de esto: IU ha sufrido una derrota política y no organizativa; para salir de ella se requieren otros fundamentos, otras prácticas y otros liderazgos, es decir, hace falta un revulsivo nítido, una señal clara de que se ha rectificado, de que se va en serio y hasta el final. Estamos hablando de meses, de pocos meses; no hay tiempo para tacticismos.

La clave, a mi juicio, es organizar en torno a Podemos, desde la autonomía de cada fuerza u organización, un bloque, un espacio político electoral que permita construir una forma-movimiento capaz de convertirse en alternativa al bipartidismo dominante; hacer una propuesta que tenga como lema, referente e imaginario, el Sí se puede que hemos ido proclamando desde el 15M, grito de los de abajo, que expresa un desafío, una esperanza que debe convertirse en propuesta política y en fórmula electoral. Partimos de la idea de que se trata de una ocasión única y que su éxito o fracaso puede marcar el destino de nuestros país durante muchos años

En mi opinión, para lograr esto haría falta, en primer lugar, un discurso político claro que sintetice en propuestas concretas las demandas, las aspiraciones de las mayorías sociales; en segundo lugar, construir una alternativa electoral que tenga como base las nacionalidades y comunidades autónomas; en tercer lugar —no será fácil— desarrollar fórmulas de democracia participativa que impliquen a las gentes más allá de la militancia partidaria como ha ocurrido en diferentes lugares en éstas últimas elecciones; en cuarto lugar, buscar alianzas programáticas con los movimientos sociales; y en quinto lugar, un candidato o candidata que sea capaz de expresar estos anhelos y esperanzas. Yo tengo mi propuesta.

5 Comments
  1. Plataforma says

    Como siempre tarde.
    Un decálogo común hubiera venido bien ahora que toca pactar tras las elecciones. Donde en clave de ejecutiva nacional se deberían respaldar con el compromiso de las elecciones de noviembre si no se cumplen, retirar los apoyos y que quedara todo el país con el culo al aire. Los acuerdos a los que se está llegando son para adjudicar sillas con el titular de tirar a la derecha, curioso hace un mes era acabar con el bipartidismo.

  2. Sinfonete says

    Soy muy escéptico de las soluciones asamblearias y de los «amigos de ocasión». Si fuésemos capaces de prescindir de las ansias de liderazgo, ceder en temas secundarios y fortalecer los puntos básicos serios y democráticos de una postura social que, entiendo, deberían caracterizar a los grupos de izquierda, estoy convencido en el «si se puede». A este respecto tenemos la iniciativa de Julio Anguita para la formación de una coalición de cara a las próximas elecciones generales y que trascienda a las mismas: Unidad Popular, pero hay que tener las ideas claras, cual es la meta, cual va a ser el programa base y dejarse de tácticas de agrupaciones políticas que son malas fotocopias unas de otras.

  3. Fede says

    Creo que la única posibilidad es la unidad popular. Ahora Madrid se ha lanzado en tres meses y gracias básicamente al empeño de Ganemos Madrid, que ha ido vadeandolas zancadillas de Podemos para la confluencia. ¡Claro que se puede! Pero en la convergencia será necesarios que estemos todas. IU está a tiempo, Podemos debe reconducir su estrategia, porque si no se verá desbordado.

  4. Carlos Magaro says

    Dos preguntas:
    -¿Cómo puede ser el objetivo estratétigo derrotar al bipartidismo sustituyéndolo por una versión buenista del capitalismo?
    -¿Por qué está usted en el PCE?
    Conteste primero a la segunda pregunta. Gracias

  5. fjmm says

    ¿por qué hay que organizar el bloque alternativo en torno a Podemos? El bloque tiene que ser unitario y democrático y no necesita ningún paraguas.
    Por otra parte, veo imposible una mayoria en este pais que no contemple al PSOE de alguna manera. Sin el centroizquierda no es posible una mayoria de cambie. La cuestión es conseguir que se una a la izquierda venciendo las dos tentaciones : la de la gran coalición y la de la pequeña con Ciudadanos. Contra lo que se dice, el peligro para el PSOE no es acercarse a la izquierda sino la pasokización que se debe a su apoyo a la derecha y su indistinción con la misma. Los socialistas pierden votos por la izquierda, no por el centro, como se ha visto en Gran Bretaña.

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