La Alicante fascista

Un funcionario municipal de Alicante procede a cambiar la placa de Plaza de la Igualdad, por la de Plaza de la División Azul
Un funcionario municipal de Alicante procede a cambiar la placa de Plaza de la Igualdad, por la de Plaza de la División Azul. / Morell (Efe)

Hay dos Alicantes. La democrática y la fascista. Y parece ser que el Partido Popular apuesta por la segunda: la Plaza de la Igualdad recupera su antiguo nombre, Plaza de la División Azul. La calle Nelson Mandela pasa a ser de nuevo la calle general Primo de Rivera. Y así hasta el vómito. Este cambio de nombres, este retorno a las cavernas, se produce tras asumir un juzgado de lo contencioso-administrativo las medidas cautelares solicitadas por el PP, en un recurso contra la decisión de la Junta de Gobierno de modificar hasta 46 calles y plazas. La excusa del PP para recurrir es burda: entendían que el cambio debía aprobarse en el pleno, ya que se creó una comisión de pleno al efecto, y no por la Junta de Gobierno.

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Desenterrar del almacén la placa de la calle Comandante Franco, desempolvarla y volverla a colgar en una esquina, debería producir urticaria. Se lo dice alguien que sufre picores por todo el cuerpo cuando atraviesa cada mañana la Plaza del Generalísimo Franco de Cervera de los Montes (Toledo). No es así. Algunos sienten un placer sucio mirando por el retrovisor, y utilizan esos símbolos de la dictadura, del pasado más triste, para dejar las cosas en su sitio. Es decir, para recordar a sus rivales cómo terminó la guerra. No olviden, piensan mientras miran cómo atornillan la placa, que ustedes perdieron y nosotros ganamos. Que somos los hijos de los vencedores.

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En estas circunstancias siempre se dice que nadie puede imaginar encontrarse en Berlín con la calle de Heinrich Himmler. O en Roma con la plaza de Benito Mussolini. Es cierto. Tanto como que ningún alemán o italiano de bien, demócrata, podía creer que el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, sigue en su puesto después de decir que “los familiares de las víctimas del franquismo se acuerdan de desenterrar a su padre solo cuando hay subvenciones”. O que la sangre nueva de ese partido, un joven progresista como Pablo Casado, el flamante vicesecretario de comunicación, fuese capaz de decir que “los de izquierdas… son unos carcas. Están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no se quién, con la memoria histórica”.

No existe el centro derecha en este país. Un partido que permite que las calles se conviertan en un homenaje a dictadores, y a sangrientos militares como el General Valera o el teniente coronel Chaupli, o que prefieren que una placa homenajee a Primo de Rivera en lugar de a Nelson Mandela, es un partido… que lo tiene muy claro. ¿Ultraconservador? Sí, seamos prudentes.