Confederalizar para democratizar

Sergio Pascual *

En estos días resulta difícil adentrarse en la bruma que rodea a los debates de la II Asamblea Ciudadana de Podemos. Las encarnaciones de los proyectos, las etiquetas y simplificaciones no ayudan a elevar la mirada en la búsqueda de soluciones para hacer más eficaz nuestra organización, para hacer útil a la gente.

Desde el sosiego de estas líneas destacaré una de las razones que me llevan a votar los documentos políticos y organizativos de Recupera la Ilusión. Desde mi punto de vista, es el único documento que ha reconocido que el momento político actual requiere una serena confederalización de las decisiones en Podemos.

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Y no nos engañemos, confederalizar no es otra cosa sino desplazar del centro el poder de decidir sobre los asuntos de cada comunidad política y del conjunto. Bajo la fórmula representativa de elección sólo hay un método para lograrlo: eliminar la configuración de listas como mecanismo de cooptación. Esta fórmula, en el sistema político español, y en Podemos, es la mayor y más poderosa herramienta de homogenización de que dispone una dirección centralizada. Por el contrario, bajo fórmulas de elección uninominales son los inscritos del territorio -la provincia en nuestro caso- los que eligen a sus representantes y por tanto a los que se deben éstos.

Es obvio que este nuevo sistema -en realidad el del Podemos de las europeas- despliega una cadena de solidaridades y prioridades al tiempo que unos complejos check&balance que complican la toma de decisiones rápidas y drásticas, pero es que ya no estamos en el tiempo condensado de la gymkana electoral, en este momento lo que toca es tejer solidaridades y construir comunidad sobre bases sólidas.

Esta fórmula, incorporada en transacción con el equipo “Desde Andalucía” para la parte territorial del Consejo Ciudadano, es una eficaz medida de retorno del poder real al territorio, en el ejercicio cotidiano de éste, huyendo de la falacia de la democracia plebiscitaria.

Por otro lado, es preciso que la gestión cotidiana de la normatividad en nuestro partido deje de depender de los órganos ejecutivos de dirección política. La nuestra es una organización que apuesta por el Estado de Derecho como fundamento de la igualdad entre ciudadanos. Su correlato interno no puede sino ser un sistema de normas comunes que se aplican de forma indistinta sea cual sea el infractor o el procedimiento a poner en marcha. Hasta que no logremos que los protocolos que ponen en marcha los derechos de los inscritos se apliquen por igual a un recién llegado que al mismísimo Secretario General, no tendremos credibilidad para asegurar a los ciudadanos de nuestro país que somos la antítesis de la arbitrariedad en la aplicación de la ley paradigmática de PP y PSOE (desde los indultos a Botín hasta las jubilaciones doradas de José Blanco o Federico Trillo después de la tragedia del Alvia y el Yak42).

La apuesta por una Comisión de Garantías en las que no pueda haber cargos públicos o internos “agradecidos” es la clave de su independencia. La constitución de órganos confederales para estas labores y las de organización, un contrapeso imprescindible en el mismo sentido.

Se trata por tanto de entender que necesitamos una organización del s.XXI, democrática, en la que prime el estado de derecho interno frente a la arbitrariedad, el respeto a la discrepancia frente al rodillo de la ideologización; de entender que vivimos un tiempo nuevo propiciado por la mayoría de edad política de la generación que no vivió la transición como hito constituyente de sus traumas y crisis de expectativas, esos que aún hoy definen la cultura política y simbólica de la vieja izquierda.

Se trata de entender que por el contrario es una generación que tiene su hito fundacional, su rito de paso, en el 15 de mayo de 2011, y su trauma en la crisis de expectativas provocada por la ruptura del contrato social de un sistema que les prometía un futuro en su país como contrapartida a la inversión familiar en educación.

Retomemos el camino marcado por las plazas, una mayoría social nueva, un instrumento político para todo un pueblo no puede sino ser reflejo de ese pueblo, y el nuestro es profundamente democrático, plural y abierto, un pueblo que sonríe por saber que sí se puede.

(*) Sergio Pascual es diputado y exsecretario de Organización de Podemos.