CUARTOPODER | Publicado: - Actualizado: 15/5/2017 00:23

María Jesús Miranda

Los miles de personas que el lunes “del presidente” se manifestaban contra Trump en las grandes ciudades estadounidenses cantaban Imagine (*). Este fue el himno de mi generación. Lo cantamos cientos de veces, con mecheros encendidos, en muchos conciertos, en miles de versiones. Pero ahora, visto fríamente, a toro pasado, me he dado cuenta de que en realidad es el himno de la banca globalizada y sus consecuencias.

Me guste o no, pertenezco a la generación de las drogas, el sexo y el rock and roll. Aquellas fueron nuestras tres principales fuentes de satisfacción inmediata, la ruina de muchas familias, la frustración de miles de carreras. El chaval que robaba a su madre hasta el detergente de la lavadora y acabó en la cárcel, la niña que se quedó preñada a los 14 y sigue fregando suelos, las canciones que invitaban al odio más suicida. Aquí, el repertorio de Sabina. Fuera, el rock de los 70. Y en todas partes el corre-corre, deprisa-deprisa, aquí te pillo aquí te mato.

Es cierto que la mayor parte aprendimos un oficio, formamos parejas, tuvimos hijos, compramos pisos, firmamos hipotecas, nos hicieron el honor de concedernos créditos para el coche y tarjetas de débito para la gasolina… El apartamento en la playa, las carreras de los chicos… “no eran gula” , sino necesidades.

Necesidades creadas por la banca y sus voceros: “la mejor inversión es un máster”, “una hipoteca es más barata que un alquiler”, “asegure su vejez con nuestro plan de pensiones”. Y la deuda pública, al compás: no se puede tener créditos sin salvar bancos, no se puede ir de vacaciones sin autopistas, no se pueden construir apartamentos sin infraestructuras…

La inmensa mayoría de la deuda la han generado los estados, y la propia banca, a partir del abandono del patrón oro en 1970. Pero eso no nos exime, en mi modesta opinión, de reconocer que vivimos aún en una cultura del hiperconsumo. Canta Lennon: “Imagina a todo el mundo viviendo al día…” Le falta añadir: gracias a nuestros préstamos sin comisión, nuestras bonitas tarjetas Platinum.

Y termina Lennon: “Imagina, si es que puedes, que no hay propiedad”. Porque es lo más difícil, pero, a la vez, la madre del cordero. Mientras los Estados sobran: “Imagina que no hay países, no es difícil hacerlo”, resulta mucho más difícil dejar de imaginar las posesiones.

Es aquí donde el poeta no resulta profeta. Porque el tema es individualista: Imagine se dirige a un sujeto individual, un “tú” que potencialmente se puede convertir en “nosotros”. ¿Qué “nosotros”?. En la sociedad líquida, como la llamó Bauman, cualquier pertenencia sirve: patria, religión, paraísos e incluso infiernos. Así vemos como la canción de Lennon, a la que aún se aferran com tabla de salvación tantos yanquis intoxicados por la cultura de masas, es una contradicción en si misma: no habrá paz mientras reine el individualismo

(*) Imagine

Imagina que no hay Paraíso,
es fácil si lo intentas.
Ni infierno en las profundidades,
sobre nosotros, solo el cielo.

Imagina a todo el mundo.
viviendo al día…
Imagina que no hay países,
no es difícil hacerlo.

Nada por lo que matar o morir,
no hay ninguna religión.
Imagina a todo el mundo,
viviendo la vida en paz…

Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros,
y el mundo será uno solo.

Imagina que no hay propiedad,
me pregunto si puedes.
Sin necesidad de gula o hambruna,
una hermandad de hombres.
Imagínate a todo el mundo,
compartiendo el mundo…

Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros,
y el mundo será uno solo.

(Traducción propia de la canción de John Lennon)

María Jesús Miranda es socióloga.

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