Bárcenas, a degüello contra Correa

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Luis Bárcenas, en el centro de la imagen, sentado entre los acusados del 'caso Gürtel', en una foto de archivo, en primer plano, en el centro y desenfocado, Francisco Correa. / Efe

Al extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas no le queda otra que tirar a degüello en su declaración judicial, que comienza este lunes, contra el presunto líder de la trama Gürtel, Francisco Correa, que con su confesión parcial de octubre apuntaló al menos dos de los cinco delitos que le atribuye, de momento, la Fiscalía Anticorrupción.

El hombre que hizo temblar durante unos meses al partido del gobierno al admitir ante el juez Pablo Ruz las cuentas en negro de la formación a lo largo de dos décadas se enfrenta a 42 años y medio de cárcel, entre otras cosas, por poseer una fortuna en Suiza que, según Correa, fue amasando con las comisiones ilegales que él mismo le llevaba por intermediar en la adjudicación de obras públicas. Un capital que en su punto de máximo apogeo bursátil, en enero de 2008, alcanzó los 48.292.341 euros, a más de un millón por año de cárcel al que se enfrenta.

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Bárcenas tiene que responder por los delitos fiscales que presuntamente cometió junto a su esposa, Rosalía Iglesias, y que, según Hacienda, en el periodo entre 2000 y 2011 supusieron un fraude para las arcas públicas de más de 11 millones de euros. También por el intento de estafa procesal que el matrimonio habría llevado a cabo al pretender camuflar unos ingresos de 560.000 euros en metálico como la compra-venta de unos cuadros a una supuesta marchante que, cuando declaró ante el juez, admitió que era una simple pintora a la que habían pagado 1.500 dólares por simular el contrato.

El extesorero también ha arrastrado hasta el banquillo a su antecesor en Alianza Popular e íntimo amigo, Ángel Sanchís, que supuestamente le habría ayudado a blanquear tres millones de euros de sus cuentas en Suiza simulando un préstamo para su empresa argentina de producción de limones y en la que también se vio salpicado el hijo mayor de éste, que ordenó las transferencias de reembolso. Al blanqueo y la falsedad documental que se derivarían de todos estos contratos fraudulentos se suma un quinto delito de apropiación indebida por los casi 300.000 euros que, según Anticorrupción, Bárcenas habría distraído de la caja B del PP, con la anuencia de su entonces jefe, Álvaro Lapuerta. De ellos, 149.000 acabaron en la compra de una lujosa vivienda, a pie de pista, en la estación de esquí de Baqueira, en la que el matrimonio se ha refugiado estos últimos años cada vez que ha obtenido el permiso judicial.

A Bárcenas, por tanto, sólo le queda contraatacar y poner de manifiesto las “mentiras” que, a su juicio, Correa vertió ante el tribunal, para así presentarse como un simple senador y gerente del PP sin capacidad de decisión para escoger a los beneficiarios de los contratos públicos. A favor de este argumento destaca el hecho de que Anticorrupción no le imputa ningún delito de prevaricación, cohecho o tráfico de influencias porque, al no tener ningún cargo público del que dependieran las concesiones, difícilmente se puede demostrar que influyera en las mismas a cambio de prebendas.

El planteamiento del extesorero pasa por defender que las acusaciones de Correa se deben a la animadversión que le tiene desde 2003, cuando el PP dejó de contratar a sus empresas y ambos llegaron a tener una discusión pública en el Masters de Tenis de Madrid después de que Bárcenas prefiriera ir al palco de la competencia en lugar de al de Don Vito. Y en destacar, al mismo tiempo, que el líder de la Gürtel difícilmente le pudo llevar “maletines llenos de dinero a su casa de Príncipe de Vergara”, como aseguró durante su declaración, porque en aquella época vivía en la calle García de Paredes.

La defensa de Bárcenas también sostiene que las supuestas entregas de dinero anotadas en la caja B de Correa a nombre de L.B. podrían corresponder a otras personas relacionadas con la red como el asesor Santiago Lago Bornstein o el trabajador Francisco Leal Bravo, y que las cantidades anotadas junto al apelativo Luis el cabrón tenían como destinatario al expresidente de la constructora Isolux, Luis Delso, como ya reconocieron en el juicio Correa y su lugarteniente en Valencia, Álvaro Pérez, el Bigotes.

Llega el turno de Luis Bárcenas, el único, el inconfundible, el que en 1987 participó en una expedición que se atribuyó haber abierto una nueva ruta de acceso a la cima del Everest. El que ha vinculado su “pequeña fortuna” helvética, como él mismo la llegó a calificar en una de sus declaraciones ante la Justicia, con su capacidad como “emprendedor” y su habilidad para invertir en créditos “chicharros”, impulsar un “producto químico” para la tierra o vender a una empresa china los derechos de “una silla novedosa que no existía en el mercado”. El mismo que aseguró frente a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, con su peculiar timbre de voz, que era su mano "la que daba el sobre” al político de turno, como si ésta fuera capaz de actuar de forma autónoma.

Pero ahora la mano que cuenta es la del tribunal del caso Gürtel. Si los tres magistrados que lo componen finalmente deciden hacer una peineta a Bárcenas como la que él dedicó a los periodistas que le esperaban en el aeropuerto cuando volvía de Canadá de practicar el heliesquí (esquí tras bajarse de un helicóptero), al extesorero no le quedará más remedio que volver a ser fuerte y estirar los otros tres dedos de su mano otra vez para volver a saludar de vuelta, esta vez por una larga temporada, a los compañeros del Módulo 4 de la cárcel de Soto del Real, a los que dedicó su primer saludo en libertad tras 19 meses en prisión provisional.

(*) Alfonso Pérez Medina es periodista.

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